El
domingo 11 de marzo, tres semanas después de la gran manifestación
contra la reforma laboral del Gobierno de Mariano Rajoy (19 de febrero) y
a dieciocho días de la huelga general (convocada para el 29 de marzo), El Enemigo, a las doce del mediodía, volvió al campo de batalla y tomó posiciones en Neptuno ¾ CCOO y UGT, sindicatos convocantes¾ y en la plaza de la Lealtad, junto al palacio de La Bolsa ¾bloque crítico del 15‑M¾. Los dos batallones marcharon juntos hasta llegar a la glorieta de Cibeles, donde se dividieron: hacia el Este, CC OO, UGT, PSOE, IU y otros tomaron la Puerta de Alcalá; hacia el Oeste, muchísimos indignados
desfilaron por la calle de Alcalá, que no estaba del todo cortada al
tráfico rodado, para finalmente sitiar la plaza de la Puerta del Sol. La
división se debe a que las huestes enemigas siguen padeciendo luchas
intestinas; todavía, de vez en cuando, los indignados vocean: “Barato,
barato, se vende el sindicato”; “PSOE, PP, la misma mierda es”.
La
lucha entre El Enemigo y el poder se desarrolló en una mañana cálida,
de primavera anticipada, que invitaba al asueto y a la relajación. Había
furgones policiales cortando calles y custodiando edificios como el
Congreso de los Diputados, el ministerio de Educación, la consejería de
Educación y Empleo o Caja Madrid; sin embargo, los agentes apostados en
estos lugares mantenían una actitud laxa: estaban tranquilos, charlando
entre ellos, con la fila algo descolocada. Iban a cara descubierta, pues
con el calor no hay quien aguante el verduguillo o lo que sea eso que
se ponen. (En la manifestación del Día de la Mujer a algunos de estos
recios agentes sólo se les veían los ojos, sería porque hacía más
fresco). Pues eso, la policía relajada mientras El Enemigo radicaliza el
contenido de su mensaje: “Los próximos recortes serán con guillotina”.
También lo cantaban separando sílabas: “Gui‑llo‑ti‑na”. Las fuerzas de
seguridad no pueden hacer nada con las porras, ni con los botes de humo y de gases lacrimógenos que ha comprado Interior
para hacer frente a los disturbios. El Enemigo sólo cuenta entre sus
armas con pancartas, camisetas estampadas con mensajes y cánticos. En
estas condiciones la policía no puede hacer absolutamente nada. Las
milicias enemigas avanzan cantando como si fueran romanos en películas
de cristianos aunque no están precisamente muy católicas: “Rouco, apoya
ley anti‑obrera. Qué clero espanta viejas”; Un clero vendido bendice a
los bandidos” (pancartas).
Huelga general contra la reforma laboral
Desde
que una autoridad policial les llamó El Enemigo, los manifestantes
confirman que, además de que no les representan, les sitúan en un bando
al que hay que dominar: “No nos representan, peor: ya somos el enemigo”
(pancarta). Entre los manifestantes y el Gobierno del Partido Popular
sólo cabe el enfrentamiento, instigado más aún por la reforma laboral y
los recortes que hacen que el Enemigo se sienta atacado cruelmente
(pancartas): “Reforma laboral, violencia legal”; “¡Guantánamo laboral,
no!”; “Rompéis muy agresivos el pacto social”; “Reforma laboral, nazi
total”; “Es criminal recortar la sanidad”;”Esclavos, no”, “Quieren
acabar con todo”; “Si me aprietas
más voy a reventar”, texto que acompaña al dibujo de un hombre con los
testículos gigantes. El Enemigo, que percibe que le quieren herir de
muerte, recobra fuerzas y también emplea el lenguaje bélico en sus
mensajes pues se auto‑declara en lucha (pancartas): “Sin pan, ni
paz”; “PP, ayer guerra de Irak; PP, hoy guerra social”; “Su crisis es
una estafa, rompe la paz social”. Como si estuvieran en el fulgor de la
batalla y el adversario lanzase una bomba, unos jóvenes gritan “Todos
al suelo que viene una reforma” y eso, caen sobre el asfalto.
