lunes, 29 de junio de 2009

EN LOS BASURALES. (8) La posta, el comedor y otros

En los primeros asentamientos está la posta médica, la única que hay para todos estos pueblos jóvenes. (Para llegar al hospital más cercano hay que coger el autobús y salir de la zona). Esta posta tiene varias consultas para distintas especialidades, la enfermería y los aseos, pero da la sensación de que no está terminada del todo, pues a algunas salas se puede entrar por el tejado. A esta precariedad hay que añadir otra: los pacientes han de acudir con los artículos para curas ya comprados, esto puede incluir hasta los guantes del personal sanitario.
Más adelante, a medio camino entre los primeros asentamientos y los últimos, hay una agencia municipal, es decir, una sucursal de la administración del distrito. Se trata de un pequeño caseto con un par de estancias donde los vecinos pueden tramitar algunos asuntos. Está situada junto al mercado al aire libre, unos de los grandes campos de fútbol y unos aseos públicos – con separación para damas y caballeros-, para cuyo uso hay que pagar a la señora que guarda la llave. Forman un conjunto de bastante tránsito de personas y vehículos.
Hacia los últimos asentamientos, en uno de los más poblados se halla una gran iglesia católica. Hay más confesiones repartidas a lo largo de la zona. Ocupan pequeños locales. Es habitual que lancen sus doctrinas mediante altavoces para toda la comunidad, lo cual causa grandes molestias a los residentes de las casas más próximas.
Hay comedores sociales repartidos a lo largo de los asentamientos. Unos están equipados con mesas y sillas para comer allí mismo. En otros, las familias deben llevar la olla temprano para después retirarla con el menú para el almuerzo.
Diversas ONGs nacionales e internacionales ofrecen su ayuda, pero la mayoría no tienen local allí. Para ello utilizan la casa de algún vecino al cual suelen compensar, aunque también puede ser a cambio de muy poco con el riesgo que esto supone: puede ser que la familia se harte o que ofrezca su casa a otro grupo que le dé una gratificación mayor. Existe una asociación juvenil autóctona con una emisora de radio, por su altavoz se oye la música hasta donde el viento lo permite. Este altavoz más el de las iglesias generan contaminación acústica, pero ésta allá, entre humos y gases, pasa desapercibida.
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jueves, 25 de junio de 2009

EN LOS BASURALES. (7) El "Maracaná" de arena

Los colegios carecen en sus recintos de equipamientos para hacer deporte. Sin embargo, frente a la puerta del colegio amurallado hay dos canchas deportivas, bueno dos es mucho decir: una asfaltada con sus dos porterías de fútbol, otra de parecida medida pero sin asfaltar ni nada. A veces hay que pagar para celebrar los partidos.
Entre el primer asentamiento y el noveno hay otros dos campos de fútbol mucho más grandes que las mencionadas canchas. Uno está detrás del mercadillo al aire libre, cerca de un cruce de caminos. Por supuesto que es un terreno de arena, pero tiene sus porterías y su área de juego, líneas blancas pintadas sobre la tierra. Tiene algunas desventajas para los niños. Los días de viento los jugadores han de correr entre los torbellinos, cegados los ojos momentáneamente por la arena que levantan. También es demasiado grande para estos críos, pues acaban agotados tras realizar largas carreras de portería a portería. Hay que tener en cuenta que algunos juegan en chanclas o descalzos.
Casi todos los chavales prefieren el otro gran campo de fútbol, ubicado en una hondonada entre cerros. Está más rodeado de viviendas, más protegido del viento. Desde luego que también es de arena –quizá más compacta-, con sus porterías pero con las líneas blancas casi borradas. Debido a su tamaño, por ser el favorito y para distinguirlo del otro lo llaman el “Maracaná”.
El fútbol es practicado mucho por los niños y casi nada por las niñas, aunque siempre hay un par de ellas que juega la totalidad del encuentro. Las niñas prefieren el voleibol, aunque a esto también juegan los niños y los adultos de ambos sexos. Sin campo para ello, en cualquier explanada y con la simple red que saque o les preste algún vecino. Obviamente eso es excepcional –para algún torneo- o tener mucha suerte, la mayor parte de las veces la red se imagina.
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miércoles, 24 de junio de 2009

