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miércoles, 25 de septiembre de 2013

La ‘marea blanca’ recobra fuerzas y carga contra el consejero: “Lasquetty, dimisión, por fascista y por cabrón”

Vuelve el otoño y con él una marea blanca masiva en defensa de la sanidad pública madrileña. En realidad, la marea blanca ha permanecido en estado latente durante el caluroso verano, o sea, no se ha ido del todo sino que se han realizado manifestaciones, aunque menos numerosas, estos tres meses: el 23 de junio, desde Sol a la Puerta de Alcalá; el 21 de julio, temprano, a las 10 de la mañana para abrazar la Puerta de Alcalá; y el 18 de agosto, una concentración frente al Ministerio de Sanidad. La marea del 22 de septiembre¾las manifestaciones se suelen convocar el tercer domingo de cada mes¾ congregó, de forma similar a las celebradas en el otoño y el invierno, a miles de personas que a mediodía salieron de Neptuno y fueron llegando a la Puerta del Sol hasta pasadas las dos de la tarde. Los movimientos de la resistencia madrileña acudieron a la marcha, convocada por la Mesa en Defensa de la Sanidad Pública de Madrid (MEDSAP), a pesar del éxito parcial obtenido con la paralización cautelar del proceso de privatización de la gestión de seis hospitales por parte del Tribunal Superior de Justicia de Madrid. La marea blanca no se conforma con este logro transitorio y arremete contra el consejero de Sanidad, Javier Fernández-Lasquetty, con fuertes y broncas palabras pronunciadas a gritos: “Lasquetty, dimisión, por fascista y por cabrón”. Durante la protesta queda claro que este responsable político no goza del respeto de los participantes; la mofa contra él se desborda: “Lasquetty es un vampiro y nos quiere chupar la sangre. Que nos la chupe, que nos la chupe”. El desprecio, las descalificaciones y el insulto no se queda únicamente en este consejero ni en los gobernantes de la Comunidad de Madrid, sino que se extienden otra vez más al Gobierno de la nación con un eslogan de similar construcción: “Gobierno, dimisión, por corrupto y por cabrón”. El presidente Rajoy tampoco se libra” Mariano, cabrón, suelta la tijera, más que presidente pareces peluquera”. El consejero, “fascista”; el Gobierno, “corrupto”; y el despectivo “cabrón” para todos, que, según la RAE, es aquel “que hace cabronadas”, siendo estas últimas una “mala pasada, acción malintencionada o indigna contra otros”. Estos son los calificativos que utiliza la resistencia madrileña, aunque en las crónicas de las protestas en los medios de comunicación masivos se obvie este discurso malsonante y totalmente desfavorable, en el que los que nos gobiernan son considerados antidemócratas o/y delincuentes tal y como resume esta otra frase: “Este sistema no es una democracia, este sistema es una mafia”.
Por la sanidad y por todo lo demás
En la marea blanca del pasado domingo los grupos que acudieron no eran solo del sector sanitario, ni siquiera los temas que se denunciaban o reivindicaban estaban únicamente relacionados con la sanidad pública. La variedad de colectivos, ciudadanos y temas que allí concurrieron son de difícil ajuste con las palabras del consejero de Presidencia, Justicia y portavoz del Gobierno de la Comunidad de Madrid, Salvador Victoria, quien para descalificar la protesta ha declarado ante los medios que en la marea blanca solo hay manifestantes que defienden sus “intereses corporativos”. Por supuesto que a través de sus banderolas mostraron su presencia CSI-F, SATSE, AMYTS, CC OO y otros grupos pertenecientes a la organización convocante; aunque lo que más abundaba eran las pancartas con los nombres de los diferentes hospitales y centros de salud portadas por trabajadores y pacientes; en la mayor parte de ellas el lema era el mismo, el que se ha convertido en característico de esta protesta: “La sanidad pública no se vende, se defiende”. Asistieron tanto los defensores de los hospitales nuevos objeto de privatización como los de los más grandes y emblemáticos de la Comunidad de Madrid: Infanta Sofía, Infanta