sábado, 3 de abril de 2010

La sanidad pública madrileña tras la marcha de Güemes, según "El País"

El diario El País ha publicado dos informaciones en las que se hace balance de la labor de Juan José Güemes tras abandonar su cargo de Consejero de Sanidad en la Comunidad de Madrid. La publicada el 19 de marzo remarca las características de su etapa, que principalmente son :

  • Un modelo de sanidad pública en el que se introduce el mercado a través de la gestión privada de hospitales y la externalización de pruebas clínicas y trabajos administrativos.
  • Una labor controvertida para diversos grupos e instituciones: sindicatos, partidos políticos, Defensor del Pueblo, Inspección de Trabajo, Colegio de Médicos, etc.
  • La Ley de Libre Elección y Área Única que no gusta a sindicatos, ni a opisición ni a profesionales.
elpais.com: Sanidad pública, gestión privada
La otra información es del 23 de marzo y en ella se hace recuento de las tareas realizadas y las pendientes, siendo estás últimas las que hereda el nuevo consejero de Sanidad, Javier Fernández-Lasquetty. Según las cuentas que echa el propio periódico, Lasquetty tendría que hacer ventiocho centros de salud y dos hospitales en catorce meses para cumplir las promesas electorales de Esperanza Aguirre. Todo ello con un importante recorte presupuestario. El diario elabora sus propias cuentas porque Sanidad no facilita información actualizada. Güemes ni siquiera aportó la lista de los centros de salud ya acabados.
elpais.com: Dos hospitales y la mitad de ambulatorios prometidos, en el aire
 
_________________________________________________________________

Opinión
Después de leer estos datos no es de extrañar que al consejero Güemes no se le eche de menos. Entre las diversas opiniones, escojo la de La Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Madrid que recibe la noticia de su marcha con este comunicado:
Observatorio Sanitario de Madrid: Ante la dimisión del Consejero de Sanidad Güemes

domingo, 14 de marzo de 2010

La Libre Elección y el Área Única conducen a la privatización de la sanidad pública y provocarán marginación y desigualdades, según la ADSPM

La Ley de Libre Elección y Área única de Salud estará aprobada a mediados de abril, así lo indicó el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid en rueda de prensa a finales de febrero. Desde hace tiempo colectivos profesionales y de ciudadanos se han manifestado en contra, entre ellos, la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Madrid (ADSPM) que considera el Área Única una "excusa para la privatización". En uno de sus boletines se avisa: "Esta medida permitirá a las empresas multinacionales y al sector privado tradicional instalarse en el sistema sanitario en las mismas, o incluso en mejores, condiciones que los centros públicos, y acceder al dinero público que se destina a sanidad pública procedente de los impuestos".
Los centros privados, según la ADSPM, podrán rechazar a los pacientes cuyos tratamientos sean más caros. El peligro para la Sanidad pública es el siguiente: "Descapitalizará y deteriorará la sanidad pública que, además de perder fondos para sus centros, se quedará con los pacientes más costosos económicamente al tener los centros privados la oportunidad de realizar selección de riesgos y rechazar a los «no rentables»" La ADSPM advierte de que la introducción del mercado en el sistema sanitario provocará desigualdades y marginación. Los más perjudicados serán: los ancianos, los enfermos crónicos, los discapacitados y los que requieran tratamientos muy costosos; las áreas rurales y las económicamente menos desarrolladas. Otras desventajas que prevé son: desaparición del modelo de equipos en Atención Primaria, ánimo de lucro y competencia entre profesionales, dificultades para el trabajo coordinado, problemas de cercanía y accesibilidad para los pacientes, una sanidad más cara y menos eficiente.
La libre elección, sin restricciones, para la ADSPM es "demagógica" y "una evidente irresponsabilidad porque es imposible que un mismo médico o enfermero, e incluso un mismo centro hospitalario, atiendan a los 6,5 millones de personas de esta autonomía".
Lo dicho en este post y las citas se han extraído de textos de la ADSPM, los cuales están en la web Observatorio Sanitario de Madrid (OSM), y que presento seguidamente:
 

Las explicaciones más completas las puedes encontrar en este boletín:

Libre elección y áreas sanitarias.
 