Inmediatamente se vuelven a levantar y corean: “Se va a acabar, se va a
acabar, se va a acabar la paz social”. Y es que el Enemigo está muy
harto y con enfado vocea: “Estas soluciones por el forro los cojones”.
El
blanco de la ira de las fuerzas enemigas no es sólo el Gobierno, sino
que también forman parte del él los empresarios, por tanto disparan
contra ellos mensajes a plena voz como este: “Reforma laboral, negocio
patronal”. Una de las armas de El Enemigo más temida por Gobierno y
empresarios es la huelga general. Las milicias enemigas saben que la
convocada para el día 29 no será suficiente, que es válvula de escape y
que los empresarios y el Gobierno la sufrirán como un catarro pasajero.
Creen que será necesario extremar las acciones, gritan: “Salvaje e
indefinida, huelga general”. Prevén la lucha larga y, con humor, el
cántico “Hace falta una huelga, una huelga, hace falta ya una huelga
general”, lo han modificado y donde decían “una” ahora dicen “otra”.
El
Enemigo tiene abiertos diferentes flancos y en la marcha no sólo atacó
al Gobierno, los empresarios y el clero, también a la monarquía, a la
banca y a los corruptos: “El próximo desahucio que sea en la Zarzuela”
(voz); “Rey que acepta regalos, tendrá yerno e hija raros. Ella cobrar
sí sabía”; “Basta ya de mayorías y leyes pro oligarquías”; “Recorta tu
corrupción, gobierno y banco ladrón” (pancartas). Al pasar frente al
Ayuntamiento (Palacio de Cibeles) voceaban: “Ahí está la cueva de Alí
Babá. Para la presidenta del Gobierno autonómico: Espe yo te quiero,
Espe yo te adoro, tengo tu foto en el inodoro”. Para del presidente del
gobierno de España: “Mariano no llegas a verano”.
Costumbrismo
El
calor del sol de mediodía y de la concurrencia humana más los bailes,
los cánticos y la propia marcha hacen mella en las gargantas enemigas
que se secan. “Agua, cerveza, Coca‑cola bien frías”, vocean los
vendedores oportunistas y clandestinos que con carritos se han colado
entre las filas enemigas. “¡El agua a un euro! No jodas, por esa botella
tan pequeña”. Sí, se han infiltrado los que quieren hacer el agosto
proveyendo víveres. Hay también vendedores de prensa de la que nunca se
encuentra en los quioscos, por ejemplo El Militante.
Por supuesto, están los repartidores de octavillas que explican motivos
y convocan a nuevas protestas. Al suelo han caído unas que convocan
para el día 22, Día Internacional del Agua, una concentración en Sol
contra la privatización del Canal de Isabel II. También ha venido, como
siempre, la señora del carrito que lo mismo a
grito “pelao” dice “No hay pan pa’ tanto chorizo”, que te vende unos
silbatos o unos calcetines. La vida bulle en el frente y ya se observa
cierto costumbrismo en acciones y personajes. Costumbre es y será que
los del 15M se quieran distinguir de los grupos institucionales ¾sindicatos y partidos que acuden a la protesta¾,
así que marcan su territorio, Sol, donde otra vez más celebrarán una
asamblea, justo a un lado de la entrada de la estación de Cercanías ¾el que mira para Montera¾.
Por eso ahí mismo, los veteranos han colocado su pancarta: “¡No robéis
nuestros derechos! Jubilados y pensionistas. Movimiento 15‑M”. El
Enemigo lleva siglos de lucha sobre sus espaldas y juntos, mayores y
jóvenes, no van a permitir que les arrebaten lo ya conquistado.