Cristina, Infanta Leonor, Henares, Tajo, Getafe, Cruz Roja, La Paz, Puerta de Hierro, La Princesa, Niño Jesús, Móstoles, Ramón y Cajal, Virgen de la Torre, Santa Cristina, etc. A lo largo de la marcha también se vieron ondear las banderolas de Izquierda Unida Madrid y Equo y las de otros colectivos políticos y sindicales minoritarios: Izquierda Anticapitalista, Corriente Roja, Co.bas (Comisiones de Base), Partido Castellano, Comité de Empresa UPS Vallecas. Las asociaciones vecinales y sociales, como otras tantas veces, formaron parte de la marea blanca, por ejemplo: Coordinadora de Asociaciones de Vecinos del Distrito de San Blas, Frente Cívico de Alcobendas y San Sebastián de los Reyes, Plataforma Ciudadana Zona Norte, Coordinadora 25-S, COGAM, Mayores del 15-M, la Plataforma de Inmigrantes (PIM) que llevaba una pancarta en la que se decía: “Llevamos un año sin sanidad universal. Exigimos derogación RDL 16/2012”.
Los temas de las consignas y pancartas, como ya se ha indicado, hacían referencia a la sanidad pública pero también a los derechos laborales, la educación, otros servicios públicos, las pensiones, el desempleo, la corrupción, la deuda, la pobreza. En cuanto a los temas sanitarios, en la marea blanca se rechaza la concepción de la sanidad como un negocio y en este sentido se escucharon y leyeron lemas como estos: “Fuera las empresas de la sanidad”; “No a la gestión privada en atención primaria”; “Burbuja hospitalaria. Privatización, no”; “¡Es un derecho, no un negocio!”; “Hospital privado, hospital robado”. Con la misma idea se dirigían las pancartas a Hima San Pablo, la empresa puertorriqueña cuyo presidente, Joaquín Rodríguez, en una entrevista en a la cadena SER admitió que le interesaba hacer turismo sanitario, de ahí que sobre una pancarta se vislumbre una playa idílica en la que un tiburón se come la sanidad pública mientras un buitre posa sobre una tabla de surf. En otra pancarta se leía: “Sanidad 100% pública. Hima S. Pablo, no te queremos”, y es que Rodríguez en esa misma entrevista declaró: “Ir a un sitio donde a uno no le quieren no es bueno”. Había pancartas que hacían alusión a conflictos laborales, como la de las limpiadoras del hospital de Getafe en la que denunciaban su situación: “Que nuestro grito sea vuestra vergüenza. Contra el despido de 64 interinas y contratadas del Hospital Universitario de Getafe”. Sobre los temas no estrictamente relacionados con la sanidad pública cabe mencionar el de las pensiones, como se vio en las camisetas y pancartas que exhibían los manifestantes de avanzada edad: “Los mayores en lucha por nuestros derechos: pensiones, sanidad, dependencia”; “15-M en defensa de nuestras pensiones”. La sanidad, la educación, otros servicios públicos y el empleo son temas que pueden aparecer juntos en varios lemas, por ejemplo: “No a los recortes y privatizaciones, Sí a la sanidad y los servicios públicos”; “¡Cómo no te voy a odiar, Mariano, si nos quitas el trabajo, la educación y la sanidad”. Una letrero pegado en la espalda de varios manifestantes mostraba su visión particular sobre el gran emblema de este Gobierno: “Marca España: pobreza, paro, suicidios, desahucios”. Al igual que en o tras recientes protestas se sigue rechazando la corrupción y exigiendo castigo para los que se considera culpables: “Los queremos en Soto del Real, como a Díaz Ferrán”. Los temas se extienden más allá de las propias fronteras y se pide la suspensión del pago de la deuda y la no dependencia de Alemania: “No queremos, no nos da la gana, ser una colonia de la banca alemana”. Sobre las autoridades gobernantes no hay simple desafecto, sino rechazo absoluto: “Pueblo de Madrid, movilízate, a estos sinvergüenzas párales los pies”; “Que se vayan, se vayan, se vayan / que se vayan de una puta vez, / que se vayan, se vayan, se vayan / que se vayan para no volver”. Todo esto viene a demostrar que una gran parte de la gente que se moviliza lo hace por una serie de temas o contra una política determinada, esto es, contra el conjunto de medidas que se toman con pretexto de la supuesta crisis y que, sin embargo, se considera que pertenecen a una ideología que solo salvaguarda los intereses de las élites económicas y financieras. Así pues, se puede decir que, como en otras movilizaciones de los últimos tres años, la marea blanca está aglutinando no solo a los defensores del sistema sanitario público, sino también a un creciente movimiento de resistencia más general.