Si tienes prisa pero quieres informarte, echa un vistazo a estos trípticos:
La propuesta de Área Única: un retroceso para la sanidad y un nuevo paso en la privatización
El Área Única una excusa para la privatización
 

Si tienes más prisa aún, este comunicado:
ADSPM sobre reglamentos Comunidad de Madrid Libre elección y Área Única

No puedo poner los enlaces directos a cada texto. Pero se puede copiar el título y pegar en el buscador del OSM; el primer enlace te lleva al texto buscado.
__________________________________________________________
Recogida de firmas:
MANIFIESTO EN DEFENSA DE LA SANIDAD PÚBLICA
Muchas gracias por tu colaboración.

martes, 16 de febrero de 2010

La gastroscopia sin aerosol


Después de cinco meses llega el día de realizar la endoscopia, luego llamada gastroscopia en el Infanta Sofía. La cita es a las cinco de la tarde. Hay que ir en ayunas o, como mínimo, ocho horas sin comer. Dice mi primo que ya las podían hacer por la mañana temprano como los análisis de sangre para, luego, poder comer o beber algo. "Lo malo no es no comer, sino no beber, ni agua". Así que vamos al Infanta Sofía, exploraciones funcionales, sala de espera tres. Hay otro paciente, mientras él entra, mi primo va firmando el protocolo para endoscopias -todos los papeles donde la enfermera ha marcado con una cruz-. Esperamos. El otro paciente sale con el rostro rojo y secándose las lágrimas. Nos miramos: "¡Qué mal rollo!"
Llega su turno. Por el pasillo la enfermera le dice que dura tres minutos. Puede dejar el chaquetón en el aseo. Hay una bata blanca con pequeños lunares azules y unos patucos verdes en una silla, pero no es necesario cambiarse. La enfermera le pregunta si lleva dentadura postiza y si tiene alergia. Después le indica que se tumbe en la camilla sobre su lado derecho. El médico está todo el tiempo de espalda mirando a la pantalla de un ordenador; mi primo aún no le ha visto la cara. La enfermera le coloca piernas, brazos y cabeza, mientras le dice que es una prueba desagradable pero no dolorosa. Según ella lo más importante es coger un "ritmo de respiración". Le pone en la boca un plástico duro y blanco con una circunferencia, un agujero. El médico se acerca pero bajan la luz. Mi primo asegura que, aunque lo tenía de frente, seguió sin verle la cara. Vio el endoscopio: un tubo negro con una luz en un extremo. Comienzan a introducirlo; ha de explorar esófago, estómago y duodeno. Al llegar a la garganta roza, duele. Fuerte sensación de ahogo. Cree que no puede respirar ni por la boca ni por la nariz. Mi primo coge el tubo con las dos manos y lo saca de un tirón. Tose. Siente la rozadura en la garganta. La enfermera: "¿Por qué te lo has sacado? Podías haberte rasgado algo". Mi primo piensa pero no lo dice: "Por instinto, no te jode. No da tiempo a pensar en efectos secundarios cuando te estás ahogando". No lo dice, no dice ni pío. Tampoco se disculpa, cree que no debe hacerlo. El doctor tampoco habla, quizá es mudo o una ensoñación. La enfermera conduce al paciente a la sala de espera. Mi primo deja de estar aturdido. No sabe cómo humedecer su garganta, su propia saliva no parece suficiente. La enfermera le dice que aguarde, coge el protocolo de otro paciente y se va. Le miro y pregunto:
-¿Qué tal?
-Mal, no lo he podido soportar.
Sale la enfermera con el diagnóstico y le dice:
-Sólo quedaba un minuto.
Mi primo piensa: "Lo que tú digas". Por fin habla con la enfermera:
-¿Para qué me han hecho firmar tantos papeles? En ellos pone que te sedan mediante un catéter...
-No, para una gastroscopia de tres minutos no se seda. Es que no has leído bien los papeles.
"Seguro. Ya se cuidan de que la redacción de los protocolos les proteja bien las espaldas". De nuevo lo piensa pero no lo dice. No lo quiere pagar con la enfermera, cree que ella no tiene la culpa ¿o sí? ¿Y el médico enigmático?
-Puedes pedir a tu médico la sedación total; conlleva riesgos. Algunas personas -añade la enfermera- lo hacen porque no lo soportan.
El paciente y su acompañante -primo y prima- se van. Porque esa es otra. En el protocolo se señala que el paciente abandonará el hospital acompañado de un adulto. ¿Para qué si sedado no va? ¿Por si muere ahogado? No sabemos leer.
Mi primo va recordando lo que le explicó su médico de cabecera. "Me dijo que echaban un spray para sedar la garganta. Sirve para tragar el tubo y disminuir las arcadas. Eso entedí." También recordó lo que le habían contado amigos que se habían hecho la prueba: a unos les habían dado un aerosol; a otros una pastilla para chupar. En el Infanta Sofía no dan nada.
-Es culpa mía. Soy un quejica. No aguanté lo suficiente.
-No te eches la culpa. Es que en la sanidad pública madrileña no gastan un céntimo en atender a los pacientes.
-Es verdad. Lo hacen a lo bruto -mi primo se desahoga-. Ni así se trata a los animales. Si lo aguantas bien y si no, te jodes. Para ser coherentes con la realidad deberían redactar un protocolo en el que quedase claro que hay que venir a hacerse la endoscopia con dos cojones.
-Vaya, salió a relucir ese símbolo de valor viril y machista.
-Lenguaje zafio, pero que todo el mundo entiende, que luego dicen que no interpretamos bien lo que leemos. Bueno, pues que en el protocolo de la gastroscopia ponga: "No apta para pusilánimes".
-Eso.


