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martes, 13 de marzo de 2012

El Enemigo canta “Gui-llo-ti-na”

El domingo 11 de marzo, tres semanas después de la gran manifestación contra la reforma laboral del Gobierno de Mariano Rajoy (19 de febrero) y a dieciocho días de la huelga general (convocada para el 29 de marzo), El Enemigo, a las doce del mediodía, volvió al campo de batalla y tomó posiciones en Neptuno ¾ CCOO y UGT, sindicatos convocantes¾ y en la plaza de la Lealtad, junto al palacio de La Bolsa ¾bloque crítico del 15‑M¾. Los dos batallones marcharon juntos hasta llegar a la glorieta de Cibeles, donde se dividieron: hacia el Este, CC OO, UGT, PSOE, IU y otros tomaron la Puerta de Alcalá; hacia el Oeste, muchísimos indignados desfilaron por la calle de Alcalá, que no estaba del todo cortada al tráfico rodado, para finalmente sitiar la plaza de la Puerta del Sol. La división se debe a que las huestes enemigas siguen padeciendo luchas intestinas; todavía, de vez en cuando, los indignados vocean: “Barato, barato, se vende el sindicato”; “PSOE, PP, la misma mierda es”.
La lucha entre El Enemigo y el poder se desarrolló en una mañana cálida, de primavera anticipada, que invitaba al asueto y a la relajación. Había furgones policiales cortando calles y custodiando edificios como el Congreso de los Diputados, el ministerio de Educación, la consejería de Educación y Empleo o Caja Madrid; sin embargo, los agentes apostados en estos lugares mantenían una actitud laxa: estaban tranquilos, charlando entre ellos, con la fila algo descolocada. Iban a cara descubierta, pues con el calor no hay quien aguante el verduguillo o lo que sea eso que se ponen. (En la manifestación del Día de la Mujer a algunos de estos recios agentes sólo se les veían los ojos, sería porque hacía más fresco). Pues eso, la policía relajada mientras El Enemigo radicaliza el contenido de su mensaje: “Los próximos recortes serán con guillotina”. También lo cantaban separando sílabas: “Gui‑llo‑ti‑na”. Las fuerzas de seguridad no pueden hacer nada con las porras, ni con los botes de humo y de gases lacrimógenos que ha comprado Interior para hacer frente a los disturbios. El Enemigo sólo cuenta entre sus armas con pancartas, camisetas estampadas con mensajes y cánticos. En estas condiciones la policía no puede hacer absolutamente nada. Las milicias enemigas avanzan cantando como si fueran romanos en películas de cristianos aunque no están precisamente muy católicas: “Rouco, apoya ley anti‑obrera. Qué clero espanta viejas”; Un clero vendido bendice a los bandidos” (pancartas).
Huelga general contra la reforma laboral
Desde que una autoridad policial les llamó El Enemigo, los manifestantes confirman que, además de que no les representan, les sitúan en un bando al que hay que dominar: “No nos representan, peor: ya somos el enemigo” (pancarta). Entre los manifestantes y el Gobierno del Partido Popular sólo cabe el enfrentamiento, instigado más aún por la reforma laboral y los recortes que hacen que el Enemigo se sienta atacado cruelmente (pancartas): “Reforma laboral, violencia legal”; “¡Guantánamo laboral, no!”; “Rompéis muy agresivos el pacto social”; “Reforma laboral, nazi total”; “Es criminal recortar la sanidad”;”Esclavos, no”, “Quieren acabar con todo”; “Si me aprietas más voy a reventar”, texto que acompaña al dibujo de un hombre con los testículos gigantes. El Enemigo, que percibe que le quieren herir de muerte, recobra fuerzas y también emplea el lenguaje bélico en sus mensajes pues se auto­­­‑declara en lucha (pancartas): “Sin pan, ni paz”; “PP, ayer guerra de Irak; PP, hoy guerra social”; “Su crisis es una estafa, rompe la paz social”. Como si estuvieran en el fulgor de la batalla y el adversario lanzase una bomba, unos jóvenes gritan “Todos al suelo que viene una reforma” y eso, caen sobre el asfalto. Inmediatamente se vuelven a levantar y corean: “Se va a acabar, se va a acabar, se va a acabar la paz social”. Y es que el Enemigo está muy harto y con enfado vocea: “Estas soluciones por el forro los cojones”.
