viernes, 30 de enero de 2015

80 años después el lenguaje antifascista resuena en Madrid: “¡No pasarán!” contra los grupos xenófobos y el Gobierno del PP

El 24 y el 25 de enero las Marchas de la Dignidad convocaron protestas en varias ciudades contra las “leyes mordaza”: Ley de Seguridad Ciudadana, reforma del Código Penal, reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal y Ley de Tasas. En Madrid, la marcha, que se realizó el domingo 25, partió de la Puerta del Sol a las doce y medía y finalizó a las dos de la tarde en el límite de la plaza de las Cortes. El día anterior por la tarde, desde Quevedo hasta Bretón de los Herreros hubo otra manifestación en contra de grupos neonazis. Estos manifestantes protestaban contra el Movimiento Social Revolucionario (MSR), grupo que ha ocupado un edificio en el barrio de Chamberí y que ofrece ayuda a desfavorecidos pero discriminando, es decir, solo para españoles. En ambas manifestaciones tres consignas fueron coreadas a pleno pulmón por sus participantes: “Nativa o extranjera, la misma clase obrera”; “¡No pasarán!”; “Madrid será la tumba del fascismo”. Estas dos últimas frases del lenguaje emblemático antifascista, se emplean, por tanto, por una parte de la opinión pública madrileña no sólo contra los grupos racistas y xenófobos que vuelven a estar en ascenso en algunos países de Europa, sino que también contra el Gobierno de Rajoy y el Partido Popular, a pesar de que hayan alcanzado el poder tras ganar unas elecciones en una democracia representativa. Contra los primeros parece lógico que se voceen tales proclamas pues son grupos cuyas ideas y acciones se asemejan a las de los movimientos totalitarios europeos de la primera mitad del siglo XX, pero ¿por qué se corean también contra el Gobierno de PP? Quizá por ser excesivamente autoritarios y antidemocráticos —ver tercera acepción que recoge el diccionario de la R.A.E. —, ya que durante el Gobierno de Rajoy aparte de estar desmantelándose el estado de bienestar, se está deteriorando la democracia con las “leyes mordaza” y la represión de la protesta y la movilización social; o quizá —sin excluir lo anterior— porque una parte de la población crea que este partido no logra desprenderse de sus vínculos con el franquismo; por ejemplo, es bien conocido  que su propio presidente fundador, Manuel Fraga Iribarne, fue ministro durante la dictadura. En cualquier caso, estas consignas son las mismas que se usaron hace ochenta años por parte de la resistencia madrileña durante el asedio de la ciudad. Si en 1937 la pancarta de la calle de Toledo rezaba “¡No pasarán! El fascismo quiere conquistar Madrid. Madrid será la tumba del fascismo”, la pancarta que la Coordinadora 25S exhibe en la protesta el 25 de enero de 2015 dice “¡No pasarán! El fascismo quiere amordazar al pueblo. Madrid será la tumba del fascismo”.

Contra las “leyes mordazas” y la represión ya existente
En la Puerta del Sol, frente a la estatua ecuestre de Carlos III, un pequeño camión animaba con canciones protesta; en su parte trasera se podía leer el extenso texto que habían elaborado las Marchas de la Dignidad para su pancarta: “Frente a su provocación y represión, la dignidad del pueblo. Nos quieren callar, para que no  contestemos. Nos quieren criminalizar, para asustarnos. Nos quieren castigar, para escondernos. Queriendo instaurar el derecho administrativo del enemigo”. Como se puede observar la pancarta advierte sobre la criminalización de los que protesten en un futuro inmediato, o sea, nada más entren en vigor la Ley de Seguridad Ciudadana y la reforma del Código Penal, y menciona el derecho administrativo del enemigo que sanciona al sujeto no por el hecho que realiza sino por su condición de “peligroso” o “enemigo”. Para reivindicar el derecho de manifestación otras pancartas más breves se apropian simbólicamente de la calle diciendo “La calle es nuestra”, “La calle es de todos”, en oposición a la frase autoritaria acuñada por Fraga: “La calle es mía”. La plataforma No Somos Delito mostró su habitual pancarta: “Vivir en democracia depende de ti. #Fueramordazas”. La de la Red Solidaria Antirrepresiva, portada por personas mayores, rezaba: “Ni detenciones ni encarcelaciones por luchar”. Se coreó “Ley mordaza, terrorismo estatal”;  “Ni esposas ni mordazas ni golpes de culata”; “La mordaza  para la Cospedal”. Esto último, que tiene pinta de broma, no llegaba a provocar la risa, el ambiente no era tenso pero tampoco admitía la fiesta.
Durante la marcha algunos colectivos denunciaron la represión de los que luchan que ya mismo se está produciendo, aún sin entrar en vigor las “leyes mordaza”. Al menos tres pancartas con la imagen de un joven exigían la libertad de Alfon, que es como se conoce a Alfonso Fernández Ortega, condenado a cuatro años de prisión por llevar presuntamente explosivos durante la huelga general del 14 de noviembre de 2012, aunque él considera que su proceso ha estado condicionado por motivos “políticos e ideológicos”. Las personas cercanas a la pancarta de la Asociación de Madres contra la Represión gritaban: “Libertad presos políticos”; “Libertad, libertad, detenidos por luchar”; “Nuestros hijos no son delincuentes”; “¡Basta ya de montaje policial!”; “¡Basta ya de juicios políticos!”
La policía no permite finalizar en la plaza de las Cortes
A la manifestación asistieron además de los colectivos ya mencionados, personas que portaban banderolas, pancartas o camisetas de estos colectivos: Red Roja, CGT, PCE, Solidaridad Obrera, Partido Humanista, la Solfónica, l@s yay@flautas. También acudieron los afectados por la hepatitis C, los trabajadores que temen despidos en Coca-cola y Madrid Río, los que denuncian las hipotecas tóxicas de la UCI y algunas asambleas populares del 15M. No hubo incidentes a pesar de los petardos que explotaban de vez en cuando, de algunas consignas muy radicales y de unos jóvenes que enarbolaban banderas totalmente negras e iban con la capucha puesta y la cara tapada hasta por debajo de los ojos.
Los participantes salieron de Sol y recorrieron los carriles de la derecha de la calle de Alcalá hasta Cibeles, donde la barrera policial encaminó la protesta hacia la  derecha, por el paseo del Prado; a la altura de Neptuno la marcha  vuelve a girar hacia  la derecha hacia la plaza de las Cortes, situada frente al Congreso de los Diputados. El paso a la plaza está cortado con vallas y una barrera de agentes de la Policía Nacional. Desde el escenario, colocado de espaldas a las vallas, una joven hace saber que la manifestación se ha cortado en ese determinado lugar “porque lo ha querido la policía, pero no acabababa aquí”. Una vez leído el manifiesto, los concurrentes volvieron a gritar repetidamente el simbólico lema: “¡No pasarán!” El hombre que tomó el micrófono para dar por finalizada la protesta añadió: “Contra su represión, nuestra solidaridad”; “A estos cachorros franquistas no se lo vamos a permitir”.