Safe Creative #1002145521876

martes, 15 de diciembre de 2009

Tengo asma pero no me vacunaré de la gripe A


Hace semanas que comenzó la vacunación contra la gripe A para los grupos de riesgo, pero no se ha producido una avalancha a la hora de inyectarse, más bien lo contrario. "Tengo asma pero no me vacunaré de la gripe A" no parece una frase sensata en un mundo racional, sin embargo las acciones y omisiones alrededor de la pandemia han provocado que la sensatez, la racionalidad y el sentido común se tambaleen. Es normal, lógico, racional que alguien perteneciente a un grupo de riesgo vaya a vacunarse de la gripe A, pero también nos está pareciendo normal, lógico y racional que no vaya. ¿Por qué? Por la desconfianza y la falta de credibilidad respecto a todo, incluidas las autoridades sanitarias. En ello puede haber influido lo siguiente:
  • Información contradictoria sobre la gravedad de la enfermedad. Al principio hubo un incesante relato de las primeras muertes, lo que provocó la alarma; después hubo que apaciguar a la población diciendo, por ejemplo, que más gente se moría por la gripe estacional. Ahora se dice que la mayoría de los afectados la están padeciendo levemente, como cualquier otra gripe: unos días en casa y ya está. El léxico también influye: se la llamó "pandemia" y, ante el temor al pánico generalizado, hubo que aclarar que el término se referiere a su extensión geográfica, no a la gravedad.
  • Percepción de falta de rigor en la experimentación de la vacuna y de primacía de intereses económicos. Prende la idea de que la vacuna está hecha a lo bruto, o sea, rápido y mal, para vender como churros. Así que mucha gente no la quiere ni gratis.
  • Falta de claridad y titubeos en torno a los posibles grupos de riesgo. Se dijo que afectaba más a los jóvenes que a los ancianos; que si no se vacunaba a los niños, después que si sí; a las embarazadas igual: que si no, que si sí, pero con una vacuna más suave.
  • Desinformación sobre el origen de la pandemia. Primero se la llamó "gripe porcina" así que su origen se relacionó con el cerdo, como esto parecía dañino para el comercio se buscó un nombre más neutro: "gripe A". (De nuevo se intuye que priman los beneficios económicos). A esto hay que añadir la circulación de diferentes versiones sobre el origen y no se sabe cuál es la verdadera. Parece que no hay interés en abordar las causas o en informar sobre ellas.
  • Voces alternativas sobre la difusión de la pandemia y la vacuna. Muy difundido por internet ha sido el vídeo con la versión de una monja.
  • Presentimiento de manipulación o engaño por parte de los presuntos manipulados o engañados. Cuando esto ocurre, el presunto engaño no tiene efecto. A este punto han contribuido todos los anteriores. En definitiva, damos tanta validez a la charla de la monja como a los discursos procedentes del sistema, es decir, ninguna.
En los noticiarios de televisión suelen preguntar a algunas personas si se han vacunado y el motivo. Las respuestas se pueden agrupar en: "Sí, porque creo en ello"; " No, no me da confianza". Aquí está el problema: con la gripe A la ciencia, los conocimientos y cuidados médicos se han convertido en un asunto de creer o no creer. La ciencia no es creencia, sino demostración: hipótesis, datos, indagaciones, experimentos. En el caso de la actual pademia como no se demuestra nada, no se informa sobre las causas, no se sabe si se ha experimentado lo suficiente, la vacunación pasa a ser un asunto de fe. Lo mismo que en otras religiones, aquí también surge el escepticismo, el cual puede ser masivo y extremo cuando no paran de tocarnos las narices. Por eso no es extraño que los grupos de riesgo no se apuren para vacunarse. Tengo asma, pero no me vacunaré de la gripe A. Total, según está la sanidad en Madrid, antes me puedo morir de cualquier otra cosa.