El blanco de la ira de las fuerzas enemigas no es sólo el Gobierno, sino que también forman parte del él los empresarios, por tanto disparan contra ellos mensajes a plena voz como este: “Reforma laboral, negocio patronal”. Una de las armas de El Enemigo más temida por Gobierno y empresarios es la huelga general. Las milicias enemigas saben que la convocada para el día 29 no será suficiente, que es válvula de escape y que los empresarios y el Gobierno la sufrirán como un catarro pasajero. Creen que será necesario extremar las acciones, gritan: “Salvaje e indefinida, huelga general”. Prevén la lucha larga y, con humor, el cántico “Hace falta una huelga, una huelga, hace falta ya una huelga general”, lo han modificado y donde decían “una” ahora dicen “otra”.
El Enemigo tiene abiertos diferentes flancos y en la marcha no sólo atacó al Gobierno, los empresarios y el clero, también a la monarquía, a la banca y a los corruptos: “El próximo desahucio que sea en la Zarzuela” (voz); “Rey que acepta regalos, tendrá yerno e hija raros. Ella cobrar sí sabía”; “Basta ya de mayorías y leyes pro oligarquías”; “Recorta tu corrupción, gobierno y banco ladrón” (pancartas). Al pasar frente al Ayuntamiento (Palacio de Cibeles) voceaban: “Ahí está la cueva de Alí Babá. Para la presidenta del Gobierno autonómico: Espe yo te quiero, Espe yo te adoro, tengo tu foto en el inodoro”. Para del presidente del gobierno de España: “Mariano no llegas a verano”.
Costumbrismo
El calor del sol de mediodía y de la concurrencia humana más los bailes, los cánticos y la propia marcha hacen mella en las gargantas enemigas que se secan. “Agua, cerveza, Coca‑cola bien frías”, vocean los vendedores oportunistas y clandestinos que con carritos se han colado entre las filas enemigas. “¡El agua a un euro! No jodas, por esa botella tan pequeña”. Sí, se han infiltrado los que quieren hacer el agosto proveyendo víveres. Hay también vendedores de prensa de la que nunca se encuentra en los quioscos, por ejemplo El Militante. Por supuesto, están los repartidores de octavillas que explican motivos y convocan a nuevas protestas. Al suelo han caído unas que convocan para el día 22, Día Internacional del Agua, una concentración en Sol contra la privatización del Canal de Isabel II. También ha venido, como siempre, la señora del carrito que lo mismo a grito “pelao” dice “No hay pan pa’ tanto chorizo”, que te vende unos silbatos o unos calcetines. La vida bulle en el frente y ya se observa cierto costumbrismo en acciones y personajes. Costumbre es y será que los del 15M se quieran distinguir de los grupos institucionales ¾sindicatos y partidos que acuden a la protesta¾, así que marcan su territorio, Sol, donde otra vez más celebrarán una asamblea, justo a un lado de la entrada de la estación de Cercanías ¾el que mira para Montera¾. Por eso ahí mismo, los veteranos han colocado su pancarta: “¡No robéis nuestros derechos! Jubilados y pensionistas. Movimiento 15‑M”. El Enemigo lleva siglos de lucha sobre sus espaldas y juntos, mayores y jóvenes, no van a permitir que les arrebaten lo ya conquistado.
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miércoles, 19 de octubre de 2011

15-O Madrid: “Esta crisis no la pagamos”

El sábado 15 de octubre ¾cinco meses después del 15-M, día de San Isidro¾ las marchas procedentes de distintos puntos de Madrid llegan a la plaza de la Cibeles por el paseo de Recoletos, la calle de Alcalá y el paseo del Prado. Son las seis de la tarde, y todas estas marchas se transforman en una que se dirige hacia la Puerta del Sol para poner de manifiesto que cada vez son más los indignados por todo lo que está sucediendo en torno a la llamada “crisis económica”. A las siete menos cuarto de la tarde la fuente de la diosa sigue rodeada debido a que los manifestantes se aproximan por todos los flancos, especialmente por el sur. Si se echa un vistazo al paseo del Prado no se atisba un hueco; si se mira hacia la calle de Alcalá en dirección a Sol lo que se ve es un mar de cabezas sobre el que navegan pancartas, banderas republicanas y arcoíris, globos y caricaturas. Hay lleno total y la marcha avanza despacio; algunos se encaraman a las vallas, a las farolas o a cualquier otro tipo de mobiliario urbano que les permita hacer una fotografía panorámica de la colorida muchedumbre.
