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domingo, 2 de marzo de 2014

Las recetas para la “crisis” subvierten el Estado de bienestar dando paso a un papá Estado para ricos

Después de la Segunda Guerra Mundial el Estado de bienestar se expande por los países democráticos de capitalismo avanzado para procurar compensar los efectos devastadores de la economía de mercado, es decir, la injusta situación en la que quedan los más desfavorecidos. El Estado se responsabiliza de garantizar un nivel de vida mínimo ¾como derecho social, no como beneficencia¾ a través de redistribuciones de renta y la provisión pública de servicios sociales universales (sanidad, educación, subsidios, vivienda…). Además, con los planteamientos de Keynes el Estado también intervendrá en la economía para intentar alcanzar el pleno empleo. Por un lado están los estudios que consideran que esta corrección que hace el Estado de bienestar del mercado autorregulado ha evitado conflictos sociales que hubieran puesto en peligro un sistema económico en el que unos pueden acumular riqueza y dominar, mientras que otros son fuerza de trabajo tratada como mercancía (Habermas, Offe). Por otro lado, la ideología neoconservadora culpará al Estado de bienestar ¾especialmente durante las crisis¾ de impedir la recuperación económica, del aumento del desempleo, del endeudamiento del Estado, etc. Los neoliberales preconizan un Estado mínimo, por tanto con pocos impuestos, en el que el mercado recupere su papel de regidor de la economía. En el lenguaje conservador popular se ha acuñado la expresión peyorativa “papá Estado” para rechazar o despreciar la actitud de todos aquellos que reclaman asistencia pública, acusándolos implícitamente de vagos o inútiles por no obtener recursos en el mercado para costear sus necesidades vitales; todo ello sin tener en cuenta las circunstancias personales ni sociales de los afectados, y dando por hecho que el mercado garantiza a todos por igual el logro de esos recursos.
Las recetas para la supuesta crisis económica actual están inspiradas en esta ideología neoconservadora, sin embargo no se limitan a disminuir el Estado de bienestar, sino que introducen aberraciones (desviaciones) a través del pago del rescate bancario y de las llamadas “externalizaciones” o “privatizaciones” de servicios asistenciales que lo subvierten de forma perversa: se adelgaza el Estado de bienestar para pobres al tiempo que se robustece el papá Estado para ricos, especialmente para bancos y empresas privadas. El dinero recaudado a través de impuestos que se destinaba al Estado de bienestar ya no servirá para corregir los estragos que produce el libre mercado entre los pobres, sino que irá a sufragar las fechorías de los bancos ¾otra cosa que corregir que no tiene que ver con el mercado sino con la irresponsabilidad e inmoralidad de las élites económicas¾. Por su parte, las “externalizaciones” o “privatizaciones”, por las cuales los servicios del Estado de bienestar los pasan a proporcionar empresas privadas pagadas con dinero público, redundan en la misma aberración: los impuestos de todos destinados al mantenimiento de las instituciones, profesionales y servicios del Estado de bienestar se desvían para unas empresas privadas que ya no se buscan la vida en el mercado compitiendo con otras para obtener beneficio, sino que mediante el proceso de “externalización” van a competir ¾a veces se sospecha que a “pseudocompetir”¾ con otras para ser las adjudicatarias, condición necesaria para poder lograr ganancias con fondos y patrimonio del propio Estado. Estas empresas privadas que sustentan normalmente la ideología neoconservadora¾las mismas que creen ciegamente en el libre mercado y que acusan a los pobres de acudir al Papá Estado cuando necesitan ayuda¾ no tienen reparos en nutrirse de las grandes ubres del Estado para sus propios negocios privados, esto es, para lucrarse sin tener que afrontar los riesgos que el mercado conlleva. (Hipocresía es pregonar una ideología y hacer lo contrario para sí mismas).
Incoherencia: más impuestos, menos Estado de bienestar
Tradicionalmente se ha relacionado el Estado de bienestar y los impuestos, de modo que para sostener un mayor gasto social se necesita recaudar más impuestos. La ideología neoconservadora que aboga por un estado mínimo también defiende una menor recaudación de impuestos. En la solución a la actual “crisis” los impuestos suben cada vez más, pero no van al Estado de bienestar para pobres sino al papá Estado para ricos (pagar rescate bancario, “externalizaciones”), de esta manera es prácticamente imposible que bajen los impuestos aunque el Estado de bienestar para pobres esté cada vez más escuálido. Dado que los portadores de la ideología neoconservadora únicamente siguen los postulados que les benefician y transgreden los que les perjudican, es previsible que solo bajen los impuestos que afecten a las empresas privadas o a las élites económicas ¾que además son las que tienen todo a su disposición para eludirlos¾, mientras que seguirán subiendo los impuestos que pagamos todos por igual, los que se cobran a través del consumo (por tanto, más carestía).
La duda
Estos cambios aberrantes quiebran la evolución histórica del Estado de bienestar y, de seguir así, además de acentuarse el conflicto social, ¿podrían abrirse paso graves problemas de legitimación? ¿Cuánto falta para ello?
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