Safe Creative #0912135109889

sábado, 7 de noviembre de 2009

El Plan E y la vendedora de tortillas en Marqués de Vadillo


En un enorme cartel, junto al puente, figuran los datos sobre la remodelación de la glorieta de Marqués de Vadillo. Se puede leer el nombre del contratista, que durarán ocho meses y lo que cuestan: 4.453.716,90 euros. Son obras promovidas por el Ayuntamiento de Madrid y están dentro del Plan E (Plan Español para la Estimulación de la Economía y el Empleo). Sobre el gran letrero también están estampados el logotipo del Ministerio de Administraciones Públicas y el del Gobierno de España. Formando conjunto visual con estas obras -aunque nada indica si están emparentadas- hay otras que suben por General Ricardos dejando destripadas ambas aceras. Sus esporas se dispersan en forma de zanjas y vallas también por Antonio López y Antonio de Leyva. En las vallas de General Ricardos hay unos pequeños carteles blancos en los que pone: Canal de Isabel II. Estos carteles se alternan con otros de fondo azul en los que reza: "Estamos trabajando por su ciudad. Perdonen las molestias". En la glorieta, las obras del Plan E conviven con la venta ambulante. Próximos a la boca del metro, los vendedores se sitúan con piezas de ropa, discos compactos, abanicos y algo parecido a unas tortillas. Son distintas formas de una economía en crisis.

Entre Marqués de Vadillo y General Ricardos hay un incesante trasiego en medio del caos. Semáforos y policía municipal regulan el tráfico de unos vehículos que han llegado a una glorieta trastocada. Peatones van y vienen entre vallas, zanjas, polvo, barrillo y ruido, mucho ruido. Trabajadores con indumentaria reflectante: unos le dan al taladro, otros colocan el pavimento, otros se quedan mirando, los menos manejan la maquinaria amarilla. Por todas partes, endebles placas metálicas sobre las zanjas para facilitar el paso. Una vecina, que viene de la compra con una bolsa en cada mano, se da cuenta de que una de estas placas no lleva a ninguna parte; tiene que salir del laberinto. El vendedor discapacitado de la ONCE, con sus dos muletas y los cupones prendidos en la camisa, sube y baja por General Ricardos bordeando las vallas que le resguardan de las largas excavaciones, las tuberías desparramadas y los escombros. Las señales para el paso de peatones sobre las vallas miran hacia los escaparates; no sirven para nada. Por todas las calles adyacentes bajan riadas de seguidores del Atlético de Madrid con sus bufandas rojiblancas, los mismos colores de las balizas y las barreras de seguridad portátiles. Da la sensación de que las han puesto para encauzarlos hacia el estadio. Un vehículo estacionado se ha quedado encerrado entre las vallas. "Quítala, Fran". "No se puede". "Sí que se puede. Quítala, que tengo que sacar el coche de aquí". En la glorieta, los vendedores vociferan su mercancía. "Pantalones de leopardo a dos euros". En la misma entrada del suburbano, la vendedora de tortillas ha colocado un saco de cuadros en el suelo. El saco se mantiene tieso, como si dentro hubiese un cubo. Los viandantes extranjeros preguntan. Ella asegura que se han hecho por la mañana. Hay oferta si se compran a pares. En una bolsita de plástico se las llevan.

La venta ambulante de tortilllas caseras puede constituir un peligro para la salud, pues se trata de alimentos no sujetos a las medidas higiénico-sanitarias adecuadas. Las obras del Plan E destruyen el paisaje urbano, perturban la vida del barrio y atentan, también, contra la salud, pues producen contaminación acústica y ensuncian el aire con plovo y partículas en suspensión. Las obras son para que unos hombres se ganen el sustento. La venta ambulante de tortillas es para que unas mujeres se lo ganen también. Las obras son para remediar provisionalmente una situación económica de crisis. La venta ambulante de tortillas también, al menos hasta que la cocinera y la vendedora encuentren un empleo mejor. Estas son las cosas que el Plan E y la venta ambulante de tortillas tienen en común, sin embargo hay sustanciales diferencias. Las obras del Plan E son legales, tienen publicidad en grandes letreros y en los medios de comunicación. La venta ambulante de tortillas es economía sumergida, se hace a escondidas, parece que no existiera. Las obras se ejecutan tranquilamente, sin prisas. La venta ambulante con la mercancía por el suelo requiere rapidez, sobre todo, en la huida.


