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viernes, 22 de mayo de 2015

El 15M celebra su cuarto aniversario reivindicando los derechos que permitieron su existencia: “No nos amordazarán, la lucha sigue en las calles”

Los días 15 y 16 de mayo se realizaron actos conmemorativos de la movilización social conocida como 15M que comenzó en 2011 en la Puerta del Sol de Madrid y que se extendió por otras plazas de España. El día de San Isidro desde las once de la mañana hubo en Sol un buzón de iniciativas, asambleas y talleres y, para finalizar la jornada (8 de la tarde), teatro denuncia a cargo del colectivo No Somos Delito. Sin embargo, el día grande del aniversario fue el sábado 16, pues se convocó el acto de protesta por excelencia, la manifestación, la cual a partir de las seis de la tarde transcurrió pacíficamente de Cibeles a Sol. Fue al mismo tiempo un acto de celebración que una marcha reivindicativa. Se entonó el “Cumpleaños Feliz” y en las pancartas y proclamas se mencionaron viejos y nuevos temas. Como en otras ocasiones se llamó “estafa” a la “crisis económica”, se reclamaron los servicios públicos (sanidad, educación, justicia, agua, etc.) y se voceó contra los desahucios, la pobreza, la corrupción. Pero un tema destacó sobre los demás: la reivindicación de los derechos  que permitieron al movimiento su propia existencia, es decir, el derecho de reunión y la libertad de expresión. Junto al derecho a la información son esenciales para la democracia. En virtud de estos derechos los ciudadanos han podido reunirse  libremente en las calles para debatir en asambleas y protestar en manifestaciones, así como saber unos de otros y divulgar los hechos internacionalmente. Estos derechos se convierten en instrumentos de lucha y son fundamentales para una democracia más participativa. Sin embargo, son derechos que están en peligro debido a las leyes neofranquistas del Gobierno del Partido Popular: Ley Mordaza —llamada eufemísticamente Ley de Seguridad Ciudadana—, la reforma del Código Penal y el Pacto Antiterrorista. Estas normas criminalizan la protesta social que es la base del movimiento 15M, de ahí que la pancarta de cabecera intentase reafirmar su propia esencia: “No nos amordazarán. La lucha sigue en las calles”. La protesta contra las leyes mordaza y la represión policial se vio reforzada con la participación de No Somos Delito, cuya pancarta “No a la Ley Mordaza” iba portada por personas amordazadas, y de Greenpeace, que avanzaba con una réplica enorme de la escultura de un león de la entrada del Congreso de los Diputados que llevaba una mordaza amarilla. En el mismo tema ahondaba la presencia de actores o payasos disfrazados de agentes de policía. “La voz del pueblo no es ilegal” y  “Sí se puede” fueron las proclamas más coreadas.
Una vez que la manifestación llegó a la Puerta del Sol se sucedieron los otros eventos programados: actuación de la Solfónica, “cacerolada estatal”, representación realizada por el grupo de teatro del 15M de Arganda, “microabierto” para quien quisiera intervenir y “micromanifiestos”.
Enorme despliegue policial para una manifestación pacífica y festiva
La manifestación no había sido comunicada oficialmente a las autoridades, aunque la difusión de la convocatoria había sido constante durante la semana anterior en las redes sociales. No obstante, los agentes de policía procedieron con las identificaciones nada más se desplegaron las primeras pancartas. La manifestación ni se prohibió ni se reprimió —periodo electoral: sólo faltaba una semana para los comicios—, pero fue extremadamente vigilada por la policía. Para que transcurriera la protesta se cortó el tráfico en los carriles de la calle de Alcalá en dirección a Sol y los agentes se apostaron en el separador de las dos corrientes de la circulación. Esta ubicación de los agentes suele ser habitual y comprensible, esto es, se trata de marcar claramente la zona en la que sigue el tráfico de vehículos y la zona por la que avanza la manifestación. Es más desacostumbrado, en una protesta pacífica y no exageradamente masiva, que haya muchos agentes en las aceras; sin embargo allí estaban apostados, uno a dos o tres metros del otro, junto a los edificios, viendo pasar la marcha por los carriles de subida, los transeúntes, los turistas, los mirones. De esta manera la marcha quedaba cercada a la izquierda por los agentes subidos a esa pequeña mediana que divide las distintas corrientes del tráfico; a la derecha, por los apostados en las aceras; también había agentes y furgones cortando el paso por Gran Vía y en la cola de la protesta, cerrando la misma. Además de esto, cerca del cruce con la calle del Barquillo algunos agentes se pusieron frente a la cabecera de la marcha e hicieron fotografías con sus móviles. Esta excesiva vigilancia policial contrastaba con una protesta que en sus primeros metros era poco numerosa, aunque la cantidad de participantes fue creciendo camino a Sol. Al principio sólo ocupaba el tramo que va desde la confluencia con Cibeles hasta pocos metros más allá del cruce con la calle del Barquillo, si bien es cierto lo que decía una señora: “Parece que vamos muy ‘apretujaos’”.
La réplica de cartón piedra del león del Congreso con su mordaza amarilla se iba desplazando gracias a una plataforma con ruedas arrastrada por voluntarios de Greenpeace. Su entrada hacia el centro de la marcha fue aplaudida por los congregados al tiempo que gritaban “La voz del pueblo no es ilegal”, “De Norte a Sur, de Este a Oeste, la lucha sigue, cueste lo que cueste”. El conjunto apretado de la protesta se iba abriendo y la gente avanzaba caminando o bailando al ritmo de los tambores. Había gente de todas las edades: jóvenes, mayores, personas en sillas de ruedas y bebés en carritos. La batucada se situó en la parte delantera de la marcha animando a la concurrencia con su percusión, baile y consignas encajadas en la propia música: detenía o aminoraban el sonido para vocear “Justicia”, “Dignidad”, “No somos mercancía”.
