MUY IMPORTANTE:
NO FACILITES TUS DATOS BANCARIOS
No está detrás el sorteo oficial de Euromillones
Has ganado 1600 euros de mentira, paga 55 de verdad
Me han llamado dos veces al teléfono fijo. La
primera vez era una voz femenina. Me propuso participar en un concurso
en el que yo tenía que acertar un eslogan relacionado con Euromillones.
Como respuesta había tres opciones; dos de ellas tan ridículas y
absurdas que era muy fácil dar con la respuesta verdadera. Así que la
voz femenina me dice que acerté el eslogan y que he ganado 1600 euros
para jugar al sorteo de Euromillones. “Ya sabe, ha visto usted el
anuncio del perrito Pancho en televisión. Pues ese.” Después me soltó un
rollo al que no presté mucha atención hasta que me dijo que había que
pagar 55 euros. “¿Hay que pagar?” —pregunté para cerciorarme—. Ella me
explica que sí, a través de un contrato grabado en el que yo facilitaría
mis datos. Les respondo que no me interesa. “Pero ¿cómo? ¿Me va a decir que no le interesan 1600 euros?” —dice la voz femenina—. “No, no me interesa y no voy a pagar nada. Prefiero ir a una administración de loterías, coger un boleto y apostar como yo quiera” ¾contesto—. Así que tranquila y educadamente nos despedimos.
Me
quedé pensando que si no era un timo se parecía mucho. En cualquier
caso, con 55 euros al mes podría hacer muchas apuestas por mi cuenta,
sin intermediarios ni cosas raras. Me olió a chamusquina también por lo
del perrito Pancho, al que nunca he visto en la publicidad de
Euromillones sino en la de la Primitiva. Ya que se inventan rollos de
estos podrían informarse mejor. A veces los detalles son cruciales para
descubrir los engaños.
“¿Sabe usted que es más desagradable que un helado de mierda?”
A
la semana siguiente volvieron a llamar, en esta ocasión la voz era
masculina. Me dijo que habían seleccionado el teléfono de forma
aleatoria, pero yo ya empezaba a creer que esto también era mentira. Le
contesté que era la segunda vez que telefoneaban y que no me interesaba
el concurso porque ya en la primera llamada me sonaba a timo y a engaño.
Colgué. ¡Para qué dije nada! Esta segunda llamada tuvo lugar alrededor
de las tres y media de la tarde. En cuanto colgué el auricular volvieron a llamar, pero
no lo cogí pensando que serían ellos. Llamaron seguidamente cuatro o
cinco veces más y yo seguía sin descolgarlo. Pasado un periodo mayor de
tiempo (unos quince minutos) volvió a sonar el teléfono, lo cogí y una
voz masculina me dijo: “¿Sabe usted que es más desagradable que un
helado de mierda?”. “¿Lo has
probado?” —pregunté—. Me colgó, pero las llamadas no cesaron. Cada cinco
o diez minutos volvían a llamar, así estuvieron hasta las seis de la
tarde.
V de venganza
Después
del exabrupto no volví a descolgar el teléfono, por supuesto. Me
dediqué a buscar por internet y estas son algunas de las cosas que
encontré:
— Personas
que indican el nombre (o varios nombres) de la empresa que está detrás
de esto y diversos números de teléfono según provincias.
— Otros
explican que si aceptas el contrato entras a formar parte de una peña
de cien personas para hacer apuestas y que, entre tantas apuestas, con
frecuencia toca algo de la combinación ganadora, pero que a repartir
entre tantos sólo te llevas unos céntimos.
— Otros han picado y expresan sus temores respecto al contrato tras cancelar la cuenta bancaria cuyos datos han facilitado.
— Un ex trabajador de la empresa aconseja colgar el teléfono sin mediar palabra.
Precisamente
en el relato de este ex trabajador encontré la explicación de tanta
llamada telefónica después de haberles insinuado que me sonaba a timo.
Cuenta que los números no se eligen aleatoriamente sino que hay una
lista y sobre el número de teléfono de las personas que protestan o se
enfrentan a ellos ponen una V, de venganza, la cual consiste en
telefonear insistentemente. Se van pasando el folio entre los
trabajadores y van llamando. Lo que explica este ex trabajador cuadra
perfectamente con lo que hicieron conmigo aquella tarde de timbrazos
continuos.
Para concluir
Respecto a los consumidores:
No
siempre se trata de dilucidar si el negocio es legal o ilegal, pues
algo puede ser legal y no interesar nada. Aunque el asunto resulte
atractivo en nuestras manos está no picar. Hasta la sabiduría popular lo
advierte: “Nadie da duros a peseta”.
Sin embargo, y por lo que se cuenta en los foros, son muchas las
personas que han aceptado el contrato y han proporcionado sus datos
bancarios. Pero ¿no hay suficientes fraudes para que seamos algo más
precavidos? ¿De veras piensan que si toca un premio gordo lo van a
repartir entre los pardillos que participan? ¡Con las artes que se
traen! Increíble.
Respecto al trabajo:
Que
existan empleos de estos me parece una mezquindad. Hay mucha gente
desesperada buscando empleo y se encuentran con estos trabajos de
teleoperadores donde no basta con engatusar al cliente, sino que además
hay que molestarle (o “vengarse”). Tendríamos que tener claro que los
que están detrás de ciertos negocios y se valen de toda argucia no son
emprendedores sino otra cosa que mejor no nombro. Y eso es lo que
ofrecen: trabajos ruines y asquerosos.