martes, 16 de diciembre de 2014

Ley mordaza: la muerte de la democracia

En España el diez de diciembre se puede conmemorar la firma de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y al día siguiente condenar a muerte el derecho a la información y el derecho de reunión, sin pudor, sin vergüenza, sin decencia; con “dos cojones” les  gusta decir a los fascistas y machistas, seguro que siguen empleando ese lenguaje cuando no les ve nadie. El once de diciembre de 2014 el Partido Popular en el Congreso de los Diputados hizo revivir el espíritu franquista y aprobó con su mayoría absoluta la ley mordaza, a la que llaman engañosamente Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana. Con ello las señorías peperas daban una patada en toda la boca ­—para que no hable—, en los ojos —para que no vea—, en las manos —para que no fotografié ni grabe— a una democracia que ya agoniza, escuálida por tantos  recortes. El Gobierno de Mariano Rajoy intenta silenciar a los ciudadanos que vienen poniendo en evidencia su devastadora política y para ello se sirve de la ley mordaza que dará paso a una situación que causa espanto, por ejemplo: menos poder para los jueces y más para la policía; multas desorbitadas para casi todo tipo de protesta (escraches, paralización desahucios, escalamiento de edificios, manifestaciones no comunicadas…); ocultamiento de información sobre abusos policiales; indefensión del ciudadano ante la palabra del policía. El día de los Derechos Humanos, previendo que al día siguiente se iba a aprobar la ley, los activistas de No Somos Delito convocaron una protesta para despedir educada y pacíficamente a la democracia, a la que con la ley mordaza se da por muerta. Quizá en el acto no estaban todos los que se esperaban, pero no hay duda de que los que acudieron eran los polítes (πολίτης), los que ejercen plenamente sus derechos de ciudadanía, los que generosamente participan en la vida pública. Son ellos los merecedores de profundo respeto y máximo agradecimiento pues resisten pisando la calle a pesar del hastío que la sinrazón fascista produce.
El cortejo fúnebre
Eran las siete y media de la tarde, había oscurecido, hacía algo de frío y las calles del centro de Madrid estaban repletas de gente como siempre ocurre en días próximos a las fiestas navideñas. Por la Puerta del Sol y sus aledaños abundan en estas fechas los que van a comprar regalos o lotería, los que van a tomar algo con los allegados y los que acuden por cualquier otra cosa, aunque solo sea para ver y ser vistos. Desde Ópera a Sol por la calle del Arenal, abriéndose paso entre el gentío, avanzaba el cortejo fúnebre en una marcha triste de verdad. Se hizo el recorrido de forma monótona, sobriamente, hasta se percibía algo de recogimiento. Encabezaban el cortejo cuatro personas vestidas de luto que portaban un ataúd en el que se leía: “No Somos Delito. Asistimos al entierro de la libertad de expresión y el derecho de manifestación. RIP”. Algunas mujeres llevaban velos negros o gafas de sol; tras ellas un hombre alto con abrigo de paño y bombín exhibía un cartel con la palabra “Represión”. Después seguían cuatro violinistas cuya delicada melodía quedaba sepultada por el murmullo incesante del hervidero humano. Un joven entre sollozos —hacía que lloraba— repartía entre los paseantes y los mirones papelitos con sugerencias para combatir la ley mordaza. Algunos integrantes del cortejo sujetaban velas encendidas y claveles rojos; otros, cuartillas prendidas en la solapa en las que estaban estampados lazos negros o caretas amordazadas. Las pancartas eran pequeñas y escuetas: “Libertad de expresión”; “Derechos Humanos”; “No nos callarán”; “Censura”; “Ley mordaza, dictadura descarada”; “Libertad de protestar”; “Con grises, hoy azules, Franco ha vuelto”. Por supuesto, no había silencio absoluto, pero tampoco risas ni fiesta. El grupo de teatro, que en otras ocasiones ha protestado contra la ley mordaza con alegría y los actores ataviados de payasos, ahora “lloraba”, “se lamentaba” consiguiendo que la imitación burlesca se convirtiera en una cosa seria. Cuando los actores, refiriéndose a la democracia, decían “¡Qué la han matado!” no esperaban que brotasen las carcajadas; esta vez la parodia es tan grave como la realidad: la han matado.