Parodias policiales
Al carácter lúdico de la protesta también contribuyeron los actores con la cara pintada de blanco y narices rojas de payasos que parodiaban la represión policial. Eran los del grupo de teatro del 15M de Arganda que iban disfrazados de antidisturbios con ropas negras, cascos de montar en bici también negros, porras y escudos de cartón y plástico. En la marcha danzaban “pegándose” porrazos entre ellos. Cerca de la cabecera otro actor o mimo iba sobre altos zancos, vestido de azul marino con una gorra que se asemejaba a la de los agentes. Sobre su espalda se leía “Policía Necional”. Tenía la cara pintada de blanco y su nariz de payaso era negra. También llevaba una porra y una libreta. En su representación burlesca juagaba a golpear en broma con la porra a los más cercanos y, de vez en cuando, el "policía necional" se daba algún cachiporrazo a sí mismo.
Los asistentes no portaban de forma destacable ni pancartas ni banderolas de los partidos políticos. Sí llamó la atención de curiosos y fotógrafos un manifestante con una camiseta en la que ponía “Podemos. México”. Las pancartas más numerosas eran las de las distintas asambleas populares del 15M de las localidades de la comunidad autónoma y de los barrios de la capital, por ejemplo: Sierra Norte, Coslada, Malasaña, Carabanchel, San Blas, Usera, Puente de Vallekas, Hortaleza, Prospe. También acudieron los Yay@flautas de Madrid con su pancarta “Luchamos y lucharemos”, y otro colectivo de mayores que coreaba “Sin memoria no hay democracia”. En la parte trasera de la marcha estaba el colectivo Transmaricabollo de Sol que, entre otras cosas, cantaba: “Vamos a quemar la Conferencia Episcopal por machista y patriarcal”. Los textos que se podían leer a lo largo de la caminata eran de todo tipo, desde pequeños carteles contra el TTIP hasta una enorme pancarta que rezaba: “Unidad de todas las luchas. Por nuestros derechos y libertades. Fuera Gobierno. Proceso constituyente”.
Solfónica y “cacerolada estatal”
A las siete y cuarto la mayor parte de los manifestantes ha llegado a Sol. Se oye vocear “Ley mordaza, reforma laboral, terrorismo estatal”. El sol calienta y cae sin piedad sobre los reunidos que como pueden lo soportan. Se veían viseras, sombreros de verdad o hechos con papel de periódico, algún paraguas haciendo la función de sombrilla, pero la mayoría no llevaba nada sobre su cabeza para protegerse de los rayos del sol. El escenario se estableció donde siempre, o sea, en el lado de la “ballena” —entrada acristalada al tren de Cercanías— que mira para la calle de la Montera. La gente se agolpaba en semicírculo de cara a este escenario, donde ya actuaba el coro de la Solfónica. Sobre los cristales de la “ballena” habían colocado a modo de telón de fondo un sol de cartón y varias pancartas, entre ellas la de cabecera y estas otras: “Invisibles Villaverde. Desempleo, precariedad, pobreza, desahucios”; “El que sueña no es traidor. 15M Desobediencia”. En un lateral también lucía estirada una bandera de Palestina. Unos cuantos jóvenes estaban subidos  en el lateral de la “ballena”, entre pancartas y carteles. Unos hacían fotos o grababan, otros escribían en el teléfono móvil —parecía que tuiteaban—, otros observaban la dimensión de la protesta.
El escenario no está elevado, es el mismísimo suelo. La Solfónica canta “Queremos una democracia real…”, pero no se oye muy bien debido a que el bullicio aumenta en la plaza conforme llegan más y más manifestantes. Pasan los minutos y los reunidos van tomando posiciones: crece el número de personas que se sientan en el suelo y también el de las que están de pie detrás de los sentados. Por la derecha va acercándose a la “ballena” el león amordazado del Congreso mientras el gentío jalea su entrada. La Solfónica entona Rianxeira  con la letra modificada: “Chorizos vienen y van…”. La concurrencia aplaude y la disposición a escuchar es cada vez mayor lo que hace que disminuya un poco la bulla. La gente vocea las conocidas consignas: “Sí se puede”, “Que no nos representan” y, otra vez más, “La voz del pueblo no es ilegal”. Desde la Solfónica se anuncia la siguiente canción: “Manos de mayo”. El público presta atención, al coro se le oye bastante mejor. Más silencio para escuchar, más emoción. Los concurrentes levantan los brazos con las palmas de las manos abiertas y los dedos separados haciendo un movimiento de semigiro. La Solfónica corea el final de la canción: “Manos, desnudas manos / Manos, desnudas manos”. Seguidamente los congregados a voz en grito proclaman: “El pueblo unido jamás será vencido”.
Por el micrófono se presenta el próximo acto, la cacerolada convocada para las siete y media a nivel estatal, es decir, en diferentes ciudades. Comienza el ruido. Al principio se oye el estruendo de silbatos, tambores, carracas y algunos utensilios pequeños de cocina (cazos de servir y vasos metálicos contra cucharas). Conforme avanzan los segundos los que no han llevado nada se animan a aumentar el ruido con lo que pueden: unos cuantos sacan sus llaves y las agitan; el contagio es inmediato, mirando en panorámica se ven llaves en alto por todo el semicírculo. Los disfrazados de policías dan porrazos sobre sus simbólicos escudos. Algunos hacen ruidos con la boca, por ejemplo, gritan y se dan con la mano como si jugasen a los indios. Otra gran cantidad de gente ha decidido aplaudir todo el tiempo. En el último minuto dan palmas acompasadamente, el acto se aproxima a su fin, el ruido da paso a un grito muy vehemente que pronuncian repetidamente: “Sí se puede”.
“Un sol distinto salió del Kilómetro Cero de Madrid”
A la izquierda de la “ballena” sujetan una pancarta desplegada en lo alto donde se puede leer: “Marea Básica. Contra el paro y la precariedad, renta básica”. Por la misma zona continúan aún extendidas en lo alto las pancartas de las asambleas populares de San Blas y Puente de Vallekas. De allí sale el sonido de la batucada que animó a bailar a los congregados mientras aguardaban el siguiente evento, la actuación del grupo de teatro del 15M de Arganda, que empezó un poco antes de las ocho de la tarde.