Siempre pacífica y festiva
Algunos medios de comunicación y representantes políticos de la oposición han destacado de esta última marea blanca su carácter lúdico y alegre, y lo han achacado a la paralización del proceso privatizador ante los tribunales, pero en el ambiente de esta protesta no había nada especialmente diferenciador respecto a otras mareas precedentes, en otras palabas: la marea blanca siempre ha sido pacífica y festiva. Las orquestillas, las batucadas y la actuación de la Solfónica son ya habituales. La música y el baile son parte de las armas de este movimiento, que no faltaron siquiera en la pequeña concentración que tuvo lugar ante el Ministerio de Sanidad en pleno período vacacional, el 18 de agosto: La Solfónica fue elemento cohesivo y alentador en aquella protesta. En la marea de septiembre el ritmo lo marcaron los tambores hechos con papeleras boca abajo que suelen acompañar a las pancartas del hospital La Paz, también los equipos de sonido de los distintos colectivos que lo mismo inventaban cánticos para la ocasión que se lanzaban a entonar conocidas canciones protesta como el Canto a la Libertad de Labordeta. La Charanga de Palomeras Bajas animó a los que estaban en la parte trasera y consiguió que entrasen en Sol coreando “Sí se puede” y “El pueblo unido jamás será vencido” a ritmo de baile. Y, como es casi costumbre, al final de la marcha la Solfónica se situó a un lado de la “ballena” (entrada acristalada del tren de Cercanías) para entonar parte de su repertorio rodeada de gente. El ambiente de la marea blanca fue tan tranquilo que ni siquiera había furgones policiales¾como en otras ocasiones¾ tapando la fachada del Ministerio de Economía y Administraciones Públicas en la calle de Alcalá; tan solo cinco agentes uniformados estaban apostados en la puerta con el casco en la cintura.
La marea blanca del 23 de junio expulsa al MSR al grito de “Nazis fuera”
El carácter pacífico de la marea blanca no impide la contundencia con lo que no se debe tolerar de ninguna manera, sobre todo con los grupos que ellos consideranxenófobos o fascistas. En la pasada manifestación del 23 de junio, la de recorrido “inverso” (desde Sol a la Puerta de Alcalá), y en la que se tiraron por toda la Puerta del Sol las papeletas de la consulta a favor de la sanidad pública, hubo un incidente que poco ha sido relatado por los medios de comunicación masivos: varios jóvenes del MSR (Movimiento Social Republicano) se sumaron a la marcha con sus banderolas de fondo negro y banderas españolas rojigualdas. (En las movilizaciones de la resistencia madrileña solo se exhiben banderas españolas republicanas). A pesar de que los del MSR coreaban las consignas “Sanidad pública”, “Nuestra sanidad no se toca” o “El pueblo unido jamás será vencido”, la mayoría de las personas que estaban próximas a ellos no consentían su presencia y los gritos de “Fuera fachas” y “Vosotros, fascistas, sois los terroristas” fueron cada vez más intensos. A la altura de la estación de metro Sevilla un grupo de manifestantes enlazó sus manos para hacer una barrera que impidiese el enfrentamiento físico; aún así los ánimos se iban enfureciendo: “Esto se está calentando”; “Que se va a liar”. Las banderas republicanas acorralaban más de cerca a las rojigualdas, y ya era muy insistente el “Nazis fuera”. Por fin, cerca de la confluencia con la Gran Vía, la Policía Nacional rodeó a los del MSR y los sacó de la marcha. Desde la marea blanca aplaudieron, habían logrado echarlos sin que se desatara la violencia.
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domingo, 13 de junio de 2010