La hilera de manifestantes continuaba su trayecto por la plaza de la Puerta del Sol entre los mariachis, las loteras, los músicos callejeros que interpretan sin ganas rancios villancicos y, por supuesto, los transeúntes, la mayoría de ellos ajenos e ignorantes del luctuoso acontecimiento. Frases del idiotes desinformado conforme pasaba el cortejo: “Son los de los recortes”; “¡Pero, vamos, ahora hay manifestaciones los miércoles!”; “Van a misa”; “Es una procesión”. Algunos idiotes ni advirtieron que era una representación teatral en la calle. Dicen que en la antigua Grecia se utilizaba la palabra “idiotes” (διώτης) para referirse a quien no participaba en los asuntos públicos o, mejor dicho, para quien únicamente se dedicaba a sus asuntos privados. En torno a las fiestas navideñas el idiotes pulula por los alrededores de la Puerta del Sol deslumbrado hasta por la brillantez hortera de esos conos gigantes, de estructura metálica y eléctrica, que dicen que son árboles. Es capaz de gastar tiempo y dinero para ir al centro con tal de presumir diciendo que ha estado allí y ha visto esto y aquello. Mucho idiotes, mucho entraba y salía de las tiendas y los bares, y al paso del cortejo sacaba el móvil para fotografiarlo. El idiotes digital funciona por imitación y emula sin más lo que hacen los de su especie dotada de sofisticados artilugios captadores de imágenes. Se queda satisfecho cuando logra su máxima hazaña: subirlas a Twitter o Facebook. De nada servía que una mujer desde el interior del cortejo se desgañitase al decir “A ti, que estás mirando, también te están robando”. El idiotes no participa en la lucha aunque luego se beneficie de lo que conquistan los otros, los polítes. Es un mal con el que hay que contar.
Más cámaras y más móviles; fotos y más fotos. Algunos se suben a la fuente para la mejor toma. Los turistas también quieren una imagen de lo que sea eso, de la ristra de gente que camina tras un ataúd simbólico. Por su parte, los fotógrafos y camarógrafos profesionales hacen lo propio, eso sí, ellos están trabajando: de cerca, para captar el primer plano; de lejos y por las alturas, para obtener una buena panorámica. Buscan el mejor ángulo, la luz óptima y la originalidad con lo que hoy por hoy son sus herramientas de trabajo, pero, cuando entre en vigor la ley mordaza, serán consideradas por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad armas delatoras, traidoras, peligrosas. En la “democracia policiaca” esta orgía de la imagen no será igual para el profesional ni para el aficionado, ni siquiera para el curioso.
El pésame
Se voceó poco en la protesta. En la calle del Arenal, ya cerca de la confluencia con la Puerta del Sol es donde se oyeron las primeras consignas; desde la parte trasera del cortejo se coreó: “La voz del pueblo no es ilegal”. Luego, más frases cortas; voces fuertes, claras, rotundas, sin embargo el ambiente seguía desabrido y no respondía nadie, sólo los ya convencidos. La policía ronda por la plaza aunque no interrumpe la protesta, parece que en esta ocasión no importa mucho si es o no comunicada. Los manifestantes, según su costumbre van hacia la “ballena” (entrada acristalada al Metro y al tren de Cercanías) y se ubican en la zona peatonal, donde se realizan las asambleas y se cierran las protestas desde que existe el 15‑M. Allí ya aguardan más manifestantes que sobre el lateral de la “ballena” han apoyado una corona de flores y otro féretro en el que, entre otras cosas, han escrito: “RIP. Con la ley mordaza muere nuestra libertad”. Junto a estos símbolos el cortejo fúnebre coloca su ataúd y en el suelo, frente a todo ello, pusieron las velas encendidas. Los actores se situaron a la izquierda de este altar, uno al lado del otro, y como si fuesen los allegados se iban dando el pésame con gesto compungido, largos abrazos y besos de consuelo. Previamente se había extendido una cuerda blanca para separar al grupo de teatro del resto de concurrentes, de modo que hubiese un espacio delimitado para la escenificación, pero no sirvió de nada. La cuerda desapareció y los límites también. Se procedió a la lectura de un comunicado que apenas se oía. A pocos metros, hacia la calle de Alcalá, los colectivos de homosexuales, transexuales y bisexuales habían estirado una bandera arcoíris sobre el suelo, en ella también habían depositado sus velas encendidas, y también leían sus reivindicaciones; igualmente tampoco se les oía. Los activistas de No Somos Delito finalizaron su acto una vez más voceando breves proclamas: “Manifestarse sirve”; “¡No a la ley mordaza!”; “Que no tenemos miedo”. Moviendo las palmas de las manos por encima de sus cabezas: “Estas son nuestras armas”. Las voces se perdían entre el bullicio y la indiferencia de la plaza.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Mordazas contra la “ley mordaza” en Sol

