jueves, 22 de septiembre de 2011

“El patio de mi cole es particular, si no tienes dinero no puedes entrar…”

El veinte de septiembre a las seis y media de la tarde, la manifestación por la educación pública salió de la plaza de Neptuno ¾ en el mismo lugar y a la misma hora que la que se celebró el miércoles pasado¾, recorrió el paseo del Prado en dirección a la glorieta de Cibeles, luego torció por la calle de Alcalá (en dirección metro de Sevilla), donde se ubican la Consejería de Educación y Empleo de la Comunidad de Madrid y el Ministerio de Educación; finalmente, en la plaza de la Puerta del Sol se leyó un manifiesto por parte de los convocantes. Pero la marcha fue mucho más que eso.
Profesores, maestros, padres, madres, alumnos (de primaria, secundaria y bachillerato) y más ciudadanos procedentes de las distintas localidades de la comunidad autónoma iniciaron el recorrido, muchos de ellos portando pancartas en las que figuraba el nombre de su colegio o instituto; y muchos, además, iban ataviados con camisetas verdes en las que se podía leer: “Educación pública: para tod@s de tod@s”. En la cabecera de la protesta ondeaban las banderolas de los sindicatos y desfilaba la pancarta principal con el lema: “La educación no es gasto, es inversión. No a los recortes”. Pero también la marea verde había elaborado sus propias pancartas. Algunos de los textos eran los siguientes: “Mis alumnos también son excelentes”; “No es país para jóvenes”; “La mala educación. Un film de Esperanza Aguirre”; “Más inversión en educación, menos despilfarro”; “Con el futuro de nuestros hijos no se juega”; “Antes de Lucía la educación lucía”; “Se vende instituto público” con dibujo de teléfono incluido imitando los carteles de las inmobiliarias para vender pisos. En alusión a los recortes también desfilaban tijeras abiertas de cartón y coloreadas en rojo.
Como en toda manifestación reivindicativa se vocearon consignas y se entonaron cánticos. Unos eran específicos, es decir, sobre la enseñanza pública; otros ¾ muy conocidos por Madrid¾ eran de rechazo al conjunto de la política desarrollada por Esperanza Aguirrre; y algunos se referían a la crisis y al descontento con los partidos políticos mayoritarios. A continuación un poco de todo ello:
“El patio de mi cole
es particular
si no tienes dinero
no puedes entrar.
Agáchate
y vuélvete a agachar
que si te ve la Espe
te hace pagar.
Hache, i, jota, ka, elle, eme, a,
si no nos hacen caso
volveremos a empezar”.
"Los buenos estudiantes tenemos un deseo
que para la privada no haya dinero.
Dinero pa’lla,
dinero pa’ca,
Pública pa’lante
privada pa’tras".
(Esto se baila, claro).

“¡Oh eh oh eh oh eh oh ah!
A Esperanza le queremos preguntar:
¿cuántos negocios se van a montar
con la educación y la sanidad?”

“Que la detengan
es una mentirosa, f…. y peligrosa,
todo lo quiere privatizar”.

“Qué casualidad, qué casualidad,
el hijo del obrero no puede estudiar”.

“Una Esperanza se balanceaba
sobre la escuela secundaria
como veía que no se caía
fueron a llamar a otra Esperanza…”

Unos preguntan: “¿El PP?”
Otros responden: “Privatiza”
Vuelven a preguntar: “¿El PSOE?”
Vuelven a contestar:” Autoriza”

“Si somos el futuro ¿por qué nos dan por culo?”