Pasos hacia el uso civil del Gómez Ulla, reivindicación de los vecinos de Carabanchel y Latina

El día once de junio la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, anunció que, tras reunirse el día anterior con la ministra de Defensa, Carme Chacón, “está más cerca” el acuerdo para el uso civil íntegro del Hospital Militar Gómez Ulla. Es una noticia que nos ofrece europapress.es y que la complementa con otra en la que se recogen las reacciones de las asociaciones vecinales de Carabanchel y Latina. Estos colectivos se alegran del acercamiento y dicen que llevan reclamando más de veinte años un hospital de gestión pública con capacidad suficiente para atender a la población de los dos distritos. Entre las reivindiaciones vecinales también está la construcción de un hospital en los terrenos de la antigua cárcel de Carabanchel, pero, si con el Gómez Ulla se asegura la atención sanitaria de todos los vecinos, piden que esos terrenos se destinen a equipamientos sociales. Ver noticias:



lunes, 10 de mayo de 2010

Vergonzoso récord : 51.974 pacientes en lista de espera quirúrgica

El siete de mayo elpais.com publicó una noticia con los últimos datos oficiales de la lista de espera quirúrgica en la Comunidad de Madrid: “a 31 de marzo había 51.947 personas esperando, un 2,5% más que el trimestre pasado (50.689)”. En el periódico lo califican de “récord histórico” e indican que “es el segundo trimestre consecutivo de récord”. En mi opinión, un récord vergonzoso. En la noticia también se dice que casi el 37% de pacientes rechazan ser operados en primera opción en una clínica concertada, ya que prefieren un centro público en el que van a tener que esperar hasta seis veces más. Creo que este dato deja entrever la alta valoración de la sanidad pública que tienen los pacientes madrileños.
 
El veinte de abril UGT también criticó esta tendencia a batir récords de la lista de espera quirúrgica en la Comunidad de Madrid, según una noticia que europapress.es publicó ese mismo día. Tanto en la información de elpais.com (mayo) como en la de europapress.es (abril) se proporcionan datos sobre los tres grupos en los que se encuadran a los pacientes pendientes de operación y sobre los millones de euros empleados para reducir las listas de espera que, según se deduce de los mencionados “récords”, no habrían servido para nada. Ver:

 
europapress.es: “Récord histórico”: 50.600 enfermos en lista de espera en Madrid

sábado, 3 de abril de 2010

La sanidad pública madrileña tras la marcha de Güemes, según "El País"

El diario El País ha publicado dos informaciones en las que se hace balance de la labor de Juan José Güemes tras abandonar su cargo de Consejero de Sanidad en la Comunidad de Madrid. La publicada el 19 de marzo remarca las características de su etapa, que principalmente son :

  • Un modelo de sanidad pública en el que se introduce el mercado a través de la gestión privada de hospitales y la externalización de pruebas clínicas y trabajos administrativos.
  • Una labor controvertida para diversos grupos e instituciones: sindicatos, partidos políticos, Defensor del Pueblo, Inspección de Trabajo, Colegio de Médicos, etc.
  • La Ley de Libre Elección y Área Única que no gusta a sindicatos, ni a opisición ni a profesionales.
elpais.com: Sanidad pública, gestión privada
La otra información es del 23 de marzo y en ella se hace recuento de las tareas realizadas y las pendientes, siendo estás últimas las que hereda el nuevo consejero de Sanidad, Javier Fernández-Lasquetty. Según las cuentas que echa el propio periódico, Lasquetty tendría que hacer ventiocho centros de salud y dos hospitales en catorce meses para cumplir las promesas electorales de Esperanza Aguirre. Todo ello con un importante recorte presupuestario. El diario elabora sus propias cuentas porque Sanidad no facilita información actualizada. Güemes ni siquiera aportó la lista de los centros de salud ya acabados.
elpais.com: Dos hospitales y la mitad de ambulatorios prometidos, en el aire
 
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Opinión
Después de leer estos datos no es de extrañar que al consejero Güemes no se le eche de menos. Entre las diversas opiniones, escojo la de La Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Madrid que recibe la noticia de su marcha con este comunicado:
Observatorio Sanitario de Madrid: Ante la dimisión del Consejero de Sanidad Güemes