EN LOS BASURALES. (6) Muros y paredes de colegio

En la zona de los asentamientos humanos hay varios colegios: cuatro estatales y dos privados. A primera vista puede parecer que los colegios son los mejores edificios, pero examinados más de cerca esta impresión se desvanece. En realidad, son dispares en cuanto a construcción se refiere. Basta observar los dos colegios situados en los primeros asentamientos. Uno está rodeado por un muro, pintado de color crema, con una gran puerta metálica. El otro sólo está a medio amurallar: si se va al colegio por la parte alta hay que toparse con un muro y su portalón, si se llega desde la carretera, o sea, desde abajo se accede libremente. El amurallado tiene un patio asfaltado y un pequeño anfiteatro con su escenario –estrecho y alargado- y sus gradas al fondo. El medio amurallado no tiene nada de eso. Ambos colegios tienen retretes para niños y niñas. En el amurallado se usa uniforme azul marino con camisa blanca; en el otro, ropa de calle.
 
El colegio amurallado ha sido recientemente reformado –sólo en parte-. Cuenta con dos pequeños pabellones de dos plantas y con otros de una sola planta –dos o tres aulas en cada uno de éstos-, también con algunas casetas. En el interior del recinto, sobre el anfiteatro, en su muro de color crema hay diversas pinturas a gran tamaño con retratos del “Che”, Cristo y campesinos con el traje típico. También se puede leer en grandes letras “Institución Educativa” (es como allí lo llaman pomposa u oficialmente) y después el nombre del colegio, que es en honor de un célebre señor del cual también hay otro retrato.
Las aulas de este colegio, a pesar de la reforma, están bastante deterioradas, algunas presentan aspecto cochambroso. Por supuesto que no hay calefacción ni estufa, pero, además, en muchas ventanas faltan cristales por lo que se forman corrientes y, en los días de viento, hace demasiado frío en las clases. Los encerados suelen estar pintados en verde o negro sobre la pared, no disponen de soporte para tizas ni cepillo –nunca hay cepillo-. La papelera es una caja de cartón. Las mesas de los niños son bajitas y de madera, las sillas también; no obstante son anchas, alrededor de cada mesa se pueden sentar cinco o seis alumnos. En otras aulas hay pupitres de madera antiguos, de los que la mesa, algo inclinada, va unida a un banco donde caben dos alumnos. Todos los muebles, hasta la mesa y la silla de la maestra, resultan viejos y deslucidos. A ello también contribuye el polvo que en los cerros del desierto es inevitable, motivo por el que la escoba y el recogedor van de clase en clase. En las paredes están las muestras del trabajo diario, del buen hacer de unos niños, niñas y maestras que se afanan en medio de la escasez. Las paredes parecen menos desconchadas cuando exhiben los dibujos, redacciones y trabajos vistosos del alumnado, incluido el precioso periódico realizado por toda la clase, con sus noticias y su editorial. En una de las aulas más pobres hay una estantería inestable con unos pocos cuentos y un letrerito arriba en el que pone: “Biblioteca”.
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martes, 23 de junio de 2009

