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miércoles, 27 de noviembre de 2013

23N: “La sangre que tú donas, ellos la venden…” “¡Qué ‘desgraciaos’, les roban el dinero a los ‘jubilaos’!”

En algunas pancartas de la manifestación del 23 de noviembre, que comenzó a las 12 del mediodía en la glorieta de Atocha (plaza del Emperador Carlos V) y finalizó cerca de la Puerta de Alcalá, se atribuía a la clase dirigente, a los poderosos, a las élites políticas y económicas una degradación moral que suena extraña a la democracia y al propio respeto por lo más noble del ser humano. Una pancarta, sencilla en su texto, resultaba espeluznante en su contenido: “La sangre que tú donas, ellos la venden…Centro de Transfusiones de la Comunidad de Madrid”. También se vocearon consignas que incidían en esa ruina moral de los que mandan, como esta, referida a uno de los temas principales de la protesta, las pensiones: “¡Qué ‘desgraciaos’, les roban el dinero a los ‘jubilaos!” En estos mensajes no se apela a la justicia, a las leyes externas, a lo impuesto, sino a la moral: a lo que nos permite distinguir entre el bien y el mal, a algo íntimo, profundo, esencial. A esa clase dirigente se le achaca haberse asentado en la infamia, en una maldad sin límites en la que cabe lucrarse con la generosidad del altruista que dona parte de sí para salvar a otro, o con la fragilidad de la persona mayor que con mucho esfuerzo ha sacado adelante a su familia y a este país quedando ahora desamparado. Son mensajes que nos dicen que “ellos” están quebrantando lo más venerado, lo más respetado por todos nosotros. Esta diferencia entre “ellos” y “nosotros” queda bien remarcada en la primera frase: “ellos la venden…”, y “ellos” son los poderosos, esa ruin clase dirigente. En la segunda frase está omitido el sujeto “ellos”, pero se dice “roban el dinero de los ‘jubilaos’”; sabemos que no se refieren a cacos callejeros, sino a alguien muchísimo peor: “ellos”, los poderosos. El lenguaje empleado en estas frases es sencillo y el tono reposado. Ya no hace falta recurrir a la estridencia del grito ni al insulto iracundo. No se voceó “hijos de puta” como en otras ocasiones, sino que se les dice simplemente “desgraciaos”, palabra que es suficiente para recalcar la repugnancia que sus acciones causan al entendimiento.
Dos marchas, la misma lucha
Lucía el sol, pero hacía frío bajo los árboles del Paseo del Prado. El ambiente de la protesta fue distendido, pacífico, sin embargo, a pesar de ello y de la hermosa mañana de otoño, no se percibía una gran fiesta de la clase obrera. Las dos marchas que hubo en Madrid, a la misma hora y por el mismo asunto, evidenciaban ¾desgraciadamente y como tantas veces¾ que no acaba de cuajar lo de “El pueblo unido jamás será vencido”. La otra marcha partió desde la Plaza de España, recorrió la Gran Vía hasta llegar a Alcalá, donde giró a la izquierda para desembocar en la Puerta del Sol. Lo importante es que salió gente a la calle, que las arterias centrales de la ciudad fueron tomadas por los participantes de ambas marchas.
Los convocantes de la manifestación de Atocha‑Alcalá fueron la Cumbre Social de Madrid¾en la que están las centrales sindicales CCOO y UGT¾ y la Marea Ciudadana de Madrid. La manifestación que partió de Plaza de España a Sol fue convocada por el Tribunal Ciudadano de Justicia y asambleas populares del 15M. En la marcha de Atocha‑Alcalá la pancarta de cabecera fue portada por los trabajadores de la Limpieza de Madrid, los cuales protagonizaron unas duras jornadas de huelga y negociaciones la semana anterior, y por personas que vestían camisetas verdes (educción), blancas (sanidad), amarillas (justicia), naranjas (servicios sociales) y trabajadores de Telemadrid. Después, pero distanciados, en un segundo plano, iba un fuerte cordón de seguridad integrado por personas ataviadas con chalecos rojos de UGT y CCOO que rodeaba, entre otros, a los líderes sindicales Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo. Tras ellos avanzaban las grandes banderolas de estas centrales sindicales y de USO. Los lemas de ambas protestas eran similares en la forma, aunque no exactamente iguales en su contenido. La pancarta de cabecera de Atocha‑Alcalá decía: “Juicio a la banca. Salvemos lo público. Salvemos las pensiones. Salvemos a las personas”. La pancarta de cabecera de España‑Sol era: “Juicio a la banca. Salvemos lo público, las pensiones, a las personas”. La pancarta que portaban, junto a otros, los líderes de CCOO y UGT decía: “Defendamos lo público. Defendamos a las personas. Defendamos las pensiones”. Como se puede observar esta última proclama no incluye las palabras “Juicio a la banca”. El eslogan del Bloque Unitario ¾que caminó desde Plaza de España a Sol¾ era duro y acusador para las grandes centrales sindicales pues ponía las siglas de estas junto al Gobierno y a los empresarios: “Patronal-UGT-CCOO-Gobierno. Nos roban las pensiones, nos roban lo público”. No obstante, a pesar de todas estas diferencias y separaciones, había colectivos que estaban presentes en ambas manifestaciones; por ejemplo, Izquierda Anticapitalista acudió con un camión que transportaba a los animadores y al equipo de sonido a la marcha de Atocha‑Alcalá, pero sus banderolas de colores también se vieron avanzando hacia Sol. La masa no seguía a raja tabla la decisión de los convocantes de marchar separados, de modo que hacia la una y media de la tarde, acabada la manifestación de Atocha‑Alcalá, muchos de sus asistentes se encaminaron hacia la otra protesta, sumándose a ella en la confluencia de Gran Vía con Alcalá. La apelación a la unidad estuvo presente como tema principal en muchas consignas y pancartas: “¡Ni un paso atrás! Viva la unidad de la clase obrera. CJC. PCPE”; “Tsunami de mareas hasta derribar al Gobierno. Izquierda Anticapitalista”;”Hay motivos para luchar ¡juntos!”; “¡Unamos las luchas! Fuera Rajoy, Troika”; “Sí, sí, unidad, pero para luchar” (voz).
Más sectores afectados, más que se movilizan
La marea humana que invadió el centro de la capital con sus reivindicaciones en las dos marchas era tan variada que transmitía la idea de que cada vez son más los sectores laborales afectados y de que no se salva ningún grupo social que pertenezca a la clase trabajadora. Está tocado tanto el sector público (recortes, privatizaciones, repagos) como el privado (despidos, cierres); el que trabaja (precariedad) como el que está en paro; los jóvenes (desempleo, educación) como los mayores (pensiones). Entre una marcha y otra las calles se llenaron con personal de los centros de salud y los hospitales públicos; maestros, profesores y alumnos; bomberos, trabajadores del ferrocarril y de Iberia, de la limpieza, la construcción, el comercio, la hostelería; de la cultura y las televisiones públicas, incluso del Museo del Prado que exigían transparencia. Voceando “Estas son las manos que lavan la ropa” se hacían notar las trabajadoras de la Lavandería Hospitalaria Central, quienes tras la privatización sufrirán despidos y rebajas salariales. Había bastantes personas mayores entre los afectados por las Preferentes y sujetando las pancartas que reivindican las pensiones, la dependencia y la sanidad; hasta acudieron los que luchan contra la impunidad del franquismo. Se vivió en Madrid esa sensación de “somos muchos”, a pesar de la manipulación que el Partido Popular se trae con lo de la “mayoría silenciosa”. Esa sensación se vio reforzada por los nombres de los colectivos que exhibían sus pancartas y banderolas. En la protesta de Atocha‑Alcalá, aparte de las de los sindicatos ya mencionados, estaban las de Izquierda Unida, Equo, Plataforma sindical, Frente Cívico, Sindicato de Estudiantes, CJC, PCPE, CEPYP, ICADE. En la marcha de España-Sol: 15M, Tribunal Ciudadano de Justicia, ATTAC, Solidaridad Obrera, CGT, Coordinadora 25‑S, Green Peace, Stop Desahucios. Pero esto es solo una muestra de lo mucho que había, por banderolas que no fuese, ondeaba hasta la del Partido Animalista.
Dos temas van adquiriendo cada vez más importancia en las protestas: las pensiones y la represión. Por ejemplo, respecto al primero, de Atocha a Alcalá se vieron estas pancartas: “Pensionazo. Menos trabajo = menos pensión. USO”; “Contra los recortes en sanidad y pensiones. Jubilados y pensionistas del metal, construcción y afines”; “En defensa de: sanidad, pensiones y dependencia. CEPYP”; “Las pensiones no se tocan ¡No al pensionazo! Izquierda Anticapitalista”. “No a la reforma de las pensiones. Por el mantenimiento del poder adquisitivo de las pensiones. CC OO, UGT, Jubilados y Pensionistas”. El tema de la represión fue más denunciado desde Plaza de España a Sol y se centraba especialmente en la Ley de Seguridad Ciudadana, aunque casi no se la mencionó con ese nombre, sino que se la llamó “Ley mordaza”, “Ley anti protesta” o “Ley anti 15M”. Algunas pancartas: “Leyes contra protestas por los recortes ¡No!”; “Ley mordaza, Golpe del PP”; “Ley mordaza, dictadura descarada”.
“Fuera, fuera, fuera, de la Unión Europea”
Los manifestantes consideran responsables de toda esta destrucción de lo público y del saqueo generalizado a la patronal y, parcialmente, a los grandes sindicatos, a la banca y a dirigentes nacionales e internacionales. Se aludió especialmente a la banca: “Nos dicen en su tele, su tele / los recortes son buenos / ¿para quienes? / Coño, para los banqueros” (canción); “Los banqueros, que paguen los primeros” (voz); “Banqueros robando, jueces ayudando” (pancarta). Del ámbito más cercano se nombró a la alcaldesa de Madrid y al consejero de Sanidad del gobierno autonómico: “La Botella, al contenedor”; “Lasquetty, dimisión”. A nivel nacional se pidió una vez más la dimisión del Gobierno y se gritó “Rajoy, capullo, lo público no es tuyo”, y “De Guindos, sicario del Fondo Monetario”. La protesta traspasa las fronteras nacionales y se hace referencia a los líderes mundiales: “Merkel, Obama, atraco a mano armada”; “No se vende, no nos da la gana, ser una provincia de la banca alemana”. Un grupo de jóvenes mostraba un descontento extremo que a otros compañeros de protesta sorprendió, cantaban: “Fuera, fuera, fuera, de la Unión Europea”; “La Unión Europea nos explota y nos saquea. ¿Cuál es la solución? La salida de la Unión”.
Madrid será la tumba del fascismo”
En la marcha de Atocha-Alcalá al igual que en la de España-Sol se coreó ““Madrid será la tumba del fascismo”, frase emblemática que se oye mucho últimamente en las protestas y que evoca la resistencia de la ciudad en otros tiempos; pero también la desolación de estar siempre en la misma guerra.

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jueves, 27 de septiembre de 2012

25-S. Pidiendo democracia y huyendo de la policía como en la dictadura

La tarde era gris, de otoño y hacía algo de frío en Madrid para ser 25 de septiembre. Las personas que se concentraron en la plaza de Cánovas del Castillo ¾conocida como Neptuno por hallarse allí una fuente en honor del dios romano de las aguas¾, mirando a la Carrera de San Jerónimo ¾donde se ubica el Congreso de los Diputados¾, vestían ropas de abrigo (botas, cazadoras, bufandas) mezcladas aún con algunas prendas veraniegas (bermudas, camisetas de manga corta, sandalias). Algunos asistentes llevaban chubasquero, incluso paraguas, porque parecía que iba a llover. Iban pertrechados para las inclemencias climáticas de este puntual otoño, pero no llevaron nada para defenderse de la violencia policial. Los golpes, patadas y porrazos incidían directamente sobre sus cuerpos. La solidaridad y el arrojo de otros manifestantes que tiraban de ellos para arrancarlos de los brazos policiales evitaron que la escabechina fuese mayor. En este 25 de septiembre los ciudadanos que se concentraron mirando, aunque de lejos, al Congreso de los Diputados ¾institución donde supuestamente están los representantes del pueblo español¾ para exigir más democracia fueron brutalmente golpeados y tratados como súbditos, ganado o esclavos. La feroz actuación policial y las reacciones del gobierno del Partido Popular alabándola corroboran lo que los manifestantes sostienen: la supuesta democracia española de 2012 se comporta como una virulenta dictadura que no solo empobrece a su población, sino que también la reprime y vapulea.
“De tanto chorizo como hay, ha ‘venío’ el ‘perrío’”
La marcha desde Cibeles a Neptuno estaba convocada a las cinco y media; un recorrido muy corto a una hora muy temprana, así que la gente seguía bajando por el Paseo del Prado independientemente de la manifestación y de la hora. A las seis lo hacían principalmente por el bulevar y los carriles de bajada; por los de subida todavía rodaba el tráfico. En Neptuno los congregados se hallaban junto a las vallas azules que han puesto en la confluencia de la plaza con la Carrera de San Jerónimo. Después de esta masa humana “compacta” pegada a las vallas había más asistentes, algo más dispersos, por lo plaza de Cánovas del Castillo, tanto a un lado como a otro de la fuente del dios romano. Al norte de la fuente se ubicaban las unidades móviles de los medios audiovisuales, unos andamios y una grúa para captar buenas imágenes desde lo alto. Entre este equipamiento mediático y las zonas ajardinadas más cercanas a la fuente habían colocado unas vallas grises, parecía que para protegerlo, aunque los manifestantes se ubicaban muy próximos a las unidades móviles o, incluso, entre ellas. La fuente de Neptuno, de la cual en todo momento brotaba agua, estaba rodeada completamente por unas vallas de color granate. Se veían policías de pie tras las vallas azules que impedían el acceso a la Carrera de San Jerónimo. También había furgones de la Policía Nacional y agentes de pie en los carriles de bajada del Paseo del Prado y en torno a la fuente del dios del mar¾varias lecheras en dos filas por arriba de la fuente y varias lecheras en dos filas por abajo¾. Estos policías apostados junto a las lecheras que sitiaban la fuente llevaban el casco puesto. Había también un vehículo de la Policía Municipal mirando al poco tráfico que aún subía por el Paseo del Prado. El despliegue policial era asombroso y la gente lo comentaba en los corrillos. Habían visto también parejas de la Policía Nacional en las estaciones del tren de Cercanías o cerca del Ayuntamiento. Un hombre en tono castizo y jocoso, alzando la voz para que lo oigan más allá de su corrillo, suelta esto: “De tanto chorizo como hay, ha ‘venío’ el ‘perrío’”. A las siete menos veinte el tráfico de vehículos está ya cortado también en los carriles de subida del Paseo del Prado. Cada vez había más gente: el goteo de manifestantes no cesó hasta las nueve de la noche. Al principio los congregados eran de edades variadas: desde bebés hasta ancianos, aunque podría decirse que predominaba la gente de mediana edad. Con el paso de las horas ya no se veía público infantil, pero se añadieron muchísimos jóvenes.
Pequeñas banderas rojas o negras sin siglas, sin nada
Como en toda protesta los asistentes portaron banderas y pancartas, además de vocear sus consignas. En esta concentración ondearon varias banderas republicanas y los llegados de otras comunidades enarbolaron su respectiva bandera, como la de Aragón y la de Andalucía. También se pudo ver una bandera arcoíris y otra con la imagen del Che y su lema “Hasta la victoria siempre”. En la parte sur de la glorieta ondearon las banderolas con las siglas CNT/AIT. Sobre la cabeza de un pequeño grupo situado frente a la Carrera de San Jerónimo se veían unas banderas del tamaño de una servilleta, de un solo color, o rojo o negro, y sin siglas o emblema que identificase a algún colectivo. La tela estaba pegada a un mástil que parecía de madera. El número de ellas podría estar entre diez y quince. En cuanto a las pancartas, la mayor parte de ellas hacían alusión a la democracia y a los políticos, las referidas a los recortes del estado del bienestar eran las menos. Pancartas tan escuetas como “No” o “Así, no!” estaban junto a otras también muy breves pero más significativas, por ejemplo, en torno a la democracia: “Abrir un proceso constituyente!”; “Rescatar la democracia”; “Soberanía popular, ya!”; “Democracia económica”; “Libertad de expresión!”; “Antidemocrático golpe de estado, golpear al ciudadano”; “We demand democracy”; “Democracia de verdad”. Respecto a los políticos: “Dejadles salir, tienen que dimitir”; “Políticos, culpables!”; “”Políticos corruptos, sistema podrido”; No nos da para sogas, el que lleve una que levante la mano” ( frase acompañada con el dibujo de una horca con soga); “Aplastemos al Gobierno. No paguemos su deuda. En lucha. Anticapitalismo y revolución” (con el dibujo de un martillo sobre las siglas del PP).
Las consignas voceadas antes de los primeros incidentes con la policía fueron varias veces repetidas pero limitadas: “Dimisión”; “Fuera”; “Que no, que no, que no nos representan”; “Oé, oé, oé lo llaman democracia y no lo es”. La masa apenas cantaba; el ambiente no era festivo, sino de expectación. No obstante, algunos grupos aislados intentaron divertir a la concurrencia. Por ejemplo, cuando pasaba el helicóptero sobre sus cabezas coreaban: “Ito, ito, ito, que se caiga el pajarito”; “Eso, eso, eso, que se caiga en el Congreso”. Un grupito de mujeres con altavoz iban cantando (con la música de “Obí, obá, cada día te quiero más”): “Botín, Rajoy, cada día me roba más…” También sacó unas risas al personal la charla de un hombre que logró ubicarse con una furgoneta en un carril de subida del Paseo del Prado; llevaba megáfono y un cartel sobre el vehículo que entre otras cosas decía: “Atropellado por la justicia alemana, francesa y española”. En otro grupo una mujer joven con altavoz pronunciaba un discurso ecologista. Así transcurría el tiempo, de corro en corro, con gente moviéndose de aquí para allá, hasta que a las siete de la tarde suena un estruendo de silbatos, carracas y gritos. Se oye “Hijos de puta” y “Esto nos pasa con un Gobierno facha”; después, muy fuerte por toda la plaza: “¡Gobierno, dimisión!”. Desde el fondo de la plaza una ambulancia del Samur se abre paso entre la muchedumbre, todo hace pensar que lleva heridos.
Primera avalancha. “¡Parad, parad, que no pasa nada!”
A las siete y diez llega a Neptuno una marcha con la siguiente pancarta en cabecera: “Que se vayan todos”. No se detiene en la plaza sino que continúa hacia abajo; la mayoría de la gente no se une a ellos. Al contrario, los participantes en la concentración cogen sitio en la plaza de Cánovas del Castillo y ya son tantos que la rebasan. Esto hace que haya gente apostada en la acera donde está el Museo del Prado, en la acera donde está el Hotel Ritz y por Felipe IV arriba, que es la calle que separa a ambos insignes edificios. Los manifestantes del norte de Neptuno aguardan sentados en los bancos y el césped del bulevar o, de pie, cerca del palacio de Villahermosa, donde hay una ristra de furgones policiales. Al sur de la fuente, en el bulevar hay dos puestos de banderas y suvenires y más adentro se halla gente descansando bajo la oscuridad de la arboleda. Algunos aprovechan para merendar; otros, hasta para orinar, como dos individuos que lo hicieron de cara a los setos. Un joven sobre una bandera larga y estrecha que está en el suelo escribe: “Mariano, hijo puta. Policía asesina”. En estos carriles de bajada al sur de Neptuno no se ven lecheras de la policía cerca y los congregados charlan relajados en diferentes grupos. Sin embargo, a las ocho la gente se desplaza hacia la derecha, hacia los carriles de subida, chillando: “¡Hijos de puta!”. Sube un furgón policial y la gente continúa voceando: “¡Menos policía, más educación!”. Ya en la plaza se produce una avalancha: la gente corre hacia abajo por los carriles de subida del Paseo del Prado. Un hombre de frente a los que corren ordena a gritos: “¡Parad, parad, que no pasa nada!”. La turba cesa. Ahora también hay lecheras en los carriles de subida del Paseo del Prado, por encima de Neptuno, de ahí que la gente huyese hacia abajo. Se está haciendo de noche y se encienden las farolas. De las sirenas de las lecheras también sale la típica luz de color azul. Los manifestantes vuelven a sus corrillos y comentan los incidentes, lo que han visto, lo que les han contado, que si “una chica con toda la espalda roja”. Son las ocho y cuarto y la tensa espera es de nuevo interrumpida por la marcha que antes bajó por el paseo y ahora regresa; dicen: “Nos movemos”; “Eo, eo, vamos de paseo”. Otro grupo más ameniza la tarde, pero estos son realmente llamativos: van vestidos con harapos mugrientos de pies a cabeza y cantan “Yo soy español, español, español”.
Segunda y tercera avalancha. “Papá, ¿dónde estás, papá?”
A las nueve menos cuarto un buen número de asistentes enlazan sus manos formando una cadena humana. Salen desde el interior de la plaza hacia arriba, por un carril de subida del Paseo del Prado. La cadena se extiende y se extiende mientras sus integrantes corean: “Eso, eso, eso, rodeamos el Congreso”; “El próximo parado que sea un diputado”, “Sí se puede”. La cadena se estira y desde ella algunos pueden mirar casi cara a cara a los antidisturbios que están de pie junto a las lecheras ubicadas en estos carriles de subida. Gritan: “¡No nos mires, únete!”; “¡Échale cojones, que nos faltan eslabones!”. Los policías llevan puesto el casco y algunos llevan escudo. Uno de los furgones policiales hace maniobras para subir hacia arriba. Mientras las realiza da marcha atrás hasta casi rozar a los integrantes de la cadena. Gira y sube. Hay profesionales y manifestantes que lo están grabando y fotografiando. La cadena se suelta y aplaude. Desde el interior de la plaza se oyen petardos o disparos, sea lo que sea, la gente por todas partes vuelve a decir “Dimisión” y “El pueblo unido jamás será vencido”. Aumenta el ruido y con él viene la segunda avalancha. Una chica desde su megáfono suplica: “¡No corráis, que somos muchos!”. La multitud se calma, pero solo unos segundos. Llega la tercera avalancha y la gente corre más deprisa y durante más tiempo. Huyen por todas partes. Un lugar despejado de furgones policiales es la calle Felipe IV. Son las nueve de la noche y desde esta calle se escuchan perfectamente los disparos. Una mujer exclama: “¡Están cargando!”. Los huidos por Felipe IV se paran, se dan la vuelta mirando a Neptuno y aguardan acontecimientos. Pero pocos segundos después la turba se mueve y hay que seguir corriendo hacia arriba. Otra vez se paran, se dan la vuelta y oyen un rumor: “El pueblo unido jamás será vencido”. Los allí parados se unen y lo vocean también. Después, otra voz se aproxima y los allí parados de nuevo contribuyen a propagarla: “Hijos de puta, hijos de puta…” Desde un hotel los curiosos salen a la puerta. La calma no dura nada, no hay lugar para contemplaciones, hay que seguir corriendo. Un chaval avisa: “¡Por la izquierda hay policía!”. La gente que va para un lado se cruza con la que va para otro. La confusión y el pánico son tremendos. Una muchacha corre mirando para detrás: “Papá ¿dónde estás, papá?” La mayor parte de los huidos entran por la derecha en la calle Ruiz de Alarcón; al poco tiempo dejan de correr y van caminando. Pero el reposo es muy breve, viene gente corriendo y los que pasean se ponen nerviosos y corren también. Los huidos se acaban dispersando por los callejones. Al cabo de un rato muchos de ellos se reencuentran en Alfonso XII, calle ya límite con el Retiro. Por el móvil dan noticias de cómo se encuentran. A lo lejos se siguen oyendo las cargas policiales. Una chica se ha puesto la bandera republicana a modo de bufanda; hace algo de frío. Algunos nos dirigimos a la estación de Atocha para coger el tren de Cercanías y regresar a casa. No imaginábamos que en aquel vestíbulo y en aquellos andenes más tarde se desataría la locura. ¿Cómo pudieron todos aquellos policías perder de aquel modo la cabeza? Bueno, tampoco fue tan raro, llevaban haciéndolo toda la noche con la complacencia ¾hasta el aplauso¾ de sus jefes.
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