martes, 16 de febrero de 2010

La gastroscopia sin aerosol


Después de cinco meses llega el día de realizar la endoscopia, luego llamada gastroscopia en el Infanta Sofía. La cita es a las cinco de la tarde. Hay que ir en ayunas o, como mínimo, ocho horas sin comer. Dice mi primo que ya las podían hacer por la mañana temprano como los análisis de sangre para, luego, poder comer o beber algo. "Lo malo no es no comer, sino no beber, ni agua". Así que vamos al Infanta Sofía, exploraciones funcionales, sala de espera tres. Hay otro paciente, mientras él entra, mi primo va firmando el protocolo para endoscopias -todos los papeles donde la enfermera ha marcado con una cruz-. Esperamos. El otro paciente sale con el rostro rojo y secándose las lágrimas. Nos miramos: "¡Qué mal rollo!"
Llega su turno. Por el pasillo la enfermera le dice que dura tres minutos. Puede dejar el chaquetón en el aseo. Hay una bata blanca con pequeños lunares azules y unos patucos verdes en una silla, pero no es necesario cambiarse. La enfermera le pregunta si lleva dentadura postiza y si tiene alergia. Después le indica que se tumbe en la camilla sobre su lado derecho. El médico está todo el tiempo de espalda mirando a la pantalla de un ordenador; mi primo aún no le ha visto la cara. La enfermera le coloca piernas, brazos y cabeza, mientras le dice que es una prueba desagradable pero no dolorosa. Según ella lo más importante es coger un "ritmo de respiración". Le pone en la boca un plástico duro y blanco con una circunferencia, un agujero. El médico se acerca pero bajan la luz. Mi primo asegura que, aunque lo tenía de frente, seguió sin verle la cara. Vio el endoscopio: un tubo negro con una luz en un extremo. Comienzan a introducirlo; ha de explorar esófago, estómago y duodeno. Al llegar a la garganta roza, duele. Fuerte sensación de ahogo. Cree que no puede respirar ni por la boca ni por la nariz. Mi primo coge el tubo con las dos manos y lo saca de un tirón. Tose. Siente la rozadura en la garganta. La enfermera: "¿Por qué te lo has sacado? Podías haberte rasgado algo". Mi primo piensa pero no lo dice: "Por instinto, no te jode. No da tiempo a pensar en efectos secundarios cuando te estás ahogando". No lo dice, no dice ni pío. Tampoco se disculpa, cree que no debe hacerlo. El doctor tampoco habla, quizá es mudo o una ensoñación. La enfermera conduce al paciente a la sala de espera. Mi primo deja de estar aturdido. No sabe cómo humedecer su garganta, su propia saliva no parece suficiente. La enfermera le dice que aguarde, coge el protocolo de otro paciente y se va. Le miro y pregunto:
-¿Qué tal?
-Mal, no lo he podido soportar.
Sale la enfermera con el diagnóstico y le dice:
-Sólo quedaba un minuto.
Mi primo piensa: "Lo que tú digas". Por fin habla con la enfermera:
-¿Para qué me han hecho firmar tantos papeles? En ellos pone que te sedan mediante un catéter...
-No, para una gastroscopia de tres minutos no se seda. Es que no has leído bien los papeles.
"Seguro. Ya se cuidan de que la redacción de los protocolos les proteja bien las espaldas". De nuevo lo piensa pero no lo dice. No lo quiere pagar con la enfermera, cree que ella no tiene la culpa ¿o sí? ¿Y el médico enigmático?
-Puedes pedir a tu médico la sedación total; conlleva riesgos. Algunas personas -añade la enfermera- lo hacen porque no lo soportan.
El paciente y su acompañante -primo y prima- se van. Porque esa es otra. En el protocolo se señala que el paciente abandonará el hospital acompañado de un adulto. ¿Para qué si sedado no va? ¿Por si muere ahogado? No sabemos leer.
Mi primo va recordando lo que le explicó su médico de cabecera. "Me dijo que echaban un spray para sedar la garganta. Sirve para tragar el tubo y disminuir las arcadas. Eso entedí." También recordó lo que le habían contado amigos que se habían hecho la prueba: a unos les habían dado un aerosol; a otros una pastilla para chupar. En el Infanta Sofía no dan nada.
-Es culpa mía. Soy un quejica. No aguanté lo suficiente.
-No te eches la culpa. Es que en la sanidad pública madrileña no gastan un céntimo en atender a los pacientes.
-Es verdad. Lo hacen a lo bruto -mi primo se desahoga-. Ni así se trata a los animales. Si lo aguantas bien y si no, te jodes. Para ser coherentes con la realidad deberían redactar un protocolo en el que quedase claro que hay que venir a hacerse la endoscopia con dos cojones.
-Vaya, salió a relucir ese símbolo de valor viril y machista.
-Lenguaje zafio, pero que todo el mundo entiende, que luego dicen que no interpretamos bien lo que leemos. Bueno, pues que en el protocolo de la gastroscopia ponga: "No apta para pusilánimes".
-Eso.