“El mal de la enseñanza se llama Esperanza”.
“Sanidad y educación, NO a la privatización”.
“Nada, nada para la privada”.
“Sobran chorizos, faltan profesores”.
“Que no, que no, que no queremos pagar la deuda con la educación”.
“Escuela pública”.
“Espe, Espe, especulación”.
“Un bote, dos botes, Espe el que no bote”.
“Esperanza, dimisión”.
“Lo llaman democracia y no lo es”.
“Que no, que no, que no nos representan”.
“Hace falta ya una huelga general”.
“Aquí, aquí, ni un paso atrás, esta lucha la vamos a ganar”.
“Ahí está la cueva de Ali Babá”.
“Luego diréis que somos cinco o seis”.
Los gritos más estruendosos tuvieron lugar frente a las sedes de las instituciones educativas en la calle de Alcalá. Las manos agitándose en lo alto ¾como si hicieran los cinco lobitos¾, pitidos, carracas, tambores, vuvuzelas, tapas de cacerolas, ¡uuuh! Entre las ocho y media y las nueve la protesta comienza a dispersarse, pero todavía un grupo de manifestantes encabezado por tambores y alguien que les marca el ritmo se dirige a la Puerta del Sol, bailando y dando palmas al mismo tiempo que gritan “Pública”. Al llegar algunos se detienen ante las cámaras y reporteros de Televisión Española y Telecinco y de nuevo vocean: “Esperanza, dimisión”; “No somos gasto, somos inversión”; “Esperanza, no jodas la enseñanza”; “Este partido lo vamos a ganar”; “Televisión, manipulación”. Había que aprovechar.
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miércoles, 14 de septiembre de 2011

Extraño concurso por teléfono para apostar a Euromillones

MUY IMPORTANTE:
NO FACILITES TUS DATOS BANCARIOS
No está detrás el sorteo oficial de Euromillones
Has ganado 1600 euros de mentira, paga 55 de verdad
Me han llamado dos veces al teléfono fijo. La primera vez era una voz femenina. Me propuso participar en un concurso en el que yo tenía que acertar un eslogan relacionado con Euromillones. Como respuesta había tres opciones; dos de ellas tan ridículas y absurdas que era muy fácil dar con la respuesta verdadera. Así que la voz femenina me dice que acerté el eslogan y que he ganado 1600 euros para jugar al sorteo de Euromillones. “Ya sabe, ha visto usted el anuncio del perrito Pancho en televisión. Pues ese.” Después me soltó un rollo al que no presté mucha atención hasta que me dijo que había que pagar 55 euros. “¿Hay que pagar?” —pregunté para cerciorarme—. Ella me explica que sí, a través de un contrato grabado en el que yo facilitaría mis datos. Les respondo que no me interesa. “Pero ¿cómo? ¿Me va a decir que no le interesan 1600 euros?” —dice la voz femenina—. “No, no me interesa y no voy a pagar nada. Prefiero ir a una administración de loterías, coger un boleto y apostar como yo quiera” ¾contesto—. Así que tranquila y educadamente nos despedimos.
Me quedé pensando que si no era un timo se parecía mucho. En cualquier caso, con 55 euros al mes podría hacer muchas apuestas por mi cuenta, sin intermediarios ni cosas raras. Me olió a chamusquina también por lo del perrito Pancho, al que nunca he visto en la publicidad de Euromillones sino en la de la Primitiva. Ya que se inventan rollos de estos podrían informarse mejor. A veces los detalles son cruciales para descubrir los engaños.
“¿Sabe usted que es más desagradable que un helado de mierda?”
A la semana siguiente volvieron a llamar, en esta ocasión la voz era masculina. Me dijo que habían seleccionado el teléfono de forma aleatoria, pero yo ya empezaba a creer que esto también era mentira. Le contesté que era la segunda vez que telefoneaban y que no me interesaba el concurso porque ya en la primera llamada me sonaba a timo y a engaño. Colgué. ¡Para qué dije nada! Esta segunda llamada tuvo lugar alrededor de las tres y media de la tarde. En cuanto colgué el auricular volvieron a llamar, pero no lo cogí pensando que serían ellos. Llamaron seguidamente cuatro o cinco veces más y yo seguía sin descolgarlo. Pasado un periodo mayor de tiempo (unos quince minutos) volvió a sonar el teléfono, lo cogí y una voz masculina me dijo: “¿Sabe usted que es más desagradable que un helado de mierda?”. “¿Lo has probado?” —pregunté—. Me colgó, pero las llamadas no cesaron. Cada cinco o diez minutos volvían a llamar, así estuvieron hasta las seis de la tarde.
V de venganza
Después del exabrupto no volví a descolgar el teléfono, por supuesto. Me dediqué a buscar por internet y estas son algunas de las cosas que encontré:
Personas que indican el nombre (o varios nombres) de la empresa que está detrás de esto y diversos números de teléfono según provincias.
Otros explican que si aceptas el contrato entras a formar parte de una peña de cien personas para hacer apuestas y que, entre tantas apuestas, con frecuencia toca algo de la combinación ganadora, pero que a repartir entre tantos sólo te llevas unos céntimos.
Otros han picado y expresan sus temores respecto al contrato tras cancelar la cuenta bancaria cuyos datos han facilitado.
Un ex trabajador de la empresa aconseja colgar el teléfono sin mediar palabra.
Precisamente en el relato de este ex trabajador encontré la explicación de tanta llamada telefónica después de haberles insinuado que me sonaba a timo. Cuenta que los números no se eligen aleatoriamente sino que hay una lista y sobre el número de teléfono de las personas que protestan o se enfrentan a ellos ponen una V, de venganza, la cual consiste en telefonear insistentemente. Se van pasando el folio entre los trabajadores y van llamando. Lo que explica este ex trabajador cuadra perfectamente con lo que hicieron conmigo aquella tarde de timbrazos continuos.
Para concluir
Respecto a los consumidores:
No siempre se trata de dilucidar si el negocio es legal o ilegal, pues algo puede ser legal y no interesar nada. Aunque el asunto resulte atractivo en nuestras manos está no picar. Hasta la sabiduría popular lo advierte: “Nadie da duros a peseta”. Sin embargo, y por lo que se cuenta en los foros, son muchas las personas que han aceptado el contrato y han proporcionado sus datos bancarios. Pero ¿no hay suficientes fraudes para que seamos algo más precavidos? ¿De veras piensan que si toca un premio gordo lo van a repartir entre los pardillos que participan? ¡Con las artes que se traen! Increíble.
Respecto al trabajo:
Que existan empleos de estos me parece una mezquindad. Hay mucha gente desesperada buscando empleo y se encuentran con estos trabajos de teleoperadores donde no basta con engatusar al cliente, sino que además hay que molestarle (o “vengarse”). Tendríamos que tener claro que los que están detrás de ciertos negocios y se valen de toda argucia no son emprendedores sino otra cosa que mejor no nombro. Y eso es lo que ofrecen: trabajos ruines y asquerosos.
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jueves, 18 de agosto de 2011

