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lunes, 8 de septiembre de 2014

La violencia crisista denunciada ante la opinión pública por los manifestantes

¿Qué se entiende por violencia? ¿Cuántos tipos de violencia se reconocen? ¿Qué tipo de violencia se condena y por quién? La respuesta a estas preguntas va a depender de los diferentes actores en el terreno político, especialmente si son antagónicos; esto es lo que está ocurriendo con los actores dominantes y los emergentes durante el Crisismo. Mientras que las élites económicas y políticas (los crisistas) no consideran violencia los estragos sociales producidos por la supuesta “crisis económica” ni por las políticas de “austeridad”, como mucho lo llaman “sacrificios”, los movimientos sociales y de protesta, (los anticrisistas) —que se oponen a esas políticas— sí consideran dichos estragos violencia y lo denuncian durante las manifestaciones en las frases de sus pancartas y en las consignas que vocean. Para denunciarlo en ocasiones emplean la palabra “violencia”, por ejemplo “Violencia es no llegar a fin de mes”, pero utilizan con más frecuencia términos que aluden al crimen, al delito: “No son suicidios, son asesinatos”; “Los recortes en sanidad, crimen legal”; “Tenemos la solución, los banqueros a prisión”; “Genocidio financiero”; “Reforma laboral, esclavitud del siglo XXI” “Este sistema no es una democracia, es una mafia”, etc. Similares ideas y expresiones también afloran en las asambleas populares o en los encuentros que desarrollan en calles y plazas y, por supuesto, en internet a través de sus páginas web y la participación en redes sociales.
Los actores dominantes y los emergentes, es decir, los crisistas y los anticrisistas  no solo se oponen por llamar a las mismas realidades con diferentes nombres, como se sabe lo que para los primeros es “crisis” y “austeriedad” para los segundos es “estafa” y “austericidio”, sino que tienen una concepción muy diferente de lo que puede ser considerado violencia en cuanto a las decisiones políticas se refiere. En el discurso dominante no se cuestionan ni son reprobables las políticas económicas brutales que causan una gran desolación social, por tanto, se puede ejecutar sin más el desmantelamiento del Estado del Bienestar al mismo tiempo que se suben los impuestos, hacer reformas laborales que impliquen reducción de los derechos de los trabajadores o leyes abusivas en beneficio de bancos y grandes corporaciones. Por su parte, los anticrisistas ponen en entredicho esa opinión dominante al considerar “violencia” esas medidas económicas que provocan un devastador impacto social, máxime cuando consideran que los grupos hegemónicos económicos y políticos que las imponen siguen enriqueciéndose y conviviendo con la irresponsabilidad, la corrupción, el abuso o el delito.
Una opinión emergente
En consonancia con los términos Crisismo, crisistas y anticrisitas, emplearé la expresión violencia crisista para referirme a un concepto o una idea aun difusa, pero denunciada por los manifestantes, por tanto, contenida en el discurso y en el pensamiento de una parte de la opinión pública. Lógicamente, no sé cómo se llamará esta idea de violencia en el futuro si es que acaba “afianzándose”, pero de momento la expresión violencia crisista me servirá para aludir a lo que es tan solo una opinión emergente. Si pasa a convertirse en una idea compartida por más sectores de la población, más difundida por los medios de comunicación, más valorada en la vida política, quizá sea un día opinión  dominante, y quién sabe si tendrá la misma consideración que otras formas de violencia que son castigadas por las leyes. Hoy por hoy, resumo sus principales rasgos de esta manera:
·        La violencia crisista es una opinión emergente.
·        Esta idea de violencia se refiere a políticas socioeconómicas que causan un devastador impacto social.
·        En el discurso anticrisista se atribuye  a la clase económicamente dominante que en connivencia con el poder político tienden a comportamientos abusivos, irresponsables y delictivos, los cuales nos llevaron a la “crisis” y nos impiden salir de ella.
·        Se denuncia donde se desarrolla, en la democracias representativas.


Identificador: 1409081934270

viernes, 22 de noviembre de 2013

A la calle contra la ley mordaza y el estado policial

Nos quieren esclavos y callados
Nunca creyeron en la democracia de verdad. Se sirven de su forma para acceder al poder, pero no muestran el menor respeto por la participación ni por las personas. Tampoco reniegan clara y tajantemente de la herencia que traen.
El tufo franquista se está colando en la futura Ley de Seguridad Ciudadana, ley mordaza que restringirá el derecho de manifestación y el derecho a la información ¾en su doble vertiente: emitir y recibir noticias, ideas, opiniones, imágenes¾ y que también ocultará los abusos policiales.
Tras el golpe de estado del 23F de 1981, miles de personas se manifestaron en la calle para defender la democracia, más de treinta años después, tras el anuncio de esta ley mordaza, tendremos que hacer lo mismo: salir a la calle para defender la poca democracia que nos queda, incluido el propio derecho de manifestación. Los pilares están tocados, habrá que hacer algo antes de que se hundan.
Si se restringe el derecho de manifestación y la libertad de expresión se silencia a la sociedad civil y a las distintas corrientes de opinión que de ella emanan. El derecho a la información nos permite conocer toda esa pluralidad de ideas y opiniones. Cuando ungrupo o un movimiento social se manifiesta es para llegar a los medios de comunicación colectiva, para que estos recojan su protesta y la difundan, de modo que todos podamos conocer denuncias de nuevas realidades o, sencillamente, una pluralidad de opiniones. Con la ley mordaza del PP se dificulta el trabajo periodístico que DEBE abrir el espacio público informativo, para que sirva de contrapoder, es decir, para dar voz a esa sociedad civil y a esa opinión pública que carece de otras plataformas que no sean la protesta en la calle y su repercusión en los medios de comunicación masivos. Es la forma que tenemos, hasta ahora, de garantizar la pluralidad de opiniones y que estas afloren. Con la Ley de Seguridad Ciudadana del PP será visible solo una opinión pública controlada, mermada, o un pensamiento único propio de regímenes no democráticos. Pero, además, los ciudadanos y los periodistas no podrán dar a conocer ni recibir información sobre abusos policiales, violándose así el derecho a la información en su doble vertiente: emitir y recibir. Por supuesto, no hace falta decir que la ocultación de los abusos de las fuerzas del orden solo es propia de regímenes dictatoriales.
Perdón por el rollo anterior; lo mejor será hacer algo, por ejemplo: aprovechar las convocatorias de manifestación que hay para el próximo 23 de noviembre. En ellas, además de poder protestar contra la “mafia saqueadora del estado del bienestar”, podremos hacerlo contra esta futura ley mordaza y un régimen policial.
En Madrid debido a las diferencias entre los convocantes hay dos manifestaciones, ambas a las 12 del mediodía con similares lemas, pero con distinto recorrido. Lo importante, dado la gravedad del problema que nos ocupa, es acudir a cualquiera de las dos.
Convocantes: Cumbre Social de Madrid y Marea Ciudadana de Madrid
Recorrido: Desde Atocha (plaza del Emperador Carlos V) de la calle de Alcalá
Hora: 12 h.
Lema de Cumbre Social: “Emplea tu fuerza. En defensa de lo público, las pensiones y las personas”
Lema de Marea ciudadana: “Salvemos las pensiones. Salvemos lo público. Salvemos a las personas. Juicio a la banca”
Convocantes: Tribunal Ciudadano de Justicia y asambleas del 15M
Recorrido: Desde plaza de España a Sol
Hora: 12 h.
Lema: “Juicio a la Banca, salvemos lo público, salvemos las pensiones, salvemos a las personas”