Safe Creative #0911064836491

viernes, 30 de octubre de 2009

Cinco meses o más para una endoscopia

En el hospital Infanta Sofía, ubicado en San Sebastián de los Reyes (norte de la comunidad de Madrid), durante este mes de octubre están dando citas para realizar las endoscopias en febrero. Así que mi primo tiene que esperar cinco meses o más para saber a qué se debe ese dolor de estómago que no le permite comer ni dormir. Cuenta mi primo que el dos de octubre, tras salir de la consulta de su médico, se dirgió al mostrador de su centro de salud para que le dieran cita. La persona que le atiende pide la cita al Infanta Sofía por ordenador o fax, no le queda claro. Después le dice que desde el propio hospital le llamarán a casa por teléfono para comunicarle la cita. Mi primo pregunta:
-¿Cuánto tardarán en llamar?
-No sé, pero si pasan más de quince o veinte días habría que preocuparse, tenga en cuenta que ese tiempo es sólo para comunicarle una fecha.


El ventidós de octubre -o sea, veinte días más tarde- mi primo aún no había recibido la llamada del hospital para la cita. Acudió a su centro de salud por si sabían algo. Le indicaron que no había llegado fax alguno con la respuesta y en el ordenador tampoco había novedad. La señora que le atiende en el mostrador asegura:
-Lo único que consta es que se ha enviado la petición de cita.
-Sí, pero ha pasado bastante tiempo. ¿Qué solución me dan?
-Si quiere le doy el teléfono del Infanta Sofía o vaya usted directamente al hospital.


"Querida prima, me lo temía. Ellos no van a trabajar para solucionarlo; tiene que currárselo el paciente". Así que mi primo se fue al hospital y se situó en la larga cola de espera ante el mostrador de admisión. Llegado su turno, explicó su caso. Respuesta:
-¡Uy! Para las endoscopias tardan más de un mes en llamar. No obstante, déjeme un momento los papeles.


La funcionaria, que tardó más de quince minutos en volver, le dice:
-Si usted no viene al hospital, esta petición de cita nunca hubiera llegado aquí. Ahora le llamarán.
-¿Cuándo telefonearán? -insiste mi primo. Sólo quiero saber el tiempo aproximado.
-No sé, ya le dije que para la endoscopia tardan más de un mes en llamarles a casa. Este mes están citando para hacer las endoscopias en febrero.


Mi primo, un poco pesado, vuelve a preguntar:
-Si llaman en octubre, me citarán en febrero; pero si llaman dentro de un mes -finales de noviembre o ya diciembre-, ¿para cuándo me citarán?
-No sé, pero seguro que, antes de hacer la endoscopia, le llamarán.
-¡Qué bien! Es de agradecer, más que nada porque para hacer una cosa de este tipo es preciso conocer cuándo hacerla. -Seguidamente a mi primo le entró una risa nerviosa.


Mi primo sale del hospital y va pensando en lo que puede suceder para febrero o marzo o abril. "Que el agujero de mi estómago me engulla, entonces no necesitaré la endoscopia; que me sienta bien, luego para qué pasar por la molesta endoscopia; que tenga un tumor enorme y me digan: ¿Por qué no ha venido antes?"

Aquí, la prima, que no sabía cómo consolarle, le envía un mensaje pelín pedante al sufrido paciente: "Querido primo, has vivido una situación kafkiana de ineficacia burocrática en la que se extraviaron tus datos. Te aseguraron que los habían enviado, pero no que llegaran a alguna parte. A la vez, como estamos en España, es también una situación de esas que Mariano José de Larra pinta en sus artículos costumbristas, ya sabes, sobre la pereza y dejación con que nos tratan, así nos estemos muriendo". Mi primo contesta: "Querida prima, no ha nacido genio literario, científico ni de otro tipo que desentrañe los entresijos de la burocracia en la sanidad pública madrileña". Sólo la elogian la presidenta de la Comunidad y su consejero de Sanidad, pero ellos la ven con los ojos del poder y, desde luego, no la sufren como nosotros, que somos unos primos, nada más que eso, un montón de primos embaucados fácilmente.


Safe Creative #0910294790573

lunes, 19 de octubre de 2009

Churro, media manga... Una dola tela...