Manifestación laica en una ratonera (lo que vi y oí)

El miércoles 17 a las siete y media de la tarde, la manifestación laica salió de Tirso de Molina —punto de partida y de llegada, teóricamente— para llegar a la calle Carretas y de ahí atravesar la Plaza de la Puerta del Sol, pero, sin apenas entrar en la emblemática ubicación, ya se encontró con los peregrinos de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ‑2011). Éstos —jóvenes de varios países que acuden estos días de cálido agosto a Madrid para ver al Papa— van, en su mayoría, ataviados con camisetas y mochilas de colores que revelan su participación en la JMJ; además, llevan banderas de sus respectivos países, la del Vaticano, rosarios y crucifijos. Con un simple vistazo a su indumentaria ya se sabe que son los peregrinos. La manifestación desembocó en Sol y en la pancarta que la encabeza se lee: “De mis impuestos, al Papa Cero. Estado laico ¡ya!” La policía se propuso que sus propios agentes hicieran de barrera entre los que venían por Carretas y los que ya estaban en Sol, creyendo que con ello separaba peregrinos de manifestantes, pero no fue así. En Sol, esperando y mezclados con los peregrinos, ya hay manifestantes que acaban de llegar en tren o caminando por las calles adyacentes. Los manifestantes corean sus consignas: “Que no con mis impuestos”; “Menos religión y más educación”; “Esta plaza no es del Papa”. Y derroche de pancartas con diversas leyendas, a saber: “Papa okupa, viola bolsillos y conciencias”; “Ratzinger, cuentista. Jesucristo habría ido a Somalia”; “El preservativo salva vidas”; “Benedicto no le robes el momento a Rosa Benito”. Los manifestantes, que también llevan banderas republicanas y la bandera multicolor del movimiento homosexual, entran en Sol vistosos y ruidosos. Los peregrinos se quieren hacer notar, así que gritan: “Benedicto”; “Esta es la juventud del Papa”. Los manifestantes contestan: “Pederastas”; “¡Cuidado con los niños que viene el Papa!”. Cada bando con su grito. Parece que se va a liar, pero no. Incluso unos conversan con otros. “Pero ¿por qué os molesta que tengamos nuestras creencias?”. “Que no estoy contra vosotros, sino que no quiero que todo esto se pague con mis impuestos”. Ambos bandos hablan, ambos bandos se increpan, ambos bandos hacen peinetas y cortes de mangas. Sigue pareciendo que esto se puede liar de un momento a otro. La policía y, sobre todo, los propios organizadores dicen que hay que ir por Alcalá. Parte de la manifestación sigue el trayecto por esa calle, otra parte se queda en Sol.