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viernes, 30 de octubre de 2009

Cinco meses o más para una endoscopia

En el hospital Infanta Sofía, ubicado en San Sebastián de los Reyes (norte de la comunidad de Madrid), durante este mes de octubre están dando citas para realizar las endoscopias en febrero. Así que mi primo tiene que esperar cinco meses o más para saber a qué se debe ese dolor de estómago que no le permite comer ni dormir. Cuenta mi primo que el dos de octubre, tras salir de la consulta de su médico, se dirgió al mostrador de su centro de salud para que le dieran cita. La persona que le atiende pide la cita al Infanta Sofía por ordenador o fax, no le queda claro. Después le dice que desde el propio hospital le llamarán a casa por teléfono para comunicarle la cita. Mi primo pregunta:
-¿Cuánto tardarán en llamar?
-No sé, pero si pasan más de quince o veinte días habría que preocuparse, tenga en cuenta que ese tiempo es sólo para comunicarle una fecha.


El ventidós de octubre -o sea, veinte días más tarde- mi primo aún no había recibido la llamada del hospital para la cita. Acudió a su centro de salud por si sabían algo. Le indicaron que no había llegado fax alguno con la respuesta y en el ordenador tampoco había novedad. La señora que le atiende en el mostrador asegura:
-Lo único que consta es que se ha enviado la petición de cita.
-Sí, pero ha pasado bastante tiempo. ¿Qué solución me dan?
-Si quiere le doy el teléfono del Infanta Sofía o vaya usted directamente al hospital.


"Querida prima, me lo temía. Ellos no van a trabajar para solucionarlo; tiene que currárselo el paciente". Así que mi primo se fue al hospital y se situó en la larga cola de espera ante el mostrador de admisión. Llegado su turno, explicó su caso. Respuesta:
-¡Uy! Para las endoscopias tardan más de un mes en llamar. No obstante, déjeme un momento los papeles.


La funcionaria, que tardó más de quince minutos en volver, le dice:
-Si usted no viene al hospital, esta petición de cita nunca hubiera llegado aquí. Ahora le llamarán.
-¿Cuándo telefonearán? -insiste mi primo. Sólo quiero saber el tiempo aproximado.
-No sé, ya le dije que para la endoscopia tardan más de un mes en llamarles a casa. Este mes están citando para hacer las endoscopias en febrero.


Mi primo, un poco pesado, vuelve a preguntar:
-Si llaman en octubre, me citarán en febrero; pero si llaman dentro de un mes -finales de noviembre o ya diciembre-, ¿para cuándo me citarán?
-No sé, pero seguro que, antes de hacer la endoscopia, le llamarán.
-¡Qué bien! Es de agradecer, más que nada porque para hacer una cosa de este tipo es preciso conocer cuándo hacerla. -Seguidamente a mi primo le entró una risa nerviosa.


Mi primo sale del hospital y va pensando en lo que puede suceder para febrero o marzo o abril. "Que el agujero de mi estómago me engulla, entonces no necesitaré la endoscopia; que me sienta bien, luego para qué pasar por la molesta endoscopia; que tenga un tumor enorme y me digan: ¿Por qué no ha venido antes?"

Aquí, la prima, que no sabía cómo consolarle, le envía un mensaje pelín pedante al sufrido paciente: "Querido primo, has vivido una situación kafkiana de ineficacia burocrática en la que se extraviaron tus datos. Te aseguraron que los habían enviado, pero no que llegaran a alguna parte. A la vez, como estamos en España, es también una situación de esas que Mariano José de Larra pinta en sus artículos costumbristas, ya sabes, sobre la pereza y dejación con que nos tratan, así nos estemos muriendo". Mi primo contesta: "Querida prima, no ha nacido genio literario, científico ni de otro tipo que desentrañe los entresijos de la burocracia en la sanidad pública madrileña". Sólo la elogian la presidenta de la Comunidad y su consejero de Sanidad, pero ellos la ven con los ojos del poder y, desde luego, no la sufren como nosotros, que somos unos primos, nada más que eso, un montón de primos embaucados fácilmente.


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