miércoles, 20 de junio de 2012

“A por Bankia, oé”

Días de fútbol y días de protestas. El dieciséis de junio a las siete de la tarde, la manifestación convocada por el 15M bajo el lema “Rescatemos personas, desahuciemos banqueros” recorrió la calle de Bravo Murillo ¾desde Cuatro Caminos¾ en dirección a la plaza de Castilla y acabó frente a una de las Torres Kio, la que en su parte alta luce el logotipo de Bankia. La marcha transcurrió pacíficamente y en un ambiente festivo, a pesar de que a su término hubo un detenido por empujar a un policía, incidente muy destacado por el periodismo dominante. Los asistentes al llegar a la Plaza de Castilla entonaron, aprovechando la euforia futbolística de estos días de Eurocopa, “A por Bankia, oé”, y lo alternaron con “A por ellos, oé”, pero no se referían precisamente a los rivales en el terreno deportivo. En la manifestación “no autorizada”, como se encargan de repetir hasta la saciedad los medios masivos de comunicación, se vieron pancartas de varias asambleas populares del 15M y de otros colectivos vinculados o no al movimiento, a saber: Yay@sflautas Madrid, Adicae, Izquierda Anticapitalista, Plataforma Auditoria Ciudadana de la Deuda, Tribunal Ciudadano de Justicia 15M.
En algunos balcones de la calle de Bravo Murillo se exhibían las banderas rojas y amarillas para apoyar a la selección española de fútbol, pero en la marcha ondeaban las banderas republicanas, las de Grecia, una de Asturias y otras piratas; estas últimas de color negro, con sus calaveras, tenían escrita la palabra “Bankeros”. La pancarta con el eslogan de la marcha no siempre iba en cabeza, por ejemplo, a la Plaza de Castilla llegaron en esa posición estas cuatro: “Ni un € de dinero público. Dación en pago. Alquiler social”; “Bankia, usura y corrupción. Condonación”; “40.000.000.000 € Estafa Madrid”; y otra con el dibujo de un oso ¾como el del emblema de Caja Madrid¾ engullendo casas. La dación en pago y la finalización de los desahucios fueron reivindicaciones principales; a gritos se decía: “¡Basta ya, ni un desahucio más!”; “El próximo desahucio será en la Zarzuela”; “Un desalojo, otra ocupación”; “¡Basta ya de ejecución hipotecaria!” Bastantes pancartas, portadas por personas mayores, hacían referencia a las participaciones preferentes: “Si hay dinero para Rato ¿por qué no lo hay para los afectados por las Preferentes?”; “Bankia, ladrones, devuelvan nuestros ahorros P. Preferentes C. M. 2009”; “La Caixa estafa con las Participaciones Preferentes”; “Preferentes Bankia Estafa”.
Durante la manifestación se pudieron leer pancartas y oír cánticos que traducían los eufemismos y engaños que mediante el lenguaje los poderosos quieren imponer en su intento burdo de manipulación. A lo que ellos denominan “rescate”, los manifestantes llaman “saqueo”, “robo”, atraco”. Pancartas: “Rescate bancario = Robo ciudadano”; “Rescate banca = Atraco social. 15M Rivas”; “Mafiocracia”; “Otro golpe de Estado, pero esta vez del poder financiero a la población”; “Dictadura bancos, no”. Voces: “Manos arriba, esto es un rescate”; “Rescatan a banqueros, despiden al obrero”. En consecuencia, a los responsables se les llamó “ladrones” y se pidió justicia. Junto al clásico eslogan del 15M “No hay pan pa’ tanto chorizo” se pronunciaron los siguientes: “Tenemos la solución, los banqueros a prisión; “Rato, cabrón, al paredón”; “Sí, sí, sí, la deuda que la pague el FMI”; “Que no falta dinero, sobran ladrones”; “Banquero, recuerda, tenemos una cuerda”. Emulando la letra de una canción infantil en una pancarta se leía: “Al pasar por Bankia me dijo el banquero ‘de aquí los corruptos roban tu dinero’. No soy corrupta ni lo quiero ser, tú irás a la cárcel y Rato también”. Pancartas más breves: “Bankia calló, cayó, caerá el PP”; “Bankia al banquillo, Rajoy, al paro”; “Robo pa’ Rato”; “AlibaBankia y los 40 ladrones”. Precisamente este personaje literario se convirtió en protagonista cada vez que la marcha alcanzaba la altura de cualquier sucursal bancaria, pues la gente gritaba: “Ahí está la cueva de Alí Babá”. Sucursales bancarias cuyos cristales, paredes y cajeros acabaron forrados con pegatinas y carteles con consignas de la manifestación, por ejemplo, “El Día de la Bestia”, o con avisos como este: “Precaución con este banco, sus ahorros pueden estar en peligro. No hace falta decir que el enfado aumentaba si la sucursal era de Caja Madrid.
“Ladrones”, “Estafadores”, “Hijos de puta”, “Fuera”
En el cruce de Bravo Murillo con la Plaza de Castilla los asistentes, a su paso por los juzgados, exclamaron: “Los banqueros robando, los jueces ayudando”. Más adentrados en la plaza, el ruido y el tono de voz se eleva aún más para corear “A por ellos, óe”, “A por Bankia, oé”. Algunos fotógrafos se han subido a esa especie de pedestal que conforma la gran glorieta de la Plaza de Castilla y en el que se ubica el Monumento de la Caja, más conocido como el “Obelisco de Calatrava”. Mientras la multitud bordea en su recorrido la glorieta, más fotógrafos y participantes se suben a la plataforma del “obelisco”. De camino a la torre de Bankia la gente sigue gritando sus consignas, por ejemplo, “Urdangarin, a la cárcel con Botín”. Nada más llegar a la acera hay un fuerte cordón policial que impide acercarse al edificio. El ruido se intensifica. La muchedumbre comienza a tocar todo lo que ha llevado para hacerse oír: se trata de la cacerolada acompañada de tambores, silbatos, vuvuzelas, botellas de plástico llenas de piedrecitas, pitidos. El estruendo es ensordecedor, los que se han colocado junto a las vallas publicitarias que bordean las aceras del intercambiador de transportes han empezado a dar golpes con las manos y los pies sobre el metal de esas vallas; su único fin es provocar más ruido. Además, la gente grita y señala con el dedo a lo alto del edificio: “Arriba está la cueva de Alí BaBá”. Otra vez exclaman: “Tenemos la solución, lo banqueros a prisión”. Pero quieren que se note más su indignación o cabreo y empiezan a vocear repetidamente: “Culpables, culpables…”; “Ladrones, ladrones…”; “Estafadores, estafadores…”; “Hijos de puta, hijos de puta…”; “Fuera, fuera…” Los subidos al pedestal de la costosa horterada de Calatrava están también mirando para la torre de Bankia, parece como si hubiesen tomado posición desde la ladera de una pequeña montaña. Han desplegado una pancarta en inglés para que se entere el mundo: “Money kills”. Siguen haciendo fotos a los que están en la calzada, y los que están en la calzada se las hacen a ellos.
“¿Dónde está el número de placa?”
En la acera donde se sitúa la torre de Bankia hay una marquesina y, hacia adentro, unos bolardos antes de llegar al edificio. Justo al pie de estos bolardos, por el interior, se ha colocado el cordón policial formado por agentes que llevan chaleco y casco. Pues hasta el mismo cordón policial, rozándolo, han llegado los manifestantes, situándose a un lado y a otro de la marquesina. Tanto a la izquierda como a la derecha de la torre de Bankia hay furgones de la Policía Nacional. Todavía resplandecía el sol cuando un gran número de personas se desplazó hacia arriba, por encima de la marquesina. Gritaban y se agolpaban frente al cordón policial. Una señora preguntó a los que tenía más próximos: “¿Han detenido a alguien?” Después añadió: “Ninguno de esos que están ahí lleva visible el número de placa. Es ilegal. ¿Dónde está la prensa?” Tras el revuelo, la calma. La permanencia ante la torre de Bankia fue de casi una hora durante la cual el ruido y los cánticos iban disminuyendo según los congregados se dispersaban. En la glorieta, al haber menos gente, los policías van aproximándose con las lecheras: cinco furgones flanquean la glorieta por el sur y otros cinco por el norte. Los agentes a pie, parados junto a los vehículos, no llevan el chaleco puesto, visten gorras aunque el casco lo llevan pendiendo de la cintura. Con el tiempo se van añadiendo dos automóviles de la Policía Nacional que se sitúan en el sur de la glorieta, junto a los furgones. Cerca de las diez de la noche, muchos de los allí reunidos corrieron para el otro lado de la marquesina, esta vez hacia abajo. Se arriman al cordón policial y a pleno pulmón gritan: “¿Dónde está el número de placa?” Algunas botellas de plástico vacías vuelan sobre las cabezas. Los manifestantes cuando hay incidentes con la policía no huyen, al contrario, se amontonan junto a los agentes, cara a cara, y los increpan: “Vergüenza me daría ser policía”; “Aquí está el fracaso escolar”; “Que no, que no, que no tenemos miedo”.
“Madrid obrero apoya a los mineros”
A lo largo de la manifestación afloraron diversos temas: se volvió a protestar contra los recortes en sanidad y educación, se rechazó la reforma laboral y se apeló a otra huelga general. Los asistentes se acordaron del pueblo griego y les ofrecieron su apoyo: “Solidaridad con el pueblo griego”; “Grecia, España, les vamos a dar caña”. Y, por supuesto, se corearon consignas que reconfortan y animan en la lucha de clases del tipo “El pueblo unido jamás será vencido” o “¡Viva la lucha de la clase obrera!”. Especialmente se alzó la voz a favor de los mineros que están realizando jornadas de huelga y protestas en las cuencas de Asturias, León y Aragón; se dijo: “Madrid obrero apoya a los mineros”. Hacia la mitad de la marcha un grupo numeroso de hombres de distintas edades con el puño en alto entonaron la canción En el pozo María Luisa. Por la parte delantera de la manifestación, que es donde se ubicaban, se hizo el silencio para escuchar con respeto y admiración una melodía popular y un mensaje de compañerismo y dolor: “En el pozo María Luisa / tranlaralará, tranlará, tranlará / murieron cuatro mineros. / Mira, mira Maruxina, mira, / mira como vengo yo. /Murieron cuatro mineros. / Mira, mira Maruxina, mira, / mira como vengo yo. / Traigo la camisa roja / tranlaralará, tranlará, tranlará / Mira, mira Maruxina, mira, / mira como vengo yo. / De sangre de un compañero…” Acabada la canción, a la altura de Sor Ángela de la Cruz, sonó otro petardazo, el cual fue seguido de algunos aplausos, como cada vez que se quería hacer patente la solidaridad con los mineros.
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