La plataforma No Somos Delito convocó para el uno de noviembre una concentración en la Puerta del Sol de Madrid contra la Ley de Seguridad Ciudadana, la cual puede ser aprobada antes de las navidades, según indica este colectivo en su página web. El pasado 11 de julio el Consejo de Ministros aprobó el Proyecto de Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana; el 16 de octubre se debatió en el Congreso de los Diputados, donde se han rechazado nueve enmiendas a la totalidad de la ley presentadas por toda la oposición. Actualmente sigue su tramitación parlamentaria que, en opinión de algunos colectivos y partidos políticos, se está haciendo con gran celeridad y no con la calma y reflexión que una ley tan importante requiere. Esta ley ha sido llamada “ley mordaza”, “antiprotestas” y “anti‑15M” porque, entre otras cosas, sanciona con multas desproporcionadas nuevos tipos de protesta (escalamiento de edificios y monumentos, paralización de desahucios, perturbación en manifestaciones frente al Congreso, Senado y Asambleas autonómicas, etc.), manifestaciones o reuniones no comunicadas, y el uso de imágenes y datos personales o profesionales de miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Los contrarios a esta ley sostienen que da a la policía gran capacidad para reprimir las protestas y afirman que restringe la libertad de expresión y el derecho de manifestación. Durante la protesta en Sol un grupo de teatro, con los actores disfrazados de payasos, llegó con un ataúd que simbolizaba la muerte de estos derechos.
La concentración comenzó a las doce del mediodía; el sol de otoño iluminaba y calentaba la plaza como si fuese verano. Los asistentes se colocaron junto a la entrada acristalada del tren de Cercanías (la “ballena”), en el lado que mira para la calle de la Montera. Eran cientos de personas, algunos medios calculan unas quinientas; en cualquier caso, no ocupaban ni la mitad de la plaza. El ambiente parecía casi íntimo, de amigos: la gente se saludaba y charlaba en sus corrillos. Algunas personas repartían mordazas azules y pequeñas pancartas a todo el que las quisiera. Las pequeñas pancartas aludían al tema de la convocatoria y a la corrupción: “Leyes represoras, no nos callarán”; “País mudo, no muda”; “Libertad de protestar”; “Con sobres o tarjetas, nadie os gana jetas”; “Golpe a golpe, Franco ha vuelto”; “Pueblo manso, pueblo esclavo, bien drogado”. Apenas había pancartas grandes: de tamaño mediano era la del 15M de Puente de Vallecas, y algo más grande la de No Somos Delito, que estuvo desplegada en el lateral de la “ballena”, donde dos jóvenes encaramados la sujetaban. En ella se leía: “Vivir en democracia depende de ti. No#leymordaza”.
El acto transcurrió pacíficamente, amenizado por la Solfónica, pero sin llegar a ser una gran fiesta de bailes y cánticos. Los actores ataviados de payasos entraron gritando repetidamente entre sollozos: “¡Qué la han ‘matao’!” Portaban un ataúd en el que habían escrito: “Asistimos al entierro de la libertad de expresión y el derecho de manifestación. R.I.P.” Llevaron a cabo su representación cerca del lateral de la “ballena” y rodeados por el resto de concurrentes. Miembros de No Somos Delito procedieron a leer un manifiesto. El momento más emocionante y participativo consistió en guardar un minuto de silencio amordazados. Abundaban las mordazas azules, aunque también las había de otros colores, como las de los yay@flautas que eran negras. Otros congregados improvisaron mordazas con sus pañuelos o fulares. Unos estaban sentados en el suelo, otros de pie; todos en semicírculo mirando hacia la “ballena”. Una buena parte de los asistentes tenía los brazos extendidos hacia arriba con las manos abiertas. Nada más terminar el minuto de silencio se voceó “La voz del pueblo no es ilegal” y otras consignas que aludían a la lucha, por ejemplo: “Pueblo, si no luchas, nadie te escucha”; “La lucha es el único camino”;  “¡Qué no (3) tenemos miedo!” La concentración finalizó alrededor de la una. Se dispersó tranquilamente, por lo que cuesta entender la intervención de los agentes de la Policía Nacional, que procedieron a identificar a algunos de los asistentes que aún permanecían en la plaza. Además, se llevaron a un joven.
La calle se defiende en la calle
Cuando un grupo intuye que no habrá mucha gente para apoyar una protesta convoca una concentración en un lugar concreto en vez de una manifestación con más o menos recorrido. A veces las intuiciones fallan y las concentraciones se desbordan e, incluso, pueden terminar en manifestación. Dado el duro golpe que para la democracia supone la “ley mordaza”, cabría esperar que la concentración del uno de noviembre se desbordara, pero ello no ocurrió. Se puede decir que No Somos Delito acertó en su intuición. Para defender la libertad de expresión, el derecho a la información en su doble vertiente  —emitir y recibir información veraz— y el derecho de manifestación, recogidos en los artículos 20 y 21 de la Constitución, había alrededor de medio millar de personas concentradas en la Puerta del Sol. Con este dato cobran importancia los ausentes, que si bien han protestado en otros foros o en las redes sociales contra esta ley, no están en la calle para luchar contra ella. En Sol no ondeaban las banderolas de los partidos políticos, ni de la vieja política ni de la nueva; ni se leían pancartas de los sindicatos minoritarios ni de los mayoritarios. Una pancarta espetaba: “CC OO‑UGT de huelga? No, de vacaciones”. Tampoco había pancartas de las mareas como tales, ni siquiera de la blanca o la verde que tanto han recurrido a estos derechos últimamente. También se hallaban ausentes las pancartas u otros símbolos de las asociaciones o colectivos de periodistas, fotógrafos y camarógrafos, a los que la ley puede afectar en el desempeño de su trabajo. ¿Cómo puede ser que para un tema tan grave la movilización no esté siendo mayor? La calle se defiende en la calle, y eso de momento no está ocurriendo, a pesar de la urgencia que el asunto ya requiere. Dificultar la información sobre intervenciones policiales en las protestas, castigarlas con multas desproporcionadas o crear miedo en torno a ellas, demuestra el nulo carácter democrático del Gobierno de Rajoy —y del ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, defensor de la ley—, pero la falta de una gran movilización contra la “ley mordaza” también está revelando la incultura y la escasa responsabilidad y conciencia de un pueblo que debería estar luchando por la libertad de expresión, el derecho a la información y el derecho de manifestación —esenciales para una democracia— hasta conseguir paralizar esa reaccionaria ley. Es evidente que se necesita una movilización mayor y continuada hasta lograr este objetivo. Va a requerir mucho esfuerzo e imaginación.


Citas en los cristales de la “ballena”
En la entrada del tren de Cercanías había pegados carteles con célebres citas, un folio por cada frase en letras grandes. Son estas:

No hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo el calor de la justicia. Montesquieu”.

“¿De qué sirve decir la verdad sobre el fascismo que se condena si no se dice nada contra el capitalismo que lo origina? Bertolt Brecht”.