El conjunto de los manifestantes es variopinto: niños, jóvenes y mayores; bicicletas, cochecitos de bebé y sillas de ruedas; profesores, filósofos y actores famosos; indumentaria formal e informal, cómoda, deportiva, hippy, punk, elegante y hasta algo pija; y, por supuesto, camisetas verdes de las que reivindican la educación pública. Hay varias batucadas a lo largo de la marcha y una pequeña orquesta con sus clarinetes, tambores y otros instrumentos. Algunos grupos llevan papelitos con las letras de sus canciones, que además bailan.
El griterío y las pancartas son sobre el origen y las soluciones que se están dando a esta crisis de carácter mundial, por eso con frecuencia se ven frases escritas en inglés u otros idiomas. Y de lo global a lo local, pues hay textos y voces que aluden al PSOE y al PP, a Rubalcaba y a Rajoy, y a Esperanza Aguirre, presidenta del gobierno de la Comunidad de Madrid. Se está en contra de los bancos, el sistema, el hambre, la desigualdad, los recortes y las privatizaciones; se está a favor de la democracia participativa, la lucha y el cambio. En esta gran manifestación confluyen pancartas y cánticos oídos en otras marchas anteriores más específicas: por la enseñanza y la sanidad públicas, por un estado laico, por el trabajo decente, hasta por el agua. No obstante, el grito más repetido es: “Esta crisis no la pagamos”. Dicha consigna, breve y clara, se vocea con decisión durante el recorrido, en los momentos clave, para levantar el ánimo y a la llegada a Sol.
Contra los bancos y el sistema
Contra los bancos algunos manifestantes entonan una canción con la música de “Hola Don Pepito/Hola Don José”, solo que ésta dice: “¡Hola BBV!/ ¡Hola Santander!/ ¿Se quedó con las casas?/ Con las casas me quedé/ ¿Qué hizo con la deuda?/ Al Estado la pasé/ ¡Qué bien BBV!/ ¡Qué bien Santander!” Las pancartas que tienen a los bancos como protagonistas son de las más numerosas, ejemplos: “No al fraude hipotecario”; “Por una banca pública”; “Nacionalizar cajas y bancos; banca, al banquillo”; RoBankia”; “ERE al Banco de España”; “Bankero, ratero, devuelve el dinero”; “Fuck the bank”; “Bankero, ladrón, no tienes corazón”; “Bancos usureros”; “Las cajas, nuevo botín”. Se corea eso de “Un bote, dos botes, banquero el que no bote”. Otras pancartas exigen que paguen la crisis quienes la originaron: “Se forraron con la burbuja y ahora que pague Rita, la ciudadana”; “Que paguen la crisis sus culpables”; “No al sakeo”.
Un grupo lleva en alto unas escobas y en el cartel que las acompaña se lee: “La revolución de las escobas, dispuestas a barrer todo lo que no nos gusta del sistema”. Otro grupo, ataviado con ropa oscura sobre cuya camiseta está estampada la palabra “Bomberos”, porta una enorme pancarta en la que un texto rodeado por una llama de fuego dice: “Quemados con el sistema”. Más allá otros manifestantes sujetan otra gran pancarta: “Neoliberalismo: tóxico para el plantea y para el hombre”. No se está conforme con un sistema que produce desigualdad: “Unos, palacios; otros, ni espacio”; “Reparto de la riqueza”.
Por la democracia, el cambio y el estado de bienestar
Unas caricaturas de cartón gigantes que representan a Rajoy, Rubalcaba, Merkel y Sarkozy van tras una silueta que lleva el símbolo del dólar en dorado sobre el fondo oscuro de la chaqueta de su traje. Y es que la democracia y la política están también muy presentes en la protesta. Se grita: “Ley electoral, estafa total”. Se canta: “Oé, oé, lo llaman democracia y no lo es. Es una dictadura, eso es”. Se lee: “PPSOE, hay que pararlos”; “Democracia participativa”; “Cargando Democracia 2.0”; “Políticos, somos vuestros jefes y os estamos haciendo un ERE”; “Tomamos las calles, tomamos el poder”; “Bilderberg siempre gana las elecciones antes de que votemos”.