Por Alcalá los enfrentamientos orales continúan. Los manifestantes van por el centro de la calzada, pero en la acera de la izquierda hay peregrinos con sus banderas del Vaticano y su vocerío. Otra vez la guerra de cánticos. Unos: “Benedicto”. Otros: “Vuestro Papa es un nazi”. Los manifestantes tienen el repertorio algo más variado: “Aborto, sí; pederastia, no”; “Ni dios ni Papa ni hostias”; “Menos crucifijo, más trabajo fijo”. La manifestación gira por Sevilla, la plaza de Canalejas y se encauza por la estrecha calle de la Cruz. A pesar del helicóptero y los agentes uniformados por aquí la marcha transcurre tranquila y más rápida. La calle de la Cruz lleva a la Plaza de Jacinto Benavente, donde hay una gran concentración de gente, esta vez sin peregrinos. Personas sentadas en las terrazas de las cafeterías en un lateral y, en el centro, manifestantes que llegan por Atocha y Doctor Cortezo y que se proponen atravesar Carretas y llegar a Sol. Es como si en Jacinto Benavente se juntase la cabeza con la cola de la manifestación: los que ya han hecho el trayecto y los que aún no han llegado a Sol, aunque están a pocos metros de conseguirlo. Parte del gentío no sabe dónde ir. Da lo mismo, estos otros manifestantes son más divertidos: llevan tambores, van disfrazados, hacen parodias y marcan el ritmo. Nuevas pancartas: “Jesucristo estaría en esta manifestación“;”Menos Papa, más María”. Más gritos y risas: “El Papa se hace pajas”. La marcha se queda estancada en este lugar.

Hay que volver por Doctor Cortezo a Tirso de Molina (origen y final de la manifestación), sin embargo sólo a las nueve y cuarto se percibe un ligero movimiento en esa dirección. La pancarta de cabecera se encamina por Doctor Cortezo, aunque con muy pocos seguidores. El punto de atracción sigue estando en Sol. Con la pancarta recogida llegan a Tirso de Molina ya muy desperdigados algunos manifestantes; la suben y extienden en un balcón mientras ponen canciones protesta por altavoces. Se trata de hacer tiempo mientras va llegando más gente. A las diez menos veinte, los rezagados, con su papamóvil caricaturesco, se aproximan a Tirso de Molina.
En Sol, mientras tanto, persiste el gentío y la tensión contenida. En cuanto aparecen los peregrinos con su inconfundible atuendo, los otros dicen: “Esa mochila la he pagado yo”. Se repite de corrillo en corrillo. Cercanías y Metro están cerrados en Sol. Lo han decidido así para que no llegue más gente, pero los que están allí tampoco encuentran facilidades para salir. Una ratonera sin agujero para escapar. Se puede intentar avanzar por Alcalá, pero hay fronteras policiales en las que se supone que a unos no les dejan salir y a otros no les dejan entrar. Es como ese juego infantil de “ratón que te pilla el gato, ratón que te va a pillar”. A un turista japonés los agentes le dicen: “No puede entrar, caballero”. A los peregrinos que sí. La gente entra en la estación de metro de Sevilla pero las máquinas no disponen de billetes sencillos y no se ven taquilleros por ninguna parte; hay que volver a salir para escapar a pie. La policía con voz potente: “Despejen la zona”. En castellano, dando por hecho que los extranjeros lo entienden. Al final de una calleja hay agentes con escudos para defenderse o atacar no se sabe a quién porque sólo hay cuatro gatos. En la plaza del Carmen hay montado un escenario en el que actúa un grupo pro-católico, a su alrededor unos cuantos peregrinos bailan y corean como si ya estuviesen exhaustos. Hay gente mirándoles apaciblemente desde las terrazas de los bares. Por aquí se ve menos policía, es uno de los huecos para huir de la ratonera. Bueno, casi. Los peregrinos ocupan la boca de metro de Gran Vía de un lado a otro, mientras unos suben y otros bajan. Lo mejor será tirar por Fuencarral que parece más despejada y serena. Los peregrinos, derrotaditos, están comiendo lo que pueden sentados por el suelo de la calle. Son muy jóvenes, parecen niños.
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sábado, 2 de julio de 2011