Las cinco de la tarde, salíamos corriendo del colegio, llegábamos a casa, dejábamos la cartera y de nuevo a la calle antes de hacer los deberes (o después, depende). Ni a merendar parábamos en casa. Bajábamos con el bocadillo en la mano: pan y jamón, pan y chorizo, pan y chocolate. Se jugaba por todas partes, en el barrio o más lejos: en un solar sucio, en un barrizal, entre bloques de edificios, en cualquier explanada. Cuando encontrábamos un muro medio derruido decíamos: "Vamos a jugar a la muralla". Nos juntábamos para jugar a lo que fuese. Pocas cosas hacían falta. Una goma o una comba para saltar, una pelota. Una tiza para dibujar una muñeca en el suelo y una piedra para lanzarla casilla a casilla. Un simple palo bastaba para marcar el campo sobre la arena y jugar al balón prisionero. Las manos, para escarbar la tierra y hacer un gua para jugar a las canicas. Una pared, para jugar a burro. Era uno de los juegos más espectaculares, practicado por niños y niñas, aunque casi siempre por separado porque los chicos eran "unos brutos". "Una dola tela catola..." para echar las suertes y formar dos equipos. El que hacía de madre, colocado de pie con la espalda en la pared, sujetaba la cabeza del primero de los que formaban el burro. Éste, el primero, se inclinaba -como un burro, claro- exponiendo su lomo; apoyado en su trasero o entre sus piernas otra criatura se colocaba en la misma posición y, así, hasta formar una hilera de lomos preparados para recibir los saltos del otro equipo. A la voz de "¡Burro va!", uno a uno saltaban colocándose a horcajadas. Si el burro no se había caído, venía lo de "Churro, media manga, manga entera". Tenían que adivinar si se había elegido puño, codo u hombro. Era un juego un poco rudo, pero muy divertido. Se aprendía por imitación o porque te lo enseñaban otros niños, como todos los juegos de entonces. Hoy los niños ya no juegan en la calle, si acaso en verano y mientras dura el buen tiempo; después, desaparecen. Ven la televisión y juegan en casa a la consola, la pesepé, la deese, el ordenador y otras maquinitas. Muchas clases extraescolares y deportes en recintos bien delimitados.

Han cambiado los tiempos, pero no se le puede achacar todo a la televisión y a las nuevas tecnologías. Otros factores influyen pues también han cambiado los espacios, nuestros hábitos y actitudes. La calle ya no es un espacio inmenso donde divertirse. El espacio para jugar se ha restringido a los parques. Estos tampoco son como antes, ahora son recintos cerrados con muros y verjas y, dentro del propio parque, el área infantil también está delimitado con otra vallita de colores. Ahí se concentran los columpios y los toboganes para los más pequeños. El mobiliario urbano para niños ha ido menguando. Han desaparecido los toboganes altos y los columpios grandes repartidos por el parque donde nos mezclábamos los de todas las edades. Ahora, los pequeños, en su corralito de colorines, y los grandes, en las canchas si es que el parque las tiene. Actualmente los niños no salen solos a la calle, sino que van siempre acompañados de adultos: padre, madre, abuelos, tíos, cuidadores. El miedo se ha apoderado de nosotros y ha convertido a los niños en nuestros prisioneros. Antes nuestras madres nos advertían para que no nos descalabráramos. Las costras perpetuas en las rodillas. "Hija, ten cuidado, un día te vas a partir la crisma"; "A las diez en casa"; "No cojas nada que te dé un extraño"; eso era todo contra los peligros. Pero hoy tenemos muchísimo miedo: a los coches de los que conducen como locos, al tráfico de drogas, a los pederastas. Malvados que se llevan, violan y matan a los niños. Tanto miedo infunden los malhechores, que ni a los niños se manda a los recados. El miedo se ha llevado lo mejor que teníamos: la transmisión de canciones y juegos populares, el sentimiento de identificación con el barrio, las relaciones con otros niños, el aprendizaje de normas y valores desde pequeños y, sobre todo, la libertad de ir, venir y jugar donde diera la gana. ¡Malditos los monstruos que nos hacen sentir miedo! Ahora los niños padecen obesidad y trastornos alimenticios, se les tacha de egoístas y agresivos, en fin, complicados problemas. Pobres chiquillos con teléfono móvil. Sólo perdura una cosa: la necesidad que tiene un niño de jugar con otros niños. "¿Por qué no juegas?". "Es que Pili no me ajunta". Pili: "Mentirosa, sí que te ajunto y te dejo 'primer'".
Safe Creative #0910184697302