Unos carteles contienen simplemente la palabra “Cambio” en varios idiomas, otros, “Global change”; una pancarta grande invita a ese cambio más directamente: “Sal a la calle, crea otro mundo”. No faltan los cánticos que siempre reconfortan y animan a la lucha: “De Norte a Sur, de Este a Oeste, la lucha sigue, cueste lo que cueste”; “Que viva la lucha de la clase obrera”; y el que todo el mundo conoce es coreado con vehemencia en Sol y calles adyacentes: “El pueblo unido, jamás será vencido”.
Un conjunto de pancartas en colores negro y amarillo explican los motivos de la protesta, a saber: “Porque quieres trabajo, no caridad”; “Porque estás hart@”; “Porque no estudias para esto”; “Porque sin tu voz no hay democracia; “Porque usarán tu sed para forrarse”. Otras pancartas se refieren a la sanidad y a la educación públicas consideradas pilares del estado del bienestar. La gente se ríe y dice “muy buena” a esta: “Copago sanitario, copollas en vinagre”. Un grupo de jóvenes al llegar a Sol se sube a lo alto de un quiosco para extender una pancarta con la leyenda: “Trabajamos para la vida. Una vida sin recortes. Indignados H. La Paz”. Las camisetas verdes se pueden ver durante todo el trayecto luciendo su reivindicación: “Educación pública: para tod@s de tod@s”. Como en otras manifestaciones al llegar a la consejería de Educación se oye: “Esperanza, dimisión”; y, como tantas veces en los últimos tiempos, sea sobre lo que sea la protesta en Madrid: “Espe, Espe, especulación”.
Kilómetro Cero
Como la calle de Alcalá en dirección a la Puerta del Sol va llena, llenísima, los manifestantes pretenden llegar a la emblemática plaza subiendo por Gran Vía o Caballero de Gracia para luego bajar por Montera, Carmen o Preciados. Son rutas por las que se desvía mucha gente aprovechando que el tráfico está cortado y algunas de esas calles son peatonales. Se camina mejor, aunque también está muy concurrido: manifestantes, turistas, consumidores de las tiendas del centro, vendedores callejeros, gente vestida para salir la noche del sábado. Entre las ocho y las ocho y media todos quieren avanzar hacia el Kilómetro Cero, pero es tarea ardua, aun así la gente se empeña en ello. Muchos de los que han entrado, salen con helados, hamburguesas, refrescos. Desde la megafonía se ruega que se sitúen cerca de Ópera y la Calle Mayor que está más despejado; la entrada por Alcalá es un embudo atascado en el que puede haber problemas. Milagro: desde la calle del Carmen una ambulancia del Samur atraviesa Sol entre la multitud.
Alrededor de las nueve de la noche, una mitad de la plaza, la cercana a la calle Mayor y a Arenal, está llena pero es más fácil ir de un lado para otro. En la otra mitad, en la que mira a Alcalá, desplazarse sigue siendo un reto. Los manifestantes jóvenes se han sentado en el suelo ocupando una zona que limita con un lado de la acristalada entrada al tren de cercanías ¾donde se ubica la megafonía¾ y la calzada de Alcalá donde ya trabajan los operarios de limpieza; pero también se extiende la sentada hacia Montera y junto a la estatua de Carlos III, la cual está rodeada por pancartas sobre diversos temas, desde la tragedia del hambre en el mundo hasta la reivindicación de las bibliotecas públicas. Hay gente sentada en las barandillas de la boca del metro, incluso en algunos andamios. La gente conversa en sus corrillos o escucha lo que suena por un micrófono que va cambiando de manos: música, un orador que dice que vamos a hacer un exorcismo a los mercados, alguien que entona una canción protesta compuesta para la ocasión. La noche avanza y las voces se sucederán ante el micrófono. Los jóvenes se quedan.
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