Si nos aprietan más y más las tuercas ¿podría ocurrir que las democracias al servicio de los mercados dejasen de tener seguidores?

En la actual situación de crisis y protestas quizá todos nos hemos preguntado alguna vez cuánto tiempo seguirá siendo legítimo para la mayoría de la población el actual sistema democrático, concretamente el de hoy día, el que está bajo la dictadura de los mercados. Cuánto tiempo podremos seguir creyendo en él y justificándolo si ahora se nos revela como una farsa y pernicioso para el bienestar de la mayoría. El actual sistema democrático de partidos ha perdido su esencia: ya no tiene sentido elegir entre ideologías en cierto modo contrapuestas; derecha e izquierda representaban tradiciones e intereses socio-culturales muy diferentes. En estos inicios del siglo XXI y con pretexto de la crisis económica, elijamos el partido que elijamos, éste ha de seguir las directrices de los mercados. Por tanto, de nada sirve elegir entre las tradiciones ideológicas de antaño, sencillamente porque ya no podemos elegir nada, o lo que es lo mismo, sólo hay una ideología: la del capital financiero. Una ideología que se impone bajo la lógica del miedo: recortes –austeridad para los de siempre- o la quiebra del estado. No hay nada más importante que pagar la deuda, para que den más dinero y siga el endeudamiento.
¿Está la democracia en peligro? ¿No es legítima para la población? No, la democracia en sí, la de verdad, es sumamente respetada; pero lo que nadie puede justificar es esta degeneración del sistema democrático con representación de partidos que estamos padeciendo. No hay democracia real sino dictadura del capital y unos gobiernos –sean de izquierdas o de derechas-, elegidos democráticamente pero atados de manos por los usureros. Las protestas de los ciudadanos no rechazan la democracia en sí, lo que rechazan es este paripé. Quizá sea eso lo que quieren decir los indignados cuando a gritos corean: “Lo llaman democracia y no lo es”; “Que no nos representan”. No es democracia porque es dictadura del capital; y no nos representan a los ciudadanos porque en su hacer diario vemos que sólo defienden los intereses de los mercados.
El gran riesgo para las actuales democracias podría estar, no obstante, en su vertiente social. Desde mediados del siglo XX se ha vivido un periodo de paz y estabilidad en Europa con sistemas democráticos, políticas de bienestar y respeto a las conquistas sociales. Los ciudadanos podían votar a partidos de izquierdas que, como representantes de los más desfavorecidos, podían acceder al poder y frenar los desmanes del capital, e intentaban equilibrar entre clases de modo que cada vez más gente alcanzara mayor bienestar. La democracia y la izquierda servían para algo si es que introducían mecanismos para compensar a los más pobres. Esta dinámica se ha quebrado en las democracias sometidas a la dictadura del capital. La brecha entre ricos y pobres vuelve a crecer, la exclusión en los países ricos comienza a ser escandalosa. Es aquí donde surgen los interrogantes. ¿Seguirá gran parte de la población fiel al sistema democrático -que antes servía y ahora, no- o querrán otro? ¿Dejará la gente de creer en la actual democracia si están condenados a vivir peor que la generación de sus progenitores? ¿Qué discurso nos puede convencer de que debemos asistir a esta gran brecha de desigualdad social en el mayor periodo de paz y desarrollo tecnológico? Si nos aprietan más y más las tuercas ¿qué va a pasar?
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jueves, 12 de mayo de 2011