EN LOS BASURALES. (5) El aguatero

En la gran capital el agua que llega a los domicilios se considera potable pero, en realidad, no es apta para beber tal y como sale de los grifos. Sirve para ducharse y lavar, pero para beber ha de hervirse y esperar a que se enfríe después, por ello es más cómodo utilizar agua embotellada. Son requisitos necesarios para prevenir las habituales dolencias intestinales. Sin embargo, en los asentamientos humanos del cono norte hay muy pocos grifos pues no hay canalización de agua potable ni desagüe. El agua es llevada hasta la falda de los cerros por unos camiones cisterna llamados “aguateros”. Esta agua se compra y se conserva en grandes bidones (o cilindros) de plástico –a veces de metal-. El agua que proporciona el aguatero ha de servir para todo: higiene personal, limpieza, colada y alimentación. También para echar con baldes en los inodoros de los colegios y de las pocas casas que los tienen.
El agua de cisterna conlleva múltiples problemas, el más absurdo de todos está en su elevado precio. Los pobladores de los asentamientos –muchos de ellos en situación de pobreza y extrema pobreza- han de pagar el metro cúbico de agua hasta tres o cuatro veces más caro que los residentes en otros barrios de la gran ciudad, los cuales sí cuentan con el servicio canalizado hasta sus viviendas.
Otro de los inconvenientes tiene que ver con el transporte del agua, ya que el camión cisterna puede llevar el agua hasta las casas de la parte baja de los cerros pero no a la parte alta. En consecuencia, bastantes vecinos tienen que acarrear el agua desde la falda de los cerros hasta donde viven. Además de esto, se debe tener especial cuidado en tapar constantemente los bidones para evitar que sobre el agua caigan el polvo y la contaminación; también para que no quede expuesta a los insectos, especialmente a los “zancudos”, que trasmiten enfermedades.
El agua de los cilindros, a pesar de las precauciones, acaba afectando a la higiene y salud personales, sobre todo con las repetidas y agudas diarreas. Por otra parte, el medioambiente –suelo, aire- se contamina todavía más debido al colapso de las letrinas y a la falta de tratamiento de las aguas residuales. En estas condiciones, la canalización de agua potable y el desagüe son estimados como objetivos acuciantes en las reivindicaciones de la población.
En cuanto al tendido eléctrico sí hay en los asentamientos humanos, aunque no llega a todas las calles ni a todas las casas. Es frecuente encontrar viviendas con corriente eléctrica que toman de un vecino.
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EN LOS BASURALES. (4) Nada en el primer cuarto

Los asentamientos con las casitas, en su imperfecta cuadrícula, y los de los corralones, donde todo es más caótico, tienen algo en común: sus calles, sin asfaltar, no tienen nombre. Las casas y demás construcciones están ordenadas en manzanas y lotes. En sus paredes hay inscripciones que las identifican, por ejemplo: “E5”; es decir manzana E, lote 5. En muchas casas está escrito con pintura, la cual se va deteriorando hasta casi desaparecer; ello contribuye a que algunos niños no sepan decir dónde viven.
Los vecinos decoran las fachadas según su gusto o con lo que tengan. Algunos han plantado un par de árboles o flores a la entrada, que con mucha suerte y poco agua sobreviven. En alguna casa hay rudos bancos para sentarse a la misma puerta de la calle. De vez en cuando se encuentra una vivienda que tiene un pequeño porche de esteras o palos con un suelo de cemento o baldosas.
En el interior de las casas, nada más pasar el umbral, en la primera estancia, que suele ser grande, no hay nada. Esto es lo más habitual. En alguna casa –como mucho- un par de sillas, en otra un viejo sofá o quizá una destartalada mesa. Cierto es que hay familias que apenas tienen enseres, pero otras sí poseen algo. Los niños tienen ropas, unas peores para el trabajo y otras mejores para el tiempo libre y, por supuesto, el obligado uniforme del colegio. En alguna parte deben tener esta ropa, los platos, las ollas y otros utensilios; los cuadernos, las mochilas y la televisión, pues la mayoría son muy aficionados a las telenovelas. Aunque sean infraviviendas, no falta la tecnología. No todos, pero siempre hay algún vecino que posee alguno de estos aparatos: televisor, reproductor de CD o DVD, transistor, teléfono. Así pues, si tienen cosas, en el primer cuarto no se ven. Deben estar en las habitaciones no expuestas a la vista del primero que pasa. Tal vez todo esto se deba al pillaje. Una señora explicó que habían entrado a robar en su casa cuando se ausentaron por un viaje. Se llevaron el pequeño televisor de su hijo, pero no la televisión de plasma y otros artefactos porque antes de irse los escondieron bajo tierra. Más curioso aún es que sospechara de un conocido que había dejado de guardián.
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lunes, 22 de junio de 2009