Tristes tiempos estos en los que hay que luchar por lo que es evidente”. (De Dürrenmatt)



miércoles, 15 de octubre de 2014

No al TTIP. Una manifestación para impedir la dictadura de las multinacionales

Las negociaciones del Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión —más conocido por sus siglas en inglés, TTIP— entre Estados Unidos y la Unión Europea están provocando el rechazo de diversos colectivos en diferentes países. Entre los principales temores que suscita este acuerdo de libre comercio, uno tiene que ver con el Mecanismo de Resolución de Conflictos entre  Inversor y Estado (ISDS, siglas en inglés) que, según los grupos contrarios al acuerdo, se trata de tribunales de arbitraje —tildados de “antidemocráticos”, “privados” y “secretos”—, compuestos por abogados corporativos, ante los cuales las grandes empresas podrían pedir indemnizaciones a los estados soberanos si las decisiones de estos para proteger a los consumidores, los pacientes, los trabajadores o el medio ambiente, afectan negativamente a sus beneficios. Según los críticos, el TTIP también podría reducir la seguridad alimentaria, pues propugna la desregularización y con ella la entrada en la Unión Europea de productos químicos y alimentos —entre otros, mencionan los transgénicos— que actualmente están estrictamente regulados e, incluso, prohibidos. En el terreno laboral temen que al equipararse la legislación de Estados Unidos con la de la Unión Europea se limite el derecho de los trabajadores a “auto-organizarse” y la pérdida de millones de puestos de trabajo. “Frenemos las negociaciones del Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) entre la Unión Europea y Estados Unidos porque intensificará las privatizaciones, ahondará en recortes sociales y pérdida de derechos laborales, y perpetuará la crisis ambiental”; este es el texto de la portada del folleto de Ecologistas en Acción  y la Campaña No al TTIP que se repartió en la manifestación de Madrid el 11 de octubre de 2014, Día de Acción Europea contra el TTIP, el CETA y el TISA, y Día Internacional contra el Fracking. La marcha comenzó a las seis de la tarde y recorrió la calle de Atocha, la plaza de Jacinto Benavente y finalizó en la plaza de la Provincia, frente a la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación. Sin embargo, ni el TTIP ni el fracking fueron los únicos temas de la protesta, la movilización fue también de apoyo a Teresa Romero, la técnico de enfermería ingresada en el Hospital Carlos III por padecer ébola, y sobre quien el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Javier Rodríguez, ha realizado declaraciones infames e irresponsables. Es en este contexto donde cobra sentido la pancarta que llevaban los compañeros de Teresa: “Exigimos que las autoridades sanitarias respeten a los profesionales. SAE”. Los dos principales temas de la protesta quedaron unidos en una sola frase coreada por la concurrencia: “Menos tratado, más sanidad”.
Objetivo: parar el TIPP
Es muy difícil lograr una protesta masiva en sábado por la tarde, con el cielo nublado y los relámpagos iluminando intermitentemente la ciudad, pero es más costoso todavía si el tema en cuestión no es muy conocido: los convocantes han denunciado la escasez de información sobre el tratado y la ausencia de la ciudadanía en el proceso de las negociaciones. Aun así, la marcha contra el TTIP ocupó todos los carriles de la calle de Atocha y duró alrededor de dos horas. Las proclamas más coreadas recalcaban el principal objetivo de la movilización internacional: impedir la firma del tratado. La consignas en este sentido eran breves: “No al TTIP”; No al fracking”; “Este tratado lo vamos a parar”. Los mensajes de las pancartas destacaban las posibles repercusiones laborales y medioambientales del tratado, y defendían los derechos de las personas y de los pueblos frente al inmenso poder de las multinacionales. Ejemplos: “Nuestras vidas y derechos por encima de las multinacionales” (pancarta de cabecera); “Por la justicia laboral y ambiental. Equo.”; “TTIP = peligro de muerte de conquistas sociales y laborales. No a los mercados sobre las personas.CGT”; “No al TTiP, stop esclavismo laboral. Solidaridad Obrera”; “Unión Europea, Estados Unidos, la hora de los pueblos ha venido” (voz); “Fuera Mosanto de nuestros campos” (voz). Otros colectivos abogaban por unas formas de economía más solidarias y respetuosas con el medio ambiente: “El mundo no es una mercancía. Otra economía solidaria es posible. Cerremos el casino financiero. ATTAC Madrid”; “Por una cultura energética sostenible. Medio ambiente, soberanía energética y empleo. Plataforma por un Nuevo Modelo Energético”. El tratado se considera una forma más de violencia de los poderosos y en las consignas se aludía insistentemente al delito: “No es un tratado, es una estafa”; “El tratado es ilegal”; “Este tratado es un atraco”; “¡Basta ya de robar!”; “Ahora y siempre, resistencia; contra el tratado y su violencia”.
En la protesta se congregaron varios partidos políticos de izquierda, sindicatos minoritarios y colectivos que reivindicaban también otros temas. Además de los grupos antes citados, acudieron Izquierda Unida, el PCE, las Juventudes Comunistas y Alternativa Republicana. Se repartió prensa anarquista y de Ganemos. Se veían camisetas de Podemos procedentes de diferentes zonas de la Comunidad de Madrid. Las Marchas de la Dignidad del 22M, la Plaza de los Pueblos y las asambleas del 15M exhibieron sus pancartas. No Somos Delito repartía un pequeño papel contra la Ley de Seguridad Ciudadana (“Ley Mordaza”) y la reforma del Código Penal. En el folleto de la Plataforma contra la Privatización del Canal de Isabel II se alertaba de las consecuencias que tendría el TTIP para el agua pública.
“Teresa somos todos”
Desde el pequeño camión que iba en la parte delantera, tras los furgones policiales, transportando el equipo de sonido que incluía música grabada y megafonía, hasta la cola de la marcha, también cercada por la policía, se podían ver muestras de apoyo a Teresa: mascarillas, gorros, guantes, batas y otras prendas sanitarias; pegatinas, carteles, chapas y pancartas. Los diferentes colectivos situados a lo largo de toda la protesta se acordaban de ella, pero era en la parte trasera donde se reunieron los grupos en defensa de la sanidad pública y las personas que habían acudido para expresar su solidaridad con Teresa; entre ellos, vecinos de Alcorcón que voceaban “Teresa no estás sola” y “Alcorcón está con Teresa”. Un folio con la frase “Teresa somos todos” iba prendido sobre las camisetas de buena parte de los asistentes y también era el lema de la Coordinadora 25S. En varias ocasiones se pidió la dimisión del consejero y de la ministra de Sanidad; se voceó “¡Consejero, dimisión!”; “¡Ana Mato, dimisión!”, esto último alternado con “¡Ana mata, dimisión!” Al finalizar la protesta, los oradores, desde el camión, expusieron sus denuncias sobre el TTIP y el fracking, y terminaron su discurso mostrando su solidaridad con Teresa; los congregados que aún quedaban en la plaza de la Provincia gritaron repetidamente “¡Gobierno, dimisión!”


jueves, 25 de septiembre de 2014

En la 23ª Marea Blanca se aportaron cifras sobre presuntas víctimas mortales

Durante casi dos años la Marea Blanca no ha faltado a su cita el tercer domingo de cada mes. El 21 de septiembre de 2014, la manifestación comenzó a mediodía en  Atocha (confluencia de la glorieta con el paseo del Prado) y finalizó hacia las dos de la tarde en la Puerta del Sol, donde, cerca de la pastelería La Mallorquina, había una pequeña plataforma elevada en la que cuatro oradores expusieron sus testimonios, denuncias y reivindicaciones. La marcha fue numerosa, pero no tan masiva como el año pasado por las mismas fechas, y el ambiente, siendo pacífico como tantas veces, no fue especialmente lúdico. Tímidos cantos y poco baile. El tema de la muerte espanta la fiesta. En esta manifestación se mencionaron los despidos, las privatizaciones, los recortes, el saqueo de lo público como en otras ocasiones, pero también la exclusión sanitaria y, sobre todo, las “muertes”. La consigna del cartel de la convocatoria decía “Los recortes en sanidad, matan”, y durante la marcha se aportaron algunas cifras de muertes que una parte de los manifestantes achacaron a las políticas de austeridad. Se habló de la muerte de tres personas y se atribuyó a la falta de cobertura sanitaria; se denunciaron “12 muertes al día” —“4.000 fallecidos el año pasado”— de enfermos de hepatitis C porque no pueden acceder al tratamiento; incluso se escuchó el testimonio de un hombre que atribuía la muerte de su padre a la falta de asistencia en un hospital. La vigésimo tercera Mara Blanca fue de excesiva crudeza,  no solo por la insistente y preponderante presencia de las "muertes", sino también porque los manifestantes renombraban los hechos: “No son muertes, son asesinatos”. De este modo, utilizando la misma estructura  que en las protestas contra los desahucios donde se gritaba “No son suicidios, son asesinatos”, algunos manifestantes de la Marea Blanca hacían acusaciones y señalaban a los culpables. La muerte rondaba por todas partes, en las pancartas, en las consignas voceadas, en los discursos de los oradores y quién sabe si codo con codo entre los caminantes, porque aquella mañana de domingo de un verano que ya finaliza en la Marea Blanca pasearon personas que sienten que van a ser desahuciadas de la vida: “Los recortes del Gobierno del PP me condenan a muerte”, rezaba una pancarta de un afectado de hepatitis C. Nunca antes había asistido a una protesta en la que fuese tan costoso cruzar la mirada con un grupo de manifestantes. Es una absoluta vergüenza.
Acto frente al Ministerio de Sanidad
La gran pancarta de cabecera de letras azules y fondo blanco en la que simplemente pone “La sanidad no se vende, se defiende” cedió su puesto en el Paseo del Prado, a la altura del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, a un vehículo con el equipo de sonido y a miembros de la Plataforma de Inmigrantes de Madrid. Participantes procedentes del extranjero portaban banderas de diferentes países y variadas pancartas; algunas de estas, que estaban ilustradas con detalles del Guernica de Picasso, exhibían cifras: “3 personas muertas gracias al Real Decreto Ley 16/2012”; “Más de 900.000 personas sin tarjeta sanitaria”. Ante la megafonía se sucedían oradores con distintos acentos que terminaban sus respectivos discursos  con este eslogan: “Ningún ser humano es ilegal”. Los oradores también expusieron las principales reivindicaciones de la protesta: la derogación de la Ley 15/97 y del Real Decreto Ley 16/2012. La primera permite la entrada de empresas privadas y capital financiero en la sanidad pública; el segundo anula la sanidad universal dejando sin cobertura sanitaria ordinaria a miles de personas. En las pancartas se leía: “Dos años de exclusión, dos años de vergüenza”; “¡Apartheid sanitario, no!”; “¿Cuántos más deben morir?”; “Recortar en sanidad, corrupción mortal”. Las gargantas voceaban “La misma clase obrera, nativa o extranjera”. El acto se cerró con canciones interpretadas por la Solfónica seguidas de la proclama “Sí se puede”.
El Ministerio de Sanidad y la ministra Ana Mato fueron acusados por parte de los asistentes que a viva voz lanzaban durísimos mensajes: “Este ministerio nos quiere matar”; “¡Asesinos!”; “¡Ministerio asesino!”; “La Mato nos mata y el Gobierno nos remata”; “Mato y Cospedal a Soto del Real”. A lo largo de la marcha los afectados por hepatitis C denunciaron su situación como un “crimen de lesa humanidad” y consideraron “vergonzoso” que la ministra “esté negociando con los laboratorios la salud de las personas”.
A lo largo del recorrido de esta manifestación en defensa de la sanidad pública se podían leer pancartas en las que se explicitaban los problemas más preocupantes para los diferentes colectivos. La Marea Blanca de Fuenlabrada había escrito: “Derivaciones a la privada, ni una más”; la Marea Blanca de la Sierra Noroeste: “Hospital de Villalba (gestión privada), 2.000.000 € de dinero público saqueado”; la Plataforma de Usuarios de La Princesa: “No al lucro en sanidad. Ni empresas ni médicos empresarios”. También estaban presentes los defensores de los hospitales públicos La Paz, Henares y Móstoles. Los del Centro de Transfusiones de la Comunidad de Madrid denunciaban a voces: “Que no te engañen, no lo permitas, Cruz Roja con tu sangre se hace rica”. También acudieron los trabajadores de la Lavandería Central y más personal no sanitario que se declara “igual de necesario”. En esta marcha apenas se veían símbolos (banderolas, camisetas, pegatinas) de partidos políticos y sindicatos; aunque sí lucieron su novedosa camiseta morada los de Podemos Parla. En la glorieta de Cibeles aguardaban personas con banderolas de Equo, cuyas pancartas, atuendos y bicicletas dejaban claro que procedían de la concentración contra el cambio climático que se desarrolló en la Plaza de San Juan de la Cruz. Algunos de estos manifestantes se incorporaron a la Marea Blanca con sus bicicletas, eso sí, llevándolas a pie.
Discursos finales
Al llegar a la Puerta del Sol muchos de los participantes se dispersaron dando por concluida la protesta; otros avanzaron por la plaza hacia la boca de Metro que está próxima a La Mallorquina y se situaron delante de una mínima plataforma elevada a pocos palmos del suelo. Ante el micrófono se sucedieron cuatro oradores. El primero recordó nuevamente la muerte de tres personas sin cobertura y los graves problemas que pueden padecer las 900. 000 personas expulsadas del sistema sanitario; entre otros, carecen del debido seguimiento de las enfermedades crónicas. Además denunció que el Gobierno no solo “hace oídos sordos” de las advertencias de organismos internacionales sino que también “están incumpliendo”. El segundo orador se refirió a los enfermos de hepatitis C y dijo que fallecen unos 12 al día, tras lo cual los congregados vocearon vehementemente “¡Asesinos, asesinos!” Empleó la expresión “Genocidio de enfermos” y aseveró “No toleramos ni una muerte más”. Hizo un repaso de las principales reivindicaciones (derogación normas, readmisión trabajadores, fin de derivaciones, etc.) y exigió la dimisión de Ana Mato y del presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González. El tercer orador rememoró el caso de su padre, cuyo fallecimiento en el Hospital de Toledo achacó a la desatención. Quiso tener un especial recuerdo para Castilla-La Mancha, “la comunidad donde más sufren los recortes”. El cuarto orador dijo que cuando llegue mayo —en referencia a las elecciones autonómicas y municipales— “nos acordemos para echar a los de ahí dentro con el voto”. La manifestación se dio por terminada con la actuación de la Sofónica que, como acostumbra, entonó el Canto a la libertad de Labordeta para cerrar.

lunes, 8 de septiembre de 2014

La violencia crisista denunciada ante la opinión pública por los manifestantes

¿Qué se entiende por violencia? ¿Cuántos tipos de violencia se reconocen? ¿Qué tipo de violencia se condena y por quién? La respuesta a estas preguntas va a depender de los diferentes actores en el terreno político, especialmente si son antagónicos; esto es lo que está ocurriendo con los actores dominantes y los emergentes durante el Crisismo. Mientras que las élites económicas y políticas (los crisistas) no consideran violencia los estragos sociales producidos por la supuesta “crisis económica” ni por las políticas de “austeridad”, como mucho lo llaman “sacrificios”, los movimientos sociales y de protesta, (los anticrisistas) —que se oponen a esas políticas— sí consideran dichos estragos violencia y lo denuncian durante las manifestaciones en las frases de sus pancartas y en las consignas que vocean. Para denunciarlo en ocasiones emplean la palabra “violencia”, por ejemplo “Violencia es no llegar a fin de mes”, pero utilizan con más frecuencia términos que aluden al crimen, al delito: “No son suicidios, son asesinatos”; “Los recortes en sanidad, crimen legal”; “Tenemos la solución, los banqueros a prisión”; “Genocidio financiero”; “Reforma laboral, esclavitud del siglo XXI” “Este sistema no es una democracia, es una mafia”, etc. Similares ideas y expresiones también afloran en las asambleas populares o en los encuentros que desarrollan en calles y plazas y, por supuesto, en internet a través de sus páginas web y la participación en redes sociales.
Los actores dominantes y los emergentes, es decir, los crisistas y los anticrisistas  no solo se oponen por llamar a las mismas realidades con diferentes nombres, como se sabe lo que para los primeros es “crisis” y “austeriedad” para los segundos es “estafa” y “austericidio”, sino que tienen una concepción muy diferente de lo que puede ser considerado violencia en cuanto a las decisiones políticas se refiere. En el discurso dominante no se cuestionan ni son reprobables las políticas económicas brutales que causan una gran desolación social, por tanto, se puede ejecutar sin más el desmantelamiento del Estado del Bienestar al mismo tiempo que se suben los impuestos, hacer reformas laborales que impliquen reducción de los derechos de los trabajadores o leyes abusivas en beneficio de bancos y grandes corporaciones. Por su parte, los anticrisistas ponen en entredicho esa opinión dominante al considerar “violencia” esas medidas económicas que provocan un devastador impacto social, máxime cuando consideran que los grupos hegemónicos económicos y políticos que las imponen siguen enriqueciéndose y conviviendo con la irresponsabilidad, la corrupción, el abuso o el delito.
Una opinión emergente
En consonancia con los términos Crisismo, crisistas y anticrisitas, emplearé la expresión violencia crisista para referirme a un concepto o una idea aun difusa, pero denunciada por los manifestantes, por tanto, contenida en el discurso y en el pensamiento de una parte de la opinión pública. Lógicamente, no sé cómo se llamará esta idea de violencia en el futuro si es que acaba “afianzándose”, pero de momento la expresión violencia crisista me servirá para aludir a lo que es tan solo una opinión emergente. Si pasa a convertirse en una idea compartida por más sectores de la población, más difundida por los medios de comunicación, más valorada en la vida política, quizá sea un día opinión  dominante, y quién sabe si tendrá la misma consideración que otras formas de violencia que son castigadas por las leyes. Hoy por hoy, resumo sus principales rasgos de esta manera:
·        La violencia crisista es una opinión emergente.
·        Esta idea de violencia se refiere a políticas socioeconómicas que causan un devastador impacto social.
·        En el discurso anticrisista se atribuye  a la clase económicamente dominante que en connivencia con el poder político tienden a comportamientos abusivos, irresponsables y delictivos, los cuales nos llevaron a la “crisis” y nos impiden salir de ella.
·        Se denuncia donde se desarrolla, en la democracias representativas.


Identificador: 1409081934270

sábado, 24 de mayo de 2014

Crisismo político. Crisistas y anticrisistas

Conforme transcurre el tiempo y se agrava la situación que nos ha tocado vivir, va siendo necesario buscar un nombre que permita acotar e identificar la política y los argumentosque trata de imponer la clase dominante en lo que ya constituye un momento quizá no atípico, pero sí preocupante para las democracias representativas europeas, especialmente para las del Sur. Me refiero a esta etapa que comenzó en 2008 y dura hasta nuestros días, en la que las élites económicas y políticas dicen que estamos inmersos en una “crisis económica internacional” y que para solucionarla es necesario aplicar medidas de “austeridad”. Es una etapa en cierto modo “insólita” en democracia, caracterizada por unas medidas regresivas que nos hacen retroceder en derechos sociales y laborales casi un siglo. Este radicalismo neoconservador plantea un fortísimo desafío a los restos del movimiento obrero —el cual tiempo atrás conquistó esos derechos— y al conjunto de la izquierda, pero también a las sociedades que se consideran avanzadas y dicen haber desarrollado un Estado social y democrático de Derecho. Estas supuestas sociedades avanzadas —a las que es difícil saber si España pertenece— y sus propios Estados deberán decidir si defienden la dignidad humana (y la solidaridad con la que va pareja); y si es así, tendrán que plantearse el control de las irresponsabilidades y la crueldad de las clases privilegiadas en lugar de someterse a sus dictados. Pero hasta que esto ocurra conviene buscar un nombre para esa forma de hacer política; de momento, se podría llamar Crisismo, por el uso exageradísimo que se ha hecho de la “crisis económica internacional” y, también, para que nunca más esa idea de “crisis” sea usada como pretexto de fines destructores, humillantes y despiadados.
Se usa mucho la palabra “austericidio”, pero entiendo que se aplica únicamente a las medidas políticas demoledoras que se están llevando a cabo para supuestamente solucionar la “crisis”, es decir, se trata de esas recetas políticas brutales a las que la clase dominante se refiere con el eufemismo “hacer los deberes” y que implican la destrucción del Estado de bienestar, el pago de la deuda de los bancos (“rescate bancario”), las externalizaciones y privatizaciones, la reducción de salarios, la subida de impuestos que gravan el consumo, etc.; en definitiva, todas esas medidas que están conduciendo al empobrecimiento de grandes sectores de la población. Sin embargo, Crisismo es un término más amplio, que permite abarcar lo que ocurrió antes de la crisis (causas), las medidas que se toman después y el discurso que se emplea, el lenguaje. También es mejorCrisismo político que Crisismo económico, ya que la declaración de “crisis económica internacional” no es mero hecho económico, sino que es fundamentalmente un fenómeno político e ideológico. El Crisismo es un movimiento impuesto desde arriba, desarrollado por la clase dominante internacional sobre la marcha de los acontecimientos, que alude no solo al colapso económico, sino también a los comportamientos imprudentes, irresponsables, abusivos y negligentes que condujeron a ese colapso; a las medidas políticas posteriores (“austeridad”, que lógicamente no afecta a la clase dominante) y a la manipulación ideológica.
Dado que considero que el Crisismo es un “movimiento político” impuesto desde arriba, llamaré crisistas a los elaboradores, sustentadores y ejecutores de esa forma de hacer política y de la manipulación ideológica que conlleva; por tanto, entre los crisistas está gran parte de la élites económicas y políticas a nivel internacional y nacional y el periodismo que se declara explícitamente neoconservador. También pueden ser considerados crisistas aquellos medios de comunicación, que sin declararse explícitamente neoconservadores, manejan el mismo lenguaje y discurso que la clase dominante sin el menor sentido crítico, puesto que de esa manera acaban convirtiéndose en sus voceros.
En el lado opuesto están sus adversarios, los anticrisistasya que están esgrimiendo ideas, palabras y reflexiones diferentes sobre una misma realidad. Los anticrisitas luchan por desenmascarar la “crisis”, a la cual llaman “estafa”; y denuncian la “austeridad” que para ellos es “saqueo” del Estado del bienestar y del resto de la población. La frase crisista “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, en el lenguaje anticrisista se transforma en “Nos han robado por encima de nuestras posibilidades” (vista en pancartas durante las manifestaciones). Lo dicho, los llamaré anticrisistas, aunque estos movimientos se van poniendo nombres relacionados con la dignidad: primero, fueron movimientos de indignados, aunque últimamente se autoproclaman “mareas” defensoras de la dignidad.
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