Una rueda de prensa sin preguntas es un comunicado



Ya sabemos que el lenguaje puede ser usado para manipular pensamiento y conducta. Una de las fórmulas consiste en crear nuevos términos -normalmente compuestos y cargados de valor ideológico- para denominar realidades, hechos o acciones que ya conocíamos con un nombre más sencillo. Muy comentado en su tiempo fue el caso de la expresión “impuesto revolucionario”, que aparecía una y otra vez en boca de periodistas y políticos hasta que alguien comenzó a llamarlo “extorsión” o “chantaje”;  su verdadero nombre, los dos componentes del signo lingüístico –significante y significado- completamente ajustados a lo que se ha llamado así toda la vida. Pues lo mismo ocurre con las “ruedas de prensa sin preguntas”, que precisamente por carecer de preguntas no son ruedas de prensa, sino comunicados. El diccionario de la Real Academia Española (RAE) define “rueda de prensa” como: Reunión de periodistas en torno a una figura pública para escuchar sus declaraciones y dirigirle preguntas. Por tanto, decir de una rueda de prensa que es sin preguntas parece contrario a su propia definición. No hay rueda de prensa sin preguntas y si la hay, será otra cosa, hasta ahora esa cosa existe y los periodistas conocen de sobra su nombre: “comunicado”; “comunicado oral”, si se prefiere. Justamente es eso: la lectura de un comunicado por parte de alguien relevante (un político, un gobernante, un artista…). Puede que lea lo escrito en un papel, que se lo sepa de memoria o que improvise, pero eso es lo de menos. Lo grave es que los periodistas caigan en la trampa: acepten la imposición de las “nuevas nociones” y actúen manipulados conforme a ellas. Pero, también, pueden desenmascararlas, precisamente con el lenguaje y mediante un mecanismo muy simple: recurriendo a nuestro léxico ya establecido y comúnmente compartido. Es lo que todos conocemos como “llamar a las cosas por su nombre”. No viene mal tener a mano un diccionario. Para la RAE “comunicado” es: Nota, declaración o parte que se comunica para conocimiento público. Muchos grupos –partidos, asociaciones, sindicatos, bandas terroristas, grupos religiosos, empresas- emiten comunicados, a veces también los llaman “manifiestos”, “proclamas”, “anuncios”, “mensajes”. No es nada nuevo en el trabajo periodístico. Que venga de un político o de un cargo gubernamental tampoco es novedad, lo único distinto es que lo quieren presentar como rueda de prensa cuando no lo es.