EN LOS BASURALES. (3) Noble o precario

El conjunto de las casas, en su precariedad, es multiforme, variopinto. Las dimensiones de la vivienda, los materiales de construcción y las estancias son diversos, tanto como familias hay. Cada una ha ido construyendo su casa según su propio parecer y sus recursos. Aunque es algo arriesgado, las viviendas se pueden agrupar en tres tipos: chabolas, casas pequeñas y medinas y los grandes corralones.
Las chabolas sólo tienen uno o dos habitáculos y carecen de ventanas. Sus paredes están construidas con hojalatas, maderas y palos. Se usan mucho las esteras para los tejados, debajo de ellas suele haber un gran plástico para prevenir la humedad de la llovizna y el polvo. Normalmente, detrás de la casa, hay una letrina –o sea, un agujero en el suelo- tapada con otra estera en forma de círculo o muy pegada a la pared para mayor intimidad.
Las casas pequeñas y medianas suelen ser de una sola planta y tejado liso, pues por allí no se necesita el de doble vertiente para que resbale el agua de lluvia. La mayoría de las casas son de adobe. Cuando alguna está construida con ladrillo industrial se considera que es de material noble. Las ventanas son pocas y, generalmente, pequeñas. En ellas puede haber cristales enteros, rotos o, en su defecto, plásticos y maderas. Algunas casas tienen letrinas y otras váter –parece más noble-, también ubicado en la parte trasera. Algunas casas tienen corral –cercado con algunos ladrillos, maderas y palos- donde criar pavos, cuyes o pollos para el consumo familiar. También en estos pequeños corrales o en sitios anexos se acumula la basura que el conjunto de la familia se propone segregar. Muchos de estos hogares, por tanto, son también espacio de trabajo donde la vida transcurre junto a los desechos.
Los grandes corralones combinan materiales nobles y precarios. Destacan algunos portones metálicos, enormes para que pasen los camiones de basura, y los ladrillos industriales del alto muro con el que se rodean. Pero no todos son así, hay muros que están medio caídos o derruidos del todo, otros están hechos con maderas, cartones y plásticos dejando entrever las inmundicias. Las viviendas de los corralones, al menos externamente, no son muy diferentes de las demás. Hay corralones que tienen en su interior las chancherías que son lugares para la crianza de cerdos.
Casi todo resulta, en realidad, bastante inestable aunque se hayan empleado algunos materiales nobles. Por ejemplo, se pueden encontrar paredes o muros levantados con ladrillo industrial que de repente se caen, y esto es muy frecuente. El motivo es que no han puesto cemento o argamasa suficiente para unirlos, a veces no ponen nada. Algo similar ocurre con los tejados –uralitas, esteras- que salen volando al paso de los torbellinos de viento.
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EN LOS BASURALES. (2) Viviendas por valles, cerros y quebradas

Los tres primeros asentamientos están situados sobre antiguos vertederos cubiertos de tierra, aunque esta tierra no es la que debiera ser sino bastante menos. En el asentamiento segundo y tercero no se ve la basura, pero en el primer asentamiento sí. Hay un camino sin asfaltar por el que pueden transitar camiones y otros vehículos grandes; en uno de sus lados la tierra está elevada algo más de medio metro. Es en esa pequeña elevación donde se puede observar la basura. Lo que se ve es todo marrón muy oscuro, pero se adivinan restos de plásticos, maderas, latas y huesos.
En estos tres asentamientos las casas, medianas y pequeñas, aparecen como si se hubiesen colocado en una cuadrícula, por supuesto imperfecta, pero que va respetando la rectitud de las calles más anchas. Estos asentamientos, bastante poblados, están situados en las laderas de los cerros, en su parte más baja y extensa. Pero también hay casas en los cerros más altos, más empinados, de cansado ascenso. Algunas de estas viviendas están incrustadas en los cerros, a modo de cueva; otras son pequeñas chabolas diseminadas en los salientes y caminos de las laderas y en la propia cumbre.
En el terreno más llano de los asentamientos quinto al noveno también hay pequeñas casas y chamizos, pero la mayor parte del terreno está ocupada por viviendas con medianos y grandes corralones en los que se desarrolla la actividad productiva -acopio, segregación y reciclaje de basura-. En los más grandes trabajan los propios moradores de la vivienda y los vecinos que acuden para ganarse el jornal o simplemente unas monedas. (Estos corralones están situados cerca del gran vertedero de la zona en el que se supone que no se puede entrar). Pasado este valle de corralones, los asentamientos continúan, de nuevo más casitas -la mayoría infraviviendas- como si no se acabaran nunca, por todas partes, en las quebradas y en los sucesivos y abruptos cerros.
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