A ver la función se quedó mucha gente, incluso se sumaron curiosos y paseantes. Para que pudiera ser mejor disfrutada por todos se pidió al personal  que se sentase, así que el número de espectadores por el suelo llegó a ser igual o mayor al de los que estaban de pie. La “ballena”, el escenario y las primeras filas del público estaban al sol. Hacía calor en esta parte y una mujer con una botella con espray rociaba agua sobre algunos de los sentados al sol que había cerca de ella. La otra mitad del público, la más alejada del escenario, quedaba situada a la sombra que a partir de aquella hora se iba alargando bastante y proporcionaba un ambiente más agradable.
En la función un hombre y una mujer leen alternativamente un texto, son los narradores. Como los demás actores van vestidos de negro y llevan las caras pintadas de blanco. Comienzan su relato hablando de desigualdad entre ricos y pobres, banqueros y pensionistas. Mencionan las medidas políticas de recortes y las privatizaciones y se preguntan: “¿Qué hace el pueblo? Y se contestan: “Sufrir en silencio”. Recurren al chascarrillo: “Como las almorranas”. Los narradores dicen que el poder implanta un ambiente de miedo, pero que sus estrategias ya no valen y que no nos pueden engañar a todos todo el tiempo. Añaden que creían tenerlo todo atado en un marco que llaman “democracia”, pero no lo es. Entonces el público responde: “Lo llaman democracia y no lo es, es una dictadura, eso es”. El espectáculo se desarrolló de forma interactiva. Los actores denunciaban o reivindicaban un tema y los espectadores respondían con las consignas acuñadas sobre ese determinado asunto durante estos cuatro años en las diferentes protestas. La participación del público y el humor hicieron que la representación se desarrollase de forma amena, divertida, entre risas.
La narradora y el narrador enseguida aluden al propio movimiento 15M: “Un sol distinto salió del Kilómetro Cero de Madrid”. Agregan: “Alumbró la lucha social y la ira del pueblo”. Finalmente: “Nació aquí, en esta plaza, y ahora ilumina todo el planeta”. El público aplaude, hace la ola, ríe. Después los narradores proceden a hacer un repaso en el que se denuncian los diferentes problemas que han suscitado la protesta social. Hablan de la justicia “desconocida en este país” y aluden al caso del juez condenado por investigar. Luego sale un actor con chistera y un cartel en el que pone "político". La concurrencia grita: “No hay pan pa’ tanto chorizo”. Los policías antidisturbios caminan muy despacio hacia el político corrupto que se lleva el dinero para, de esta manera, simbolizar la lentitud de la justicia cuando persigue los delitos de los poderosos. Una lentitud que contrasta con la celeridad que los mismos antidisturbios se dan para reprimir a los manifestantes. Cuando los actores agentes van deprisa a pegar a los que protestan, el público vocea: “Vergüenza me daría ser policía”. El narrador explica que quien roba una barra de pan va a la cárcel y el que roba millones a Telecinco. Resuenan las carcajadas y después: “Televisión, manipulación”. La narradora dice “Nos piden sacrificio y paciencia” y añade: “Que se sacrifiquen ellos”. El público contesta: “Basta ya de tantas mentiras”.
Un hombre besa y abraza a su familia antes de ir a trabajar. Cuando está realizando su faena el jefe lo llama para despedirlo, los espectadores vocean: “Obrero despedido, patrón ‘colgao’”. Los antidisturbios acuden al desahucio de la vivienda de la familia de este desempleado; la gente grita mostrando las palmas de sus manos: “Estas son nuestras armas”. El desempleado y desahuciado tiene ahora una soga al cuello para ahorcarse, los espectadores vocean: “No son suicidios, son asesinatos”; “Un desahucio, una ocupación”. Los narradores reclaman que se resuelva el problema de la vivienda  con la misma rapidez que se tramitaron determinados indultos o se reformó un artículo de la Constitución. La narradora afirma que en la Comunidad de Madrid se producen cincuenta desalojos al día; el público responde a grito pelado: “No toleramos ni un desahucio más”.
Una actriz se pasea por el escenario anunciando los diferentes temas. Muestra un cartel que pone “Elecciones” y la narradora añade que en campaña los políticos están por todas partes. La muchedumbre: “Ladrones, ladrones”. Después se procede al recuento de votos y el público denuncia: “Tongo, tongo”. Desde el escenario se aconseja: “A quien te roba, no le votes”. Los espectadores: “Gobierne quien gobierne, el pueblo siempre pierde”.
“Sólo nos vamos a poder poner enfermos el mes antes de las elecciones”
Llegó el turno de la sanidad. Los narradores preguntan: “¿Cómo queremos la sanidad? Los reunidos responden: “Pública, universal y de calidad”. Se denunciaron los medicamentos caros para los enfermos de cáncer, hepatitis C o SIDA. Sobre el escenario algunos actores vestían la camiseta roja de los afectados por hepatitis C. El gentío volvía a gritar con vigor: “No son muertes, son asesinatos”. Pasado un rato y con más calma la narradora ironizaba: “Sólo nos vamos a poder poner enfermos el mes antes de las elecciones”. Los presentes al finalizar este tema coreaban “Es criminal recortar en sanidad”.
La narradora aseguró que a los poderosos no les interesa que haya una educación de calidad porque un pueblo inculto es más fácil de manipular. Un espontáneo se desgañitaba: “La Uni no se vende, se defiende”. Los demás le siguen. Se denunció que hay dinero para la educación privada y no para la pública. Mientras un actor pasaba un botijo a los asistentes, los narradores defendían el carácter público del Canal de Isabel II, una empresa que, según decían, tiene beneficios y un gran patrimonio. Recopilaron reivindicaciones diciendo que lo que es del pueblo debe permanecer en el pueblo: sanidad, educación, agua, transportes. Público y actores gritaron “No es una crisis, es una estafa” y “Vuestra crisis no la pagamos”.
El grupo de teatro procede de Arganda, así que antes de terminar la actuación se refirió a un problema de su localidad. Los actores, que se habían puesto a la altura de la nariz un triángulo naranja para simular el pico de los pájaros, extendieron unas tiras de plástico negras que simbolizaban una laguna. Mientras los actores movían sus brazos en torno a la laguna como si fuesen alas de aves, los narradores denunciaron el problema medioambiental de los vertidos ilegales, que es también un perjuicio para la salud. Gritaban: “No queremos chapapote”. La actuación está finalizando. Los actores y las actrices lanzan al público pétalos de flores. El público y los cómicos otra vez más vocean los lemas que les refuerzan y animan: “Sí se puede”; “La lucha es el único camino”, etc. La gente espontáneamente vuelve a cantar “Cumpleaños feliz”. Los cómicos saludan, el público les aplaude y da las gracias.
A partir de las ocho y media, el último evento: “Microabierto y micromanifiestos”. Una o dos personas se encargan de tomar el turno de palabra de los que desean intervenir. El primero en hablar es un activista de la Marea Básica. Informa sobre un caso que sobrecoge. Silencio para escuchar el triste anuncio. El próximo martes, a las diez de la mañana, un parado de larga duración absolutamente desesperado iniciará una huelga de hambre. Según indica el orador, el objetivo es pedir un debate sobre la renta básica en medios públicos. Las siguientes en el turno de palabra son dos mujeres del grupo Transmaricabollo de Sol que leen un manifiesto. El sol ha desaparecido de la plaza, pero todavía no ha anochecido. El número de reunidos va disminuyendo. El uno de julio la Ley Mordaza entra en vigor, si nada cambia lo previsto.
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sábado, 26 de octubre de 2013

“Este invierno 1 de cada 10 familias no va a poder encender la calefacción porque no puede pagarla”

El jueves 23 de octubre a las ocho y media de la tarde en la Puerta del Sol se realizó una concentración contra la pobreza energética convocada por los siguientes colectivos:Plataforma por un Nuevo Modelo Energético, Asociación de Ciencias Ambientales, CECU, Fundación Renovables, Asamblea de la Plaza de los Pueblos (15M), Acción en Red, Sodepaz, SETEM MCM y Asociación de Vecinos de Orcasitas. En esta acción, que tuvo lugar igualmente en otros catorce pueblos y ciudades de España, los asistentes se abrigaron con mantas y encendieron velas para simbolizar la precariedad por la que atraviesan “un 10% de familias” que carecen de recursos para cubrir sus necesidades básicas de energía. Sobre las mantas, por la parte de la espalda, algunos de los congregados en Sol habían prendido un cartel en el que se leía: “Este invierno 1 de cada 10 familias no va a poder encender la calefacción porque no puede pagarla”. Según testimonios procedentes de Cáritas y otras organizaciones no gubernamentales, relatados por los convocantes en la propia concentración, algunas familias ya no piden estufas para pasar el invierno porque no pueden pagar la energía, sino mantas y velas. También se dijo que las personas con escasos recursos están demandando conservas y comida precocinada a los bancos de alimentos porque no pueden permitirse cocinar en casa legumbres crudas. Se denunció que los niños no pueden asearse con agua caliente y que para las personas mayores vivir sin calefacción supone un deterioro de vida.
El número de asistentes fue pequeño a pesar de la gravedad de lo que se denunciaba y de que cada nueva subida de la luz nos afecta a todos. Se situaron a un lado del “caballo”¾estatua ecuestre de Carlos III¾ y formaron un círculo de dos vueltas en cuyo centro se sucedían los oradores. La pancarta más grande la sujetaban en sus manos, sin palos en lo alto, dos personas y en ella se leía un texto extenso: “Boicot: Iberdrola, Endesa, Unión Fenosa, Gas natural, Enel Viesgo, HC Energía. Nos mienten, nos roban, nos insultan. ¡Basta ya! Pueblos riquísimos en recursos naturales viven en la extrema pobreza. Pueblos indígenas, desplazados estamos pagando sus negocios. Infórmate, cámbiate, boicot”. Así pues, la protesta no se refirió únicamente a la carestía que se padece en España, sinotambién a los grandes estragos que producen los oligopolios a nivel internacional.
Durante la concentración se procedió a leer el manifiesto, a repartir octavillas y a colocar las velas en el suelo en el interior del círculo. Había dos furgones y un coche de la Policía Nacional. Los agentes no llevaban casco puesto pero vigilaban muy de cerca la acción. A la media hora de haber esta empezado, los policías llamaron a uno de los portavoces, quien, tras conversar con ellos, se dirigió a los concurrentes para decir que quedaba desconvocada la protesta. En el corrillo se murmuraba: “Es que no se ha pedido permiso”. No obstante, la gente no se iba porque una señora mayor dijo que iba a hablar Jorge, un joven ingeniero bilbaíno que está en huelga de hambre en Sol para pedir que dimita el Gobierno y cambien las cosas. Jorge fue llevado por la anciana al interior del círculo, pero apenas se le oía. Acabado su discurso, los congregados gritaban “Gobierno dimisión” y “Sí se puede”.Seguidamente, dos policías pasaron al interior del círculo. Algunos empezaron a vocear “¡Basta ya, de estado policial!”, pero otros comenzaron a dispersarse por la plaza. Cuando los agentes salieron del círculo aun quedaban unas pocas personas silenciosas y tranquilas alrededor de las velas. En fin, mucho celo para cuatro gatos.
Principales reivindicaciones
En una de las octavillas que se repartieron se denuncia la reforma energética del Gobierno porque no resuelve los dos principales problemas del modelo energético español: “la dependencia de la importación de combustibles fósiles y uranio” y “el control de la política energética por parte de un oligopolio empresarial”. También se enumeran cuatro principales reivindicaciones:
1. Que la política energética responda a los intereses de la sociedad, estableciendo mecanismos de participación ciudadana para la toma de decisiones, empleo local y soberanía energética.
2. Que se promueva un modelo energético solidario, que incluya un bono social de energía para las familias con menos ingresos y que se elimine de la actual reforma la posibilidad de cortarle el suministro de energía a hospitales y colegios por impago.
3. Un modelo energético limpio, que aproveche las fuentes de energía renovables, también a nivel doméstico, y fomente el ahorro y la eficiencia energética (la rehabilitación de edificios es imprescindible).
4. Que se fomente el autoconsumo y se derogue el ‘impuesto al sol’”.

martes, 12 de marzo de 2013

Madrid resiste con una jornada de protesta extraordinaria: más de 500 clases de la universidad pública en calles y plazas

De seis a siete y media de la tarde el profesor Ramón Cotarelo, rodeado por cientos de personas, estuvo explicando las raíces históricas y filosóficas de la desobediencia civil en la Puerta del Sol, a un lado de la cúpula que da entrada al tren de Cercanías. Unos jóvenes repartían octavillas en las que debajo de un pequeño dibujo se leía: “No olvides tu paraguas. No dejes que la lluvia ahogue tu compromiso con una universidad pública y de calidad”. Pero, a pesar de la incesante lluvia de los últimos días, no hizo falta abrir el paraguas. El profesor Cotarelo pudo impartir su clase sin incidentes ni contratiempos bajo unas amenazantes nubes grises que no se atrevieron a empañar la movilización del 9 de marzo de 2013. Los fenómenos atmosféricos, como si intuyesen que algo magnífico iba a ocurrir, se contuvieron o, quizá, mostraron respeto ante una acción de protesta realizada con mucha generosidad por los docentes que acercaron su saber a todos los vecinos y transeúntes que quisieran escuchar. Al igual que Cotarelo, alrededor de 600 profesores de las seis universidades públicas de Madrid (Complutense, Autónoma, Politécnica, Carlos III, Alcalá de Henares y Rey Juan Carlos), la UNED y el CSIC impartieron por la mañana y por la tarde unas 560 clases en las calles, plazas y otros lugares de acceso al público de la capital, Leganés, Getafe, Alcalá de Henares, Collado Villalba y Móstoles. La jornada de lucha se cerró en la Puerta del Sol con las actuaciones del coro de Voces para la Justicia Social y la orquesta Solfónica, y la lectura del Manifiesto la Uni en la calle que, entre otras cosas, denuncia la situación precaria de la universidad pública y la investigación por la política de recortes, la subida “brutal” de tasas, la reducción de las becas y los despidos de personal; además se exige la derogación del decreto 14/2012, “que conculca el principio constitucional de autonomía universitaria”, y se rechaza la LOMCE (Ley Wert). Los participantes en esta excelente iniciativa ¾cuyos primeros pasos se dieron en el otoño pasado¾ se suman a la Marea Verde, a la Marea Blanca y a todos los movimientos que se resisten a aceptar la destrucción de lo público, tal y como recalcan en las últimas líneas del Manifiesto: “Esta iniciativa es solidaria con el resto de luchas y reivindicaciones que se están llevando a cabo en defensa de la educación, la sanidad y otros servicios públicos, así como con todas las personas que están sufriendo el actual proceso de desposesión colectiva”.
La clase: ávidos de saber
Ramón Cotarelo García, catedrático de Ciencia Política y de la Administración en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED, y sus oyentes se habían situado donde los del 15M suelen celebrar sus asambleas, esto es, en el lado junto a la cúpula acristalada del tren de Cercanías que mira hacia la calle de la Montera. El profesor se encontraba próximo a la cúpula, dándole la espalda y dirigiéndose a su auditorio que estaba frente a él, rodeándolo en semicírculo. A la derecha del profesor estaba el equipo de sonido y a la izquierda, la intérprete del lenguaje de signos. Las primeras filas del auditorio estaban constituidas por oyentes sentados en el suelo, en su mayoría, jóvenes. Bordeando a estos, el semicírculo se ensanchaba con más filas de personas de variadas edades que estaban de pie. Unos permanecieron allí todo el tiempo que duró la conferencia, otros eran curiosos que iban y venían; alguien comía un bocadillo mientras alguien tomaba apuntes; otros se subían a la cúpula para hacer fotografías; unos niños con globos se colocaron durante bastante tiempo tras el profesor sin que él se percatara. Cerca había unas chicas que reían y cantaban porque estaban celebrando una despedida de soltera. Hacia el centro de la plaza había otro círculo de congregados disfrutando de una exhibición de acrobacias ciclistas. Los de la conferencia del profesor Cotarelo, en medio de aquel bullicio de sábado por la tarde, se esforzaban por escuchar y se quejaban cuando el maldito micrófono fallaba en su función de hacerles llegar las doctas palabras. “Profesor póngase ahí”, le indicaban para que se oyese mejor. El tema de su clase era: “Legalidad, legitimidad y desobediencia: una actualización”. Cotarelo estuvo hablando de Locke y el gobierno por consentimiento, de Kant y la legitimidad como libre aceptación de los gobernados frente a los gobernantes. Nombró el positivismo jurídico de Carl Schmitt, y explicó que para este autor “no hay más legitimidad que la legalidad”; el profesor remató diciendo que “el hijo del positivismo es el nazismo”. Después de aludir a la Constitución alemana que reconoce el Derecho a la Resistencia, Cotarelo manifestó que la desobediencia civil es “un derecho de los ciudadanos frente a los gobiernos tiránicos”. Dijo que se trata de “desobedecer públicamente la ley por considerarla una injusticia”. También destacó su carácter moral y simbólico; según el profesor, el desobediente civil no es un delincuente y “no escurre el bulto”, es decir, “espera su sanción correspondiente”, por ejemplo, la cárcel. Recordó a desobedientes civiles ejemplares como Henry David Thoreau, Mahatma Gandhi, Rosa Parks y Martin Luther King. El profesor para explicar cómo se distingue un gobierno tiránico recurrió a Maquiavelo, e indicó que por el origen o forma de alcanzar el poder, pero también por el ejercicio del mismo si se infringe la ley o se cambia arbitrariamente. Cotarelo consideró que el actual Gobierno es ilegítimo de origen, por engaño con el programa electoral, y de ejercicio. El catedrático también mencionó la insurrección actual de las muchedumbres que llevan casi dos años manifestándose y formando mareas. Definió estas movilizaciones como “multitud de individuos conscientes, movilizados por un sentido moral de responsabilidad a través de redes”.
A eso de las siete y media el conferenciante concluyó su discurso y dio paso al debate. Una joven le preguntó “¿Por qué la gente tiene miedo?”, y el profesor contestó tajantemente: “¡Porque el poder responde a hostias!” Un chico le preguntó por qué la Constitución alemana reconoce el Derecho a la Resistencia y la española, no. Cotarelo le respondió que la Constitución alemana lo reconoce frente a quienes alteren el orden constitucional; añadió que fue un imperativo de las potencias vencedoras después de la II Guerra Mundial. A lo largo del debate el profesor dijo que la universidad debe ser crítica, aunque también habló de la libertad y del respeto a otras posturas acomodaticias u obedientes. Cotarelo reconoció que los sanitarios y la enseñanza no universitaria son ejemplares en las actuales movilizaciones y, en cierto modo, dio a entender que, precisamente, la universidad no lo había sido.
Colofón
A las ocho el profesor seguía conversando con sus oyentes, mientras el auditorio iba creciendo considerablemente. Más gente llegaba desde otras plazas para asistir al colofón del acto, en el que se leería el Manifiesto la Uni en la calle y actuaría el coro Voces para la Justicia Social y la Solfónica. También habían aumentado los furgones y agentes de la Policía Nacional y de la Municipal. No se puede decir que llovía, pero algunas débiles gotas se sentían sobre el rostro. Cuando el profesor Cotarelo se retiró su lugar fue ocupado por el primer coro, al cual no se le podía escuchar bien debido a que el gentío estaba hablando y se carecía de un adecuado equipo de megafonía. Después el lugar fue ocupado por la Solfónica. Para que se pudiera oír su actuación muchas de las personas que estaban de pie se sentaron en el suelo y la mayoría optó por guardar silencio. El violinista-director de la Solfónica se dirigió a la concurrencia y les habló de un discurso en el que Federico García Lorca reclamaba cultura con estas palabras: “Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan, sino que pediría medio pan y un libro”. La gente, cuando el violinista-director terminó de rememorar la alocución del poeta, voceaba repetidamente “Sí se puede”. Después interpretaron Por qué cantamos, poema de Mario Benedetti, seguido de Los cuatro muleros, El pueblo (de Los Miserables) y Rianxeira, estas últimas con una letra, como señaló la violinista-director, “adaptada a las circunstancias”. Hacia las nueve se cedió la palabra a los representantes de la Universidad Politécnica, donde se pueden producir 301 despidos; denunciaron la “opacidad de las cuentas” y añadieron que “el equipo rectoral no tiene intención de negociar”. Los concurrentes gritaban “Conde, dimisión” ¾dirigido al rector¾ y “Pública, pública”. Luego se procedió a la lectura del manifiesto por parte de varias personas, entre las que había profesores, representantes de las mareas y una cineasta. Cuando se llegó al punto en el que se dice “no sobran personas tituladas sino que faltan puestos de trabajo cualificado”, los allí reunidos rompieron en aplausos. A las nueve y veinte concluyó la lectura del manifiesto y algunos de los presentes se retiraron pues, además, comenzó a llover. La Solfónica retomó su actuación y bajo un leve chaparrón entonó Grândola, Vila Morena, rememorando la lucha en Portugal. Pasó el chubasco, pero la Solfónica y los congregados se resistían a irse; seguían con más canciones: Bienvenido MR. Marshall (adaptada a Adelson y Eurovegas), L’Estaca, Canto a la libertad (Labordeta) y No nos moverán.
¡Madrid resiste!
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martes, 11 de octubre de 2011

Por el trabajo decente, contra la impunidad del franquismo y corrillos de discusión en la Puerta del Sol

Seis de octubre, se celebra la Jornada Mundial por el Trabajo Decente y para ello los sindicatos CC.OO. y UGT han convocado una manifestación a las siete de la tarde desde la Plaza de la Villa hasta la Puerta del Sol, pero es jueves y, por tanto, colectivos contra la impunidad del franquismo también se manifiestan en el mismo lugar. Además, en la emblemática plaza hay corrillos alrededor de los mariachis, las estatuas vivientes o la gente que conversa en tertulia; y están, como siempre, los turistas, los ociosos, los clientes de los comercios y muchos trabajadores que entran y salen del transporte público en su trasiego diario, todo en medio del calor del verano que todavía dura e invita a la vida en la calle. Por supuesto, no faltan las cámaras profesionales y no profesionales y las del propio móvil para fotografiar los mencionados acontecimientos o lo pintoresco del lugar.
Por el trabajo decente
La manifestación por el trabajo decente comienza tarde, pasadas las siete y media. Arranca la marcha con las furgonetas que llevan las banderas de los sindicatos y los altavoces, luego los líderes sindicales, entre ellos Ignacio Fernández Toxo y Cándido Méndez , que encabezan la manifestación sujetando una pancarta con el lema de esta convocatoria: “El trabajo decente no es un privilegio”. En torno a los líderes sindicales hay un cordón de protección en el que participan, enlazando sus manos, personas ataviadas con un chaleco rojo de UGT. En el cuerpo de la manifestación abundan las pegatinas de los sindicatos sobre las camisetas, algunas de las cuales son verdes, de las que reivindican la educación pública. Hay pancartas grandes como la de la Federación de Servicios Financieros y Administrativos en la que se lee: “Empelo, protección social y economía productiva”. La de las Juventudes Comunistas: “Juntos hacia otra huelga general. Contra los recortes y las políticas neoliberales”. También ondea una bandera republicana enorme en la que han prendido un cartel que dice: “Huelga general. Sobran 5.000.000 de razones”. En las pequeñas pancartas, de esas que son un papel pegado a un palo, se exhorta al pueblo pasivo a moverse, se rechazan los recortes, se alude a los banqueros y a la crisis. Ejemplos: “Sin luchar, ni pan ni libertad”; “Al pueblo cobarde, roban de balde”; “Pueblo manso, buen esclavo”; “Pueblo pendón, vota al ladrón”; “Tijeretazo, tijeretazo”; “Recortar, robo legal”; “Recortar a banqueros y al clero”; “La banca, ya, al banquillo”; “Nos mandan a paseo y siguen su saqueo”; “Fuera trampas, no es crisis, es estafa”, “Violencia es cobrar 600 euros”; “Tu botín, mi crisis; “Sin pan, no habrá paz”.
A las ocho y cuarto los manifestantes entran en Sol y se ubican frente al escenario situado a un lado de la estatua de Carlos III montado a caballo. Como fondo de escenario, de nuevo el lema de esta jornada por el trabajo decente al que han añadido: “El empleo y las personas primero”. Una voz femenina, otra masculina y una joven que domina el lenguaje para sordomudos transmiten un manifiesto a todos los allí congregados. Hay gente que se sienta a escuchar o a descansar en el bordillo que rodea las fuentes, no queda un hueco. Algunos sindicalistas pinchan sus banderas en la tierra que cerca la fuente, junto a las flores, pero con cuidado para no tocarlas. El acto acabó antes de las ocho y media.
Solidaridad con las víctimas del franquismo
La manifestación por el trabajo decente es sucedida por la de la memoria histórica. Si en la primera la edad de los asistentes es variada, en la segunda predomina la gente mayor. Daban vueltas por la plaza de la Puerta del Sol y en cabeza una pancarta roja: “Contra la impunidad. Solidaridad con las víctimas del franquismo”. El resto de manifestantes portaban fotos de los fallecidos, entre ellas las de Antonio Machado, Federico García Lorca y Miguel Hernández con la leyenda “Nunca más”. También llevaban la bandera republicana, claro. Sus consignas a través del altavoz: “Verdad, justicia, reparación”; “Tenemos memoria, queremos justicia”; “Hay que juzgar al franquismo criminal”; “Los crímenes del franquismo no prescriben”. Mirando hacia lo que actualmente es la sede del gobierno autonómico ¾el edificio del reloj¾ los manifestantes coreaban: “En esa casa se asesinaba, en esa casa se torturaba y ahora es la cueva del PP”. A las nueve de la noche el grupo se detiene, como antes lo hiciera el otro, junto al caballo con el rey ilustrado; éstos, sin escenario, comienzan su conferencia. Los curiosos se acercan, ahora los jóvenes escuchan a los mayores con un silencio sumamente respetuoso. Un orador rememora la vida de una camarada recientemente fallecida, la cual luchó contra el franquismo que la detuvo y la torturó. Otro orador recuerda la historia de la enseñanza pública durante la II República, las vicisitudes padecidas por los maestros durante la dictadura y, finalmente, su discurso viene a los tiempos presentes para denunciar el desmantelamiento del estado del bienestar. Concluye diciendo que se está volviendo para detrás; cosecha aplausos. Después se procede a guardar un minuto de silencio, que los manifestantes mayores realizan con el puño en alto y los jóvenes, en puro silencio y quietud. Inmediatamente, como un ritual, los mayores gritaron: “¡Viva la República!”. Los del corrillo: “¡Viva!” El acto terminó con la recogida de firmas para poner una placa donde se ubicó la Dirección General de Seguridad.
Tertulia en la plaza
Al mismo tiempo que los de la memoria histórica celebran su acto de los jueves, a un lado de esa especie de bóveda o cúpula acristalada que da entrada al tren de cercanías, hay otro corrillo de gente de diversas edades que debaten pasándose un micrófono. Unos escuchan sentados en el suelo, otros, de pie. Por turno toman la palabra. Una señora habla del capitalismo, un señor dice que manda la ultraderecha, un joven cuestiona el actual sistema democrático, otro le contesta que el poder es inevitable. Los conceptos cada vez son más abstractos, parece que filosofan. Poco más allá de este corrillo, mirando hacia la calle de Alcalá, hay otro que escucha a un solo hombre que escribe y dibuja con rotulador sobre una pizarra; éste habla de Cristo.
Son más de las nueve de la noche y casi todo acaece al mismo tiempo o inmediatamente después. Las estatuas vivientes se toman un descanso pero no se van. Los que están disfrazados de personajes infantiles parece que acaban su jornada. Bob Esponja se quita eso, la esponja, y se queda con los zapatones negros mientras charla con alguien. Dos muñecos¾uno azul y otro rojo¾, similares a los monstruos de las galletas de Barrio Sésamo, se relajan y también conversan. Un león de terciopelo brillante bebe agua de una botella y come un bocadillo. Sol seguía siendo un imán para los transeúntes, un hervidero a fuego lento cuando entraba la noche.
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jueves, 18 de agosto de 2011

Manifestación laica en una ratonera (lo que vi y oí)

El miércoles 17 a las siete y media de la tarde, la manifestación laica salió de Tirso de Molina —punto de partida y de llegada, teóricamente— para llegar a la calle Carretas y de ahí atravesar la Plaza de la Puerta del Sol, pero, sin apenas entrar en la emblemática ubicación, ya se encontró con los peregrinos de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ‑2011). Éstos —jóvenes de varios países que acuden estos días de cálido agosto a Madrid para ver al Papa— van, en su mayoría, ataviados con camisetas y mochilas de colores que revelan su participación en la JMJ; además, llevan banderas de sus respectivos países, la del Vaticano, rosarios y crucifijos. Con un simple vistazo a su indumentaria ya se sabe que son los peregrinos. La manifestación desembocó en Sol y en la pancarta que la encabeza se lee: “De mis impuestos, al Papa Cero. Estado laico ¡ya!” La policía se propuso que sus propios agentes hicieran de barrera entre los que venían por Carretas y los que ya estaban en Sol, creyendo que con ello separaba peregrinos de manifestantes, pero no fue así. En Sol, esperando y mezclados con los peregrinos, ya hay manifestantes que acaban de llegar en tren o caminando por las calles adyacentes. Los manifestantes corean sus consignas: “Que no con mis impuestos”; “Menos religión y más educación”; “Esta plaza no es del Papa”. Y derroche de pancartas con diversas leyendas, a saber: “Papa okupa, viola bolsillos y conciencias”; “Ratzinger, cuentista. Jesucristo habría ido a Somalia”; “El preservativo salva vidas”; “Benedicto no le robes el momento a Rosa Benito”. Los manifestantes, que también llevan banderas republicanas y la bandera multicolor del movimiento homosexual, entran en Sol vistosos y ruidosos. Los peregrinos se quieren hacer notar, así que gritan: “Benedicto”; “Esta es la juventud del Papa”. Los manifestantes contestan: “Pederastas”; “¡Cuidado con los niños que viene el Papa!”. Cada bando con su grito. Parece que se va a liar, pero no. Incluso unos conversan con otros. “Pero ¿por qué os molesta que tengamos nuestras creencias?”. “Que no estoy contra vosotros, sino que no quiero que todo esto se pague con mis impuestos”. Ambos bandos hablan, ambos bandos se increpan, ambos bandos hacen peinetas y cortes de mangas. Sigue pareciendo que esto se puede liar de un momento a otro. La policía y, sobre todo, los propios organizadores dicen que hay que ir por Alcalá. Parte de la manifestación sigue el trayecto por esa calle, otra parte se queda en Sol.

Por Alcalá los enfrentamientos orales continúan. Los manifestantes van por el centro de la calzada, pero en la acera de la izquierda hay peregrinos con sus banderas del Vaticano y su vocerío. Otra vez la guerra de cánticos. Unos: “Benedicto”. Otros: “Vuestro Papa es un nazi”. Los manifestantes tienen el repertorio algo más variado: “Aborto, sí; pederastia, no”; “Ni dios ni Papa ni hostias”; “Menos crucifijo, más trabajo fijo”. La manifestación gira por Sevilla, la plaza de Canalejas y se encauza por la estrecha calle de la Cruz. A pesar del helicóptero y los agentes uniformados por aquí la marcha transcurre tranquila y más rápida. La calle de la Cruz lleva a la Plaza de Jacinto Benavente, donde hay una gran concentración de gente, esta vez sin peregrinos. Personas sentadas en las terrazas de las cafeterías en un lateral y, en el centro, manifestantes que llegan por Atocha y Doctor Cortezo y que se proponen atravesar Carretas y llegar a Sol. Es como si en Jacinto Benavente se juntase la cabeza con la cola de la manifestación: los que ya han hecho el trayecto y los que aún no han llegado a Sol, aunque están a pocos metros de conseguirlo. Parte del gentío no sabe dónde ir. Da lo mismo, estos otros manifestantes son más divertidos: llevan tambores, van disfrazados, hacen parodias y marcan el ritmo. Nuevas pancartas: “Jesucristo estaría en esta manifestación“;”Menos Papa, más María”. Más gritos y risas: “El Papa se hace pajas”. La marcha se queda estancada en este lugar.

Hay que volver por Doctor Cortezo a Tirso de Molina (origen y final de la manifestación), sin embargo sólo a las nueve y cuarto se percibe un ligero movimiento en esa dirección. La pancarta de cabecera se encamina por Doctor Cortezo, aunque con muy pocos seguidores. El punto de atracción sigue estando en Sol. Con la pancarta recogida llegan a Tirso de Molina ya muy desperdigados algunos manifestantes; la suben y extienden en un balcón mientras ponen canciones protesta por altavoces. Se trata de hacer tiempo mientras va llegando más gente. A las diez menos veinte, los rezagados, con su papamóvil caricaturesco, se aproximan a Tirso de Molina.
En Sol, mientras tanto, persiste el gentío y la tensión contenida. En cuanto aparecen los peregrinos con su inconfundible atuendo, los otros dicen: “Esa mochila la he pagado yo”. Se repite de corrillo en corrillo. Cercanías y Metro están cerrados en Sol. Lo han decidido así para que no llegue más gente, pero los que están allí tampoco encuentran facilidades para salir. Una ratonera sin agujero para escapar. Se puede intentar avanzar por Alcalá, pero hay fronteras policiales en las que se supone que a unos no les dejan salir y a otros no les dejan entrar. Es como ese juego infantil de “ratón que te pilla el gato, ratón que te va a pillar”. A un turista japonés los agentes le dicen: “No puede entrar, caballero”. A los peregrinos que sí. La gente entra en la estación de metro de Sevilla pero las máquinas no disponen de billetes sencillos y no se ven taquilleros por ninguna parte; hay que volver a salir para escapar a pie. La policía con voz potente: “Despejen la zona”. En castellano, dando por hecho que los extranjeros lo entienden. Al final de una calleja hay agentes con escudos para defenderse o atacar no se sabe a quién porque sólo hay cuatro gatos. En la plaza del Carmen hay montado un escenario en el que actúa un grupo pro-católico, a su alrededor unos cuantos peregrinos bailan y corean como si ya estuviesen exhaustos. Hay gente mirándoles apaciblemente desde las terrazas de los bares. Por aquí se ve menos policía, es uno de los huecos para huir de la ratonera. Bueno, casi. Los peregrinos ocupan la boca de metro de Gran Vía de un lado a otro, mientras unos suben y otros bajan. Lo mejor será tirar por Fuencarral que parece más despejada y serena. Los peregrinos, derrotaditos, están comiendo lo que pueden sentados por el suelo de la calle. Son muy jóvenes, parecen niños.
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