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lunes, 18 de abril de 2011

Quitar estudios del currículum para acceder a un empleo



Parece ser que lo primero que se tiene que aprender para hacer un currículum vitae es mentir. Hace no muchos años se mentía exagerando el nivel de formación; el objetivo era hinchar el currículum elevando cualquier cursillo o actividad a dato meritorio. Las cosas han cambiado diametralmente. Los parados de hoy en día tienen que mentir pero ocultando en el texto que presentarán como currículum parte de su formación. El currículum lo llevan sobre sus hombros, aunque el texto que redacten han de deshincharlo para poder acceder a un empleo de menor cualificación. Y es que aumenta la competencia para obtener los empleos que requieren menor grado de preparación, los únicos libres, por lo que se ve. Doctores, licenciados, diplomados, especialistas en diversos oficios, capacitados en una materia u otra se ven abocados a buscar lo que sea y a esconder cursos y conocimientos adquiridos como si fuesen una lacra. Desde los orientadores institucionales hasta los amigos dan similar consejo: “Quita cursos de tu currículo porque si el empresario te ve con más capacitación pensará que el empleo no te interesa mucho y acabarás yéndote a otro más acorde a tus estudios”. Éste es un supuesto muy extendido y, como es tanto lo que se tarda en encontrar un trabajo y aumenta la desesperación, uno acaba quitando conocimientos por si acaso.
Esta realidad desmonta parte del discurso dominante que sostiene que  los más cualificados se colocan con más facilidad y en mejores puestos. Sabemos que no siempre es verdad. Parte del personal medio y altamente cualificado de nuestro país se va al extranjero; otra parte trabaja como reponedores, cajeras, mozos, teleoperadoras, etc.;  y, otra parte está en el paro o aprovechado para seguir estudiando. Además de desmontar el discurso dominante, esta realidad demuestra que durante los últimos años hemos crecido sobre una economía básica, mediocre, sin diversificar ni sofisticar.
Seguramente que hay que adecuar el mundo empresarial y la enseñanza de modo que parte de los conocimientos que tengamos sirvan para trabajar en algo, pero rebajar el nivel de cualificación parece contrario a la razón y al progreso. Hay quien dice que hemos pecado de “titulitis”, como si aumentar el nivel de capacitación fuese una enfermedad inflamatoria. Se trata nuevamente de culpar a los parados: “Se ha estudiado lo que no se debía”. Se vuelve a responsabilizar siempre a los mismos, que si antes eran culpables por defecto, ahora lo son por exceso. El sistema educativo y el mundo empresarial una vez más se van de rositas. Deberíamos estar orgullosos de tener una población mejor cualificada, pero vivimos tiempos absurdos. No se puede comprender que los parados tengan que ocultar parte de sus estudios, va contra la lógica de todo currículum, donde la persona expone lo mejor de sí misma. El estudio, el esfuerzo, el interés por los conocimientos, por saber más, por mejorar no tiene valor en nuestro peculiar mercado. Nunca lo hubiésemos imaginado: ocultar la educación en el currículum para acceder a un empleo de supervivencia.

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miércoles, 6 de abril de 2011

La presentación del desempleado como culpable de su propia situación

Hay un discurso en el que los poderes que se crean en mil materias o en distintos ámbitos tienden a culpar de todo lo negativo al individuo. Con frecuencia el sujeto aislado aparece como culpable y objeto de castigo o sanción. Y, casi siempre, las grandes entidades, que se nos presentan como abstractas, salen impunes se dirija o no el foco hacia ellas. Por ejemplo, en el caso del desempleo se presenta como culpable de su propia situación al parado, que por otra parte es quien más sufre. Inicialmente puede haber un discurso en el que se reconocen factores externos al parado, del tipo: “Eres parado porque la situación es de crisis y muchas empresas se ven obligadas a cerrar o despedir gente”. Pero, superada esta fase, el parado –tratado como sujeto aislado- será presentado como responsable de su propia situación; el discurso se transforma: “Eres parado porque no tienes estudios, porque tu formación ya no vale y te tienes que reciclar, porque no te adaptas a  las demandas del mercado de trabajo, porque no tienes experiencia, porque no tienes mentalidad abierta para cambiarte de ciudad, porque no sabes montar una empresa, porque no sabes ni redactar un currículum…”.
De este modo se enfoca al individuo como culpable y quedan ocultas otras entidades con apariencia de abstractas o difusas, por ejemplo: una economía primitiva basada simplemente en el ladrillo o un sistema que permite que la empresa lleve sus instalaciones a otro lugar más barato dejando sin sustento a comarcas enteras. No se suele culpar, ni mucho menos castigar a los responsables de una economía “ladrillera”,  ni de una economía meramente especulativa que produce poco en la vida real. Como mucho se enfoca a los cargos políticos cuya sanción será perder las elecciones. Pero, como es sabido o nos han inculcado, en el caso de la economía nunca hay culpables porque los mercados conforman una segunda naturaleza cuyas crisis son recibidas como si fuese catástrofes sísmicas que sólo son responsabilidad de un destino fatal.
Todo esto afecta a un modo de pensar y de establecer el poder a través del lenguaje y del enfoque sobre unos u otros actores de la vida social. Alude a un esquema mental que vamos aprendiendo o se va depositando en nosotros. Es otra forma de ejercer el dominio sobre nuestro propio pensamiento y de fijar claramente para